Carlos Toranzo Roca

Enfermo por tener poder

miércoles, 24 de marzo de 2021 · 05:11

¿Está gobernando Luis Arce? Es evidente que no, él es sólo es un viceministro de Evo Morales; es únicamente el encargado de tener el poder por un tiempo para dejar que se haga cualquier maniobra para que el exjefazo retorne a la Presidencia. Éste es un enfermo que no parará ante nada con tal de volver a administrar el Estado. 

Puede haber muchas explicaciones para los apresamientos de la expresidenta Jeanine Añez y de algunos de sus exministros; podrán existir otras razones para tratar de entender por qué Morales quiere tras las rejas a Arias, a Reyes Villa, a Camacho y cualquiera otro que se oponga a su retorno al poder, pero Morales se acostumbró en 14 años a ser el dueño absoluto del poder, a administrar el país como si fuera su hacienda; lo hizo con el apoyo de su entorno de obsecuentes que ganaba puestos al aceptar todos los caprichos y decisiones autoritarias de Morales.

Muchos de ellos dieron consejos al exjefazo para que se aprese a opositores, para enjuiciar a gente inocente, para forzar a que otros salgan al exilio. Esos obsecuentes operaron junto a los jueces y fiscales para reprimir a todos quienes se oponían al autoritarismo de Morales. Todos ellos siguen operando actualmente.

Es obvio que en 2019 no existió ningún golpe de Estado; lo que hubo fue un fraude monumental para declarar ganador absoluto de las elecciones a Morales; él golpeó a la democracia, lo hizo de la manera más torpe. Pero ahora hay olor a golpe de Estado -el suyo propio- para reponerlo en el poder, eso es, precisamente, lo que estamos viendo en estos días.  Claro que los hechos de Sacaba y Senkata requerían y precisan ser aclarados, pero, ahora son usados como un pretexto del plan de Morales para ganar a la gente de El Alto y de Cochabamba a su favor.

 A él nunca le interesaron los muertos. Trató de dejar a las ciudades sin alimentos, empujó a sus simpatizantes a manifestaciones sin importarle que puedan contagiarse con el coronavirus. A los enfermos, por el poder, no les interesa la gente, no les importan los muertos; lo que ponen por delante es su sed de poder.

Morales fue el jefe de campaña del MAS en las elecciones subnacionales, justo por eso ese partido tuvo una mala performance en ellas. Eva Copa le dio una bofetada en El Alto, los alteños se manifestaron contra el dedazo y algo parecido sucedió en otros lugares. Morales sabe que perdió, pero, no desea admitirlo, por eso contraataca para volver a su idea original de retornar al poder, para cumplir lo que no logró: instalar un gobierno autoritario, cercano a la dictadura.

¿Qué dice de esto el Presidente Arce, ése que recibió su salvoconducto -por enfermedad- para salir al país, documento otorgado por el gobierno de la expresidenta Añez? ¿Qué dice el Vicepresidente Choquehuanca, ese que dijo que era hora del diálogo y reencuentro entre los bolivianos? Hasta ahora callan; son culpables de la represión, de la violación de los derechos humanos,  de la violación de las garantías individuales de las personas. 

Su gobierno, al igual que el de García Meza, usó las ambulancias para llevar presos de unas cárceles a otras y no a centros hospitalarios. De ese tamaño es su complicidad en el proyecto autoritario de Morales; han manchado sus manos con esos actos y la represión.

 Que los alteños entiendan que después de estos presos, Morales quisiera tras las rejas a Eva Copa, porque ella es sentida por esa gente como su lideresa y eso Morales no lo puede admitir; él no acepta que nadie le discuta su liderazgo que ahora está venido a menos.

Si en octubre de 2019 el dilema era democracia o dictadura, ahora ese dilema es el mismo. Morales oculta las manos, como cuando se hicieron las ejecuciones extrajudiciales del hotel Las Américas, pero está claro que él y sus obsecuentes han comenzado a desarrollar su plan para volver al poder. Son ellos quienes pidieron el dictamen de la OEA sobre las elecciones de 2019, ellos aceptaron que las conclusiones de esa Institución sean vinculantes.  Y ahora, por arte de magia, olvidaron todo eso.

Si en 2019, en las calles, las mujeres y los jóvenes lucharon por la democracia, ahora deben entender que el peligro es el mismo que existía en ese año, por ello es necesario volver a pelear por la democracia para evitar el autoritarismo y la dictadura.

Carlos Toranzo Roca es economista.

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