Jorge Patiño Sarcinelli

Venganza sin justicia

viernes, 19 de marzo de 2021 · 05:10

La idea que teníamos de un perseguido político era alguien acosado, torturado, a veces muerto por profesar ideales o expresar opiniones, típicamente de izquierda, consideradas subversivas por el régimen, típicamente de derecha. El destino del perseguido era la prisión, el exilio o pasar a la categoría de “desaparecido”. El régimen nunca mostraba sus dientes en un juicio que diese visibilidad a las ideas del perseguido. 

Ahora las cosas han cambiado. No cuentan las ideas sino una lectura arbitraria de los hechos y el régimen que persigue se dice de izquierda, embandera consignas antiimperialistas y arrastra un nombre de partido tomado de la falange, color y todo, con un engañoso apéndice socialista. 

Ese régimen ha instaurado en el país la persecución judicial con la complicidad de un Poder Judicial hecho a medida para ese propósito, temible por su arbitrariedad, saña y corrupción.

El primer perseguido notable del MAS fue José María Bakovic, cuyo error fue creer que podía poner su experiencia a beneficio del país y cuyo mayor delito fue tratar de oponerse a la corrupción de una entidad conocida por esta práctica.

Su castigo fue que el MAS le iniciara más de cien juicios, obligándolo a presentarse a declarar en La Paz, Cochabamba y Sucre, en un peregrinaje orográfico que acabó con su corazón. Esta es la forma de tortura que utiliza la nueva persecución. 

Otro caso emblemático, resumido en sus absurdos extremos por Andrés Gómez hace unas semanas, es el de Marco Aramayo. Como relata el columnista, a Aramayo le han iniciado 259 juicios, que lo han obligado a estar en 50 cárceles en La Paz, Tarija, Santa Cruz, Oruro y Cobija. 

Todo porque se atrevió a denunciar la corrupción en el Fondo Indígena, cuya directora era Nemesia Achacollo, del círculo íntimo de Evo Morales. Ella goza de arresto domiciliario, y los involucrados en los actos de corrupción están libres. El único preso y perseguido por la Justicia es quien denunció los hechos. 

Bakovic y Aramayo son ejemplos notables de esa nueva persecución en la que el MAS utiliza la Justicia como arma política y de venganza. ¿Pretenden que sea ejemplificadora? ¿Quién la prestidigita? ¿Qué persigue esta persecución? ¿Es un ejercicio orwelliano de subyugar el espíritu para anularlo? Solo podemos especular.

En estos días, el Gobierno aprehendió a Jeanine Añez y a dos de sus colaboradores dizque para investigar el “caso golpe” y otros delitos mal definidos. Será la primera vez en un Estado de derecho que funcionarios son aprehendidas por un pseudo acto sucedido antes de su posesión, y esto sin un debido proceso. Similar suerte sufren miembros de la cúpula militar y otros: cárcel primero, investigación después.

La dramática foto de Añez tras las rejas no solo es emblemática de un atropello cometido a ojos vistas, sino que es un sopapo a todos los que creyeron que el país podría retomar la senda de la institucionalidad en paz. La indignación no se ha hecho esperar, pero todavía no sabemos si tendrá efecto.

Ellos no son las únicas víctimas de un sistema judicial podrido. Recordemos el caso del doctor Jhery Fernández, quien no terminó con sus huesos en la cárcel para siempre por el milagro de una infidencia etílica. Hay más vidas trucidadas por la justicia; de la mayoría ni sabemos. 

En su discurso de posesión, el vicepresidente Choquehuanca dijo: “debemos superar el odio (…) no más persecución, no más judicialización de la política (…) No más abuso de poder, (…)pongamos fin a la humillación de los derechos humanos”. 

¡Qué huecas suenan estas grandes declaraciones cuando, mientras él clama por la no judicialización de la política, la persecución continúa con toda su saña vengativa! Me pregunto qué aspecto de nuestra cultura ancestral o republicana aflora en ella.

Un país que quiere modernizarse, sea siendo socialista o neoliberal -da igual- no puede seguir teniendo una justicia medieval, pero no está claro si quien ahora puede reformarla no ha optado por el doble juego de “al país ofertando y con el mazo dando”. Arce calla.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

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