Erick Fajardo Pozo

Mito de gobierno y excepcionalidad en la era post-Trump

viernes, 5 de febrero de 2021 · 05:08

La protesta social derivada en rebalse e irrupción de iracundos conservadores en el Capitolio, re-encuadrada y etiquetada globalmente por CNN como “terrorismo doméstico” o “intento de autogolpe”, se ha convertido en el eje del mito de gobierno y la comunicación gubernamental de la administración del presidente Joe Biden.

Un mito de gobierno es consustancial al encuadre discursivo o reparto de roles en la historia que decide contar el ganador de una contienda. Para el War Room de Biden, que ha recontextualizado e hipersimbolizado convenientemente la luctuosa jornada del 6 de enero de 2021, hasta volverla hilo conductor de su narrativa constitutiva, queda claro que el título de su puesta en escena será “Democracia vejada”.

Esa es su verdad esencial, el “hecho absoluto” que justificará las acciones e inacciones de la administración Biden en un escenario de crisis complejo y adverso, caracterizado por un deterioro del sistema de representación bipartidario adjudicado a su Némesis conservador pero que en los hechos tiene origen en un distanciamiento entre representación política y constituyentes que precede en siglos a Donald Trump y la insólita irrupción en el Congreso de republicanos originalmente congregados para repudiar a sus legisladores.

No es poca cosa. En una sociedad cuya percepción de la realidad ha sido moldeada sobre una lógica cartesiano-binaria, que imagina el mundo en blanco y negro – además de parcelado en compartimentos impermeables uno de otro –, quien detenta la verdad tiene la razón pero además “causa justa” para asumir cualquier decisión de gobierno, aún la más extrema, en defensa de la estabilidad de su administración, la seguridad interna o la democracia asediada.

Así, en una América que existe en el limbo entre la ética protestante y la lógica booleana, la verdad es dogma; una esencia que trasciende toda constatación científica o cuestionamiento. Y cuando el dogma es parábola oficial y los medios su clero, éste se convierte en licencia para censurar, espiar y suprimir a los enemigos del estado apelando a ese “correlato entre soberanía y excepción” que Achille Mbembe advertía que legitimó la supresión de libertades civiles y la instalación de un régimen de excepcionalidad normalizada en EEUU tras los ataques del 9/11.

El establishment norteamericano – complejo andamiaje constituido por las minorías oligárquicas, sus elites productoras de cultura y el sistema político bipartisano –, ha producido un mito de gobierno que reduce la complejidad de la realidad a una verdad binaria: Demócratas vs. Sediciosos mientras el encuadre de la media comprime la antítesis de esa verdad binaria en una tendencia o hashtag: “La insurrección Trump”.

Por contraste, quienes estudiamos la comunicación política sabemos que ostentar la verdad es una pretensión ingenua pre-medieval, pues la verdad es una entelequia aristotélica. Como máximo la media puede aspirar a reelaborar y dar cuenta de los acontecimientos, en el mejor de los casos desde una perspectiva amplia, y aun así, siempre parcial e incapaz de contener la realidad en su compleja totalidad.

La verdad, los argumentos y las evidencias son construcciones sociales, sanciona desde una visión kuhntiana Andrew Valls (Valls, 1996), mientras que Mario Riorda, en “Los mitos de gobierno, una visión desde la comunicación gubernamental”, dirá que “la realidad es un producto social construido por el lenguaje (…) parte de la retórica que utilizan los presidentes para justificar sus acciones e inacciones, es decir su creación de la realidad que sustenta su objetivo político” (Riorda, 2006).

Para poner lo de Valls y Riorda en lenguaje estándar: la verdad es un producto de la retórica mediático-política, o de la comunicación gubernamental, una construcción discursiva, no una reliquia que separa a santos de apóstatas.

En lo que hace al establishment y su verdad, esto convierte a CNN en una curia y al mito de gobierno de Biden en el evangelio apócrifo de un dogma milenario: “Estamos con la verdad. Al frente: sus enemigos”.

Las acciones incrementales de esa estrategia al parecer serán sostener el clima de paranoia y judicialización. Atendamos a la masiva militarización de Washington en prolegómenos de Inauguration Day, las detenciones al azar de ciudadanos circulando en el perímetro del evento en los días previos o la demanda de la directiva Demócrata de instalar una comisión especial bipartidaria, estilo 9-11, cuyo fin es desalentar toda disidencia civil y poner a los legisladores trumpistas “en capilla”, bajo riesgo de ser hallados cómplices en el “ultraje a la democracia”.

“Cuando hace a la ciencia – decía un emérito profesor de GWU –, la verdad es como la estrella de los reyes magos o la piedra filosofal, y su búsqueda resulta el equivalente a perseguirnos la cola”. La verdad es una preocupación teológica, no científica, lo que dice mucho sobre la naturaleza del periodismo en EEUU.

Erick Fajardo Pozo es master en comunicación política y gobernanza por la GWU.

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