Juan Cristóbal Soruco Q. 

Pesadumbre

lunes, 22 de marzo de 2021 · 05:12

Si algo no conocen importantes dirigentes del MAS, incluido el expresidente fugado, es la historia del país. Acostumbrados a leer la realidad a través de manuales maniqueos, en los que se transforma la política en religión, una vez en el poder han caído en los errores que muchos de sus antecesores cometieron y están condenándose a seguir cometiéndolos.

De hecho, se han rifado un proyecto que pudo ser exitoso en aras del culto a la personalidad por parte de una corte de áulicos que saben que sin Evo Morales nada podrán hacer, la corrupción que los ha corroído hasta el tuétano, así como el manejo inescrupuloso de sus adherentes que acatan lo que les instruyen, incurriendo, por ello, en acciones ruines e indignas: desde amarrar los guatos del cacique hasta utilizar toda la institución estatal en su defensa, pasando por agredir a opositores y cultivar un sentimiento de venganza que está afectando el alma nacional.

De una u otra manera, el MAS está atravesando un proceso similar al de las dictaduras militares que asolaron al país. Han tenido su tiempo barrientista, banzerista y hoy llevan adelante el tiempo garcíamecista. La actuación represiva con saña por parte de sus instrumentos de control político y las declaraciones de los dirigentes del MAS y autoridades del Estado de ese partido parecen calcadas de lo que se hacía y decía en ese período militar.

Y vanamente sus amanuenses e intelectuales tratan de justificar esa forma de actuar con panfletos de corte racial o de un nacionalismo que hasta hace muy poco execraban…  (les sugiero leer la columna de Lupe Cajías “Ay de ustedes fariseos hipócritas” publicada el viernes pasado).

Esto me provoca pesadumbre, que según el diccionario de la RAE es “Molestia, desazón, padecimiento físico o moral” o “Motivo o causa del pesar, desazón o sentimiento en acciones o palabras”. Es que una vez más el país pierde la oportunidad de reencauzarse hacia un proceso de desarrollo más equitativo en forma pacífica, inclusiva y democrática.

Pero, la pesadumbre, la frustración, la impotencia no pueden detener la vida de la sociedad. A ello ayuda tratar de entender las razones por las que el MAS nos ha llevado a este escenario de confrontación. La respuesta es fácil, pero de consecuencias complejas: que su cúpula goce sine die de las mieles del poder sin rendir cuentas a nadie (¿no les parece conocido a lo que sucede en otras latitudes?).

Eso está en juego. Tanto las elecciones de octubre del año pasado como las subnacionales, con más contundencia, muestran que la población incluso puede adscribir una propuesta de cambio como la que originalmente propuso el MAS, pero no poner al servicio del líder el país todo. Las reacciones en buena parte de la gente (salvando algunas zonas rurales) en contra de la presencia del ex presidente fugado, las marchas en las principales ciudades protestando por la represión desatada por el régimen y el ejemplo que ha sentado una jueza al fallar conforme a ley y no en función a las órdenes provenientes del poder político, etc.,  dan cuenta de esa situación.

Intuyo que un primer objetivo de la campaña represiva es evitar que se posesione a las nuevas autoridades elegidas en las últimas elecciones. 

Si esta presunción es cierta, se puede prever que sobrevendrán días muy difíciles porque la ciudanía ya está en alerta y lo que el MAS hizo en 2015 en algunas alcaldías y gobernaciones ahora no lo puede hacer. Más aún por la forma grotesca en que sus operadores están actuando en todos los niveles y espacios de poder que han copado en el país, y en el ámbito internacional. 

En ese escenario, o el MAS aplica su oferta electoral en la campaña de 2020 de conciliación y consolidación de la democracia o corre el riesgo de ser expulsado del poder, como sucedió en 1982 con los militares, que tuvieron que retornar a sus cuarteles por la presión pacífica pero generalizada de una ciudadanía cansada de tanta provocación y abuso.

Juan Cristóbal Soruco Q. es periodista.

 

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