Rodrigo Muñoz Reyes P.

Empezó la cacería de brujas

miércoles, 17 de marzo de 2021 · 05:07

Las últimas elecciones subnacionales 2021 en Bolivia arrojaron resultados concluyentes. La derrota del MAS en capitales del eje central, el Alto y otras ciudades importantes es para muchos sorprendente, y para otros, incomprensible. Un desastre político impensado por propios y extraños a Morales. En particular, cuando a fines del año pasado, el MAS -sin Morales- arrasó ampliamente a una oposición fraccionada y errática.

Con este escenario, en la madrugada del último sábado, el Gobierno detuvo y secuestró a la expresidenta Jeaninne Añez, dos ex ministros, y oficiales del Ejército y Policía, bajo acusaciones de un supuesto golpe de estado en noviembre 2018. El gobierno actúa violando derechos constitucionales de los imputados, en franca transgresión a normas básicas de un Estado de Derecho.

La arremetida del régimen, delineada para “mostrar justicia”, es una evidente venganza que amenaza a líderes opositores y amedrentamiento para acallar a la población. El cálculo político les dijo que no convenía hacerlo antes de las elecciones, pues podría ayudar a la expresidenta a ganar la Gobernación del Beni.

El régimen empieza a ejecutar una operación "control de daño" con rapidez y prepotencia, pero también con miopía improvisada. Lo hacen porque necesitan distraer al frente domestico que no termina de entender las decisiones centralizadas por el Jefazo y su círculo íntimo. Además, Arce y Morales también tienen otra gran presión en el horizonte. Deben explicar y justificar ante los "accionistas" del foro de São Paulo y Puebla este gran fracaso en las subnacionales. Fracaso debido no precisamente por virtudes de las fuerzas opositoras, sino por caprichos del Jefazo y “dedazos” en la elección de candidatos.

Hoy, a cuatro meses del triunfo del MAS en las nacionales, -importante símbolo para la rearticulación del populismo en Latinoamérica-, Morales está en serios problemas para justificar lo injustificable. No existen argumentos creíbles para explicar el fracaso frente a candidatos emergentes como Arias y Camacho o el retorno histórico de Reyes Villa en el eje central, todos actores victoriosos salidos de las ruinas de una oposición débil y fraccionada. Y mucho peor aún, no pueden explicar la vergonzosa derrota en el Alto, principal bastión del MAS en las nacionales. Son incapaces de justificar el alejamiento de Eva Copa, sin duda la candidata estrella del masismo, joven mujer aimara con un enorme capital de legitimidad, quien fue inexplicablemente echada del partido, sólo por haber mostrado cualidades que opacan la imagen del Jefazo.

Así mismo, senadores oficialistas que representan el poder cocalero, y otros dirigentes de “movimientos sociales" afines, pretenden legitimar el ilegal atropello del régimen repitiendo el cuento de un golpe de estado inexistente y negando la sucesión constitucional, avalada por el Parlamento controlado por su propio partido. Así, Morales y Arce tienen menor costo político. Es fácil y cobarde ocultarse tras la cortina de humo con el pretexto: "las detenciones son acciones independientes del poder judicial".

En consecuencia, es preciso entender estas acciones ilegales y antidemocráticas no solamente como sórdido revanchismo político y abuso de poder, sino como una desesperada necesidad de esconder su evidente debilidad y frenar divisiones y pugnas internas. El poder hegemónico de Morales empezó a ser cuestionado por otras facciones del partido y líderes de regiones no cocaleras, que se sienten excluidos, utilizados y discriminados. 

La cacería de brujas comenzó hoy con figuras públicas visibles para amedrentar a la población. No dudemos que, sin resistencia activa y organizada, mañana muchos otros defensores de la democracia serán perseguidos, detenidos y encarcelados. Entonces el camino estará allanado y la sociedad civil y el país serán  secuestrados. ¿Acaso no conocemos esa receta aplicada en la patria de Bolívar? 

Rodrigo Muñoz Reyes P., es antropólogo y ciudadano boliviano

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