Juan Antonio Morales

La presidente por accidente

jueves, 18 de marzo de 2021 · 05:07

La presidente Añez hacía  pensar en la serie de Netflix Sucesor designado, que algunos prefieren llamar “Presidente por accidente”. Rota la línea de sucesión presidencial por la salida del presidente, el vice-presidente y los presidentes de las cámaras legislativas, se había creado un vacío de poder, tanto o más peligroso que el país estaba convulsionado. Jeanine Añez fue designada Presidente, tal vez forzando un poco la Constitución y empleando algunas ambiguas sentencias constitucionales. No había otra solución, dada la situación  del momento. Los economistas la llamaríamos solución de segundo mejor. 

La acusación de que su presidencia resultó de un golpe de Estado tiene que ser probada. La han usado  los masistas y sus  panegiristas, incluyendo a presidentes desorejados del vecindario, a periodistas de la gran prensa internacional  que debían saber mejor, y a algunos “dearprofessors” de universidades prestigiosas y también de universidades especializadas en agricultura e ingenierías, en las que el departamento de ciencia política es tan sólo un colgajo. 

Para ellos  se tiene  preguntas simples,  cuando Morales y García Linera fueron desalojados por las manifestaciones pacíficas en las calles ¿por qué el MAS, por voluntad propia, rompió la línea de sucesión presidencial? ¿Es golpe de Estado cuando  un Congreso dominado por la oposición siguió funcionando normalmente y ejerciendo  su contrapeso, al punto de que fuera  percibido como un gobierno paralelo?

Los primeros días de la Presidente Añez fueron extraordinariamente difíciles y ella los manejó bien. Lo ocurrido en Sacaba y Senkata merece una investigación seria y completa, que tome en cuenta todos los hechos y las opiniones de todas las partes, así como  el contexto en el que vivía el país. La violencia de la noche del 10 de noviembre 2019 había dejado mucho temor en las ciudades, las que clamaban por medidas que las defendieran. Se tenía miedo de las manifestaciones violentas, además de ataques a vidas y propiedades. Mientras no se tenga el informe la GIEI-CIDH es prematuro sacar cualquier conclusión y menos aún emitir una acusación.

La Presidente Añez tenía  un claro y solo mandato que era conducir el país a las elecciones. Con razón se la puede criticar por haber ido más allá de ese mandato y haber tomado decisiones que no correspondían  a un gobierno transitorio. Se ha de criticar también el juego de sillas musicales de sus gabinetes. El otro gran error fue su candidatura en las elecciones, lo que erosionó su credibilidad. Fueron errores políticos pero no delitos.

La pandemia tomó por sorpresa al mundo entero y no solamente a nuestro país. Se subestimó su gravedad y su duración. La pandemia no podía ni puede ser ignorada. Las medidas del gobierno de Añez procedieron por ensayos y errores porque no había experiencia, ni aquí ni en otras partes, con esa plaga. Su gobierno no lo hizo mejor ni peor que el promedio de la región.

Se ha cometido un grave atropello a los derechos humanos y constitucionales deteniendo a Jeanine y a sus ministros. El cuento de que la detención no es política nadie se lo cree. Simplemente basta mencionar que entre los querellantes está el Ministerio de Gobierno, ente político por antonomasia. Para un tratamiento correcto y según la jurisprudencia internacional en materia de derechos humanos se tenía que respetar procedimientos básicos como: 1) probar contundentemente, ante un tribunal independiente, por ejemplo la Corte Penal Internacional, que hubo un golpe de Estado; 2) que habiéndose comprobado fehacientemente la hipótesis  de golpe de Estado, las personas investigadas habían participado como autores materiales o intelectuales. No soy abogado ni pretendo incursionar en un territorio ajeno,  pero el derecho, como decía Napoleón, es un ejercicio de lógica. 

Aún desde el punto de vista de su propio interés político, le conviene al MAS dejar en libertad a la expresidenta.  Las críticas nacionales e internacionales le lloverán si no lo hace, aún si el gobierno de Arce se abanica en ellas, siguiendo el ejemplo de Maduro. Gobernar con la desconfianza y el desdeño de los ciudadanos de las grandes urbes del país se le va a hacer cuesta arriba.

 

Juan Antonio Morales es profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana y ex presidente del Banco Central de Bolivia.
 

 

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