Juan Pablo Guzmán

El fallido vuelo del cóndor

lunes, 29 de marzo de 2021 · 05:12

¿A quién atribuiría hoy en día, amable lector, la siguiente frase: “… los bolivianos debemos superar la división, el odio, el racismo, la discriminación entre compatriotas, ya no más persecución a la libertad de expresión, ya no más judicialización de la política”. Es muy probable que usted piense  en alguna figura de la oposición, quizás en un defensor de los derechos humanos, en un vocero de la Iglesia católica o en un equilibrado conciliador, ¿cierto?

¿O se le pasó por la cabeza que la pulcra y bien redactada oración correspondería a la autoría de algún vocero del Gobierno o de un representante del oficialismo? ¿Parecería extraño, verdad? Más aún si vivimos el tiempo en el que por enésima vez, como ocurre cíclicamente en Bolivia, el aparato judicial (ya ni siquiera merece llamarse “justicia”) actúa como un feroz cancerbero del poder de turno.

Pues la frase corresponde al vicepresidente del Estado, David Choquehuanca, quien la pronunció el pasado 8 de noviembre de 2020 en su discurso de posesión, una pieza narrativa que hechizó a cientos, y hasta hizo pensar a muchos más en la posibilidad de que el nuevo Gobierno podía fundar cimientos de encuentro, amalgamados en los valores del respeto a la ley, la justicia y la democracia.

“Ya no más abuso de poder, el poder tiene que ser para ayudar”, “buscamos el mandato, no buscamos enfrentamiento, buscamos la paz, no somos de la cultura de la guerra ni de la dominación”, dijo Choquehuanca. ¿Cómo sonarán hoy esas palabras en los tímpanos de la expresidenta constitucional Janine Añez?, ¿cómo, en los oídos de los opositores amenazados con acabar, como ella, en la cárcel y sin el debido proceso?, ¿cómo se escuchará esa lírica en el corazón de los bolivianos que quizás pensaron que este gobierno del MAS era “otro” tipo de gobierno, diferente al de los 14 años del evismo?

Políticos, sociólogos y un sinfín de expertos  fabrican hoy numerosas tesis para descifrar la conducta político-judicial del Gobierno en el presente. Una interpretación apunta a señalar que el ala “dura” del MAS está a la caza del “poder total”, otra a que la indiferencia del presidente y el vicepresidente expresa condescendencia y hasta coautoría con todos los atropellos, mientras alguna asegura que ya llegará el tiempo del “equilibrio”, por lo que hablar de autoritarismo sería una “exageración”.

Quizás quienes quedaron encandilados con la poesía de Choquehuanca del 8 de noviembre de 2020 vuelven hoy a poner los pies en la tierra y la cabeza sobre el tronco. No estamos gobernados por poetas, porque de ellos se podría esperar por lo menos la franqueza de su verbo; estamos gobernados por magos que disfrazan la verdad con ingeniosos artilugios.

Bien sabemos que la poesía y la política no son afines, porque mientras la primera articula frecuentemente los hilos de la ficción lírica para crear música con las emociones, la segunda, en su peor versión, opera con hielo en las venas para dar todos los mazazos que sean necesarios con el fin de perpetuar el manejo del poder.

“Vamos a promover las coincidencias opositoras para buscar soluciones entre la derecha y la izquierda”, sostuvo en su discurso legislativo Choquehuanca y luego recurrió a su misticismo andino para evocar las virtudes del cóndor. “Nuestra verdad es muy simple, el cóndor levanta vuelo solo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda”, afirmó, para obtener de inmediato el efecto que buscaba, el hechizo mágico orientado a que su  metáfora sea interpretada como el sabio mensaje de equilibrio en el manejo del poder.

Los ilusionistas tienen ese gran talento: conquistan con un refinado arte los sentidos del público, a los que turban y despistan con una habilidad desconcertante que, sin embargo, siempre esconde un truco. 

Vendida la idea del majestuoso equilibrio del cóndor y de su gallardo vuelo por los Andes, un mago no hablaría jamás  del “otro” lado del cóndor, aquel que lo identifica como un animal que solo se alimenta de despojos, aquel que con infinita paciencia busca animales muertos para caer sobre ellos como una bala, aquel que emplea su poderoso pico para escarbar entre las entrañas de los cadáveres.

¿En qué “cóndor político” debemos pensar hoy en Bolivia? ¿En el poético que equilibra sus alas al volar o en el carroñero que despedaza a sus víctimas? 

Juan Pablo Guzmán es periodista.

 

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