Javier Torres Goitia T.

¿Pandemia viral o social?

sábado, 27 de marzo de 2021 · 05:10

 Desde que la salud y la enfermedad no se ven como estados separados y opuestos, sino como partes de un mismo proceso salud-enfermedad, proceso que no está limitado al campo biológico, sino que se integra con el proceso económico social, la salud pública ha ampliado su contenido teórico y práctico. El conocimiento restringido al campo biológico y el administrativo se enriqueció con el estudio de la determinación social, económica y últimamente incluso ecológica, con lo cual la salud pública enaltece su práctica y aumenta su eficacia con la posibilidad de actuar no sólo contra las causas aparentes de las enfermedades que afectan al ser humano, sino, además, contra el origen de esas causas que están relacionadas con el malestar social, las crisis económicas o los daños a la naturaleza.

 La actual pandemia de la Covid-19 es la expresión lacerante de la verdad de esta tesis. Desde el peligroso incremento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, provocado por el irresponsable empleo de estos medicamentos, hasta el aumento y aparición de nuevos virus son resultado de groseras fallas humanas y desajustes sociales.

 En nuestro país la salud está entre dos fuegos. Ambos encendidos por una fuerza política que alardea de ser reivindicadora y en más de 15 años de gobierno no fue capaz de lograr mejora alguna en favor de la salud, la educación, la justicia y menos en lo que hace a la libertad o los derechos humanos. 

El primer fuego empezó cuando la irresponsabilidad masista, copiona de otras experiencias, arremetió contra los médicos bolivianos y desmanteló los centros de salud, acusando a los profesionales de ser enemigos del proceso de cambio. Paralelamente, ese cambio se caracterizó por el extractivismo de los recursos naturales y el rentismo social, medidas que condujeron a suicidas desforestaciones y venenosa contaminación del aire, el suelo y el agua.

 El segundo fuego se encendió cuando, después de la cobarde huida de Morales, con abandono del país, el gobierno interino que lo sucedió se vio invadido por la pandemia de la Covid-19, y el MAS no tuvo escrúpulo en avivar el fuego para obtener rédito político a cambio de la muerte y la desolación de miles de víctimas inocentes. 

Inicialmente trató de negar la existencia de la enfermedad, cuando ésta se expandía ostensiblemente; apeló al sabotaje de las medidas de contención, lo que obligó al empleo de la fuerza pública para imponerlas. 

 Demagogos, más pícaros que los gobernantes transitorios y mucho más que la sociedad democrática, perseguida, destrozada y atomizada, el MAS recuperó fuerzas y en las elecciones del año pasado reconquistó el poder perdido. Pero en vez de enmendar errores con medidas de real reivindicación social para superar la pobreza y la pandemia, optó por el retorno al culto a la personalidad de Morales, quien comandó las elecciones subnacionales con tantos desaciertos que perdió las alcaldías de casi todas las capitales de departamento y ganó solo un tercio de las nueve gobernaciones que tiene el país. 

Si, como es probable, la población democrática gana el próximo balotaje, podría exigir que gobiernos departamentales, municipios y gobierno central trabajen conjuntamente por el bien social que tanto necesitamos. La concentración del poder sin los necesarios contrapesos de los otros poderes del Estado, particularmente el Judicial y el Legislativo, dan origen a la dictadura con su secuela de abusos, corrupción y degradación humana. Los jueces y parlamentarios pierden la dignidad para rebajarse a simples siervos del poder central y todos sufrimos las consecuencias.

 El próximo balotaje puede ser la última oportunidad de romper el círculo vicioso del atraso y la pobreza que perjudica a todos. La polarización, siempre negativa, es peor cuando proviene del odio o la venganza irracionales. El pueblo está cansado de luchas fratricidas, quiere paz y trabajo. Los nuevos gobernantes, elegidos como una esperanza de renovación dentro de su propio partido, pueden optar por una concertación sincera y constructiva en favor de la libertad, la justicia social y el desarrollo humano, o seguir pegados al cordón umbilical que los une al vicio, la degradación y los abusos de poder, sin percibir que a largo plazo la opresión daña a todos, pero hiere más a los déspotas la furia de sus víctimas.

 
Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.
 

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