Lupe Andrade Salmón

Columna malcriada, para leer en voz alta

miércoles, 31 de marzo de 2021 · 05:11

Estimados y apreciados lectores: esta es una columna poco usual... casi revolucionaria, diría.  He estado pensando en qué tema escoger, qué cosas decir, qué inspirar en quienes me leen, y confieso estar perdida.  No hay mucho de qué reír; hemos guardado la picardía en el baúl de cosas viejas; se ha encogido el coqueteo, abochornado ante tanta restricción y distancia. Hasta las discusiones se han apagado y nos hemos convertido en tortugas humanas, cada uno en su caparazón, esperando poder sacar la cabeza... algún día.  

Me enfurece aún más que las autoridades de hoy, siguiendo el molde de algunas de otros tiempos, en un estado de incompetencia febril, no puedan cumplir con sus responsabilidades, como por ejemplo, traer suficientes vacunas para la población o permitir que otros las traigan.  No está prohibido, dicen... pero no dan permisos de importación.  Sin vacunas, no hay seguridad y sin seguridad, no hay vida libre de verdad.  Hoy, fui inútilmente a rogar a un pobre médico atribulado, por una vacuna.  “En abril”,  dijo, “en abril..... dicen”.  Quedé pasmada, sintiéndome indefensa y un poco rabiosa, aunque no con ese pobre médico, quien no tiene culpa de nada.

Ustedes también deben tener sus propias razones para rabiar, y pocas ocasiones de libertad y jolgorio.  Por ello, y para sentirnos un poco mejor, es que pido su ayuda, para darle verdadera fuerza y sabor a esta columna, perjudicada de raíz por una excelente pero severa educación.  Aclaro: hay palabras que no puedo decir, que menos puedo escribir, y en las cuales ni siquiera puedo pensar, pero creo que en los siguiente párrafos, si me ayuden leyéndola en voz fuerte y alta, nos sentiremos mejor... o por lo menos, aliviados.

Sin más trámite, amigos, les ruego, invito y conmino a leer con fuerza y volumen, y a colocar uno o más epítetos de su preferencia en los espacios entre paréntesis, para convertir a esta pobre columna atemorizada y tímida en un verdadero y efectivo instrumento de desahogo y liberación emocional.  

Comencemos la lectura activa:  “Estos años 20 y 21,  tan (epítetos), nos están dejando sin libertad de movimiento o expresión, y este virus (epíteto, epíteto), con nombre y número tan insignificantes, ha resultado ser un (¡epíteto!) de mala muerte, y hasta de muerte literal. 

Y así, como en todo el mundo, nosotros, pobres (epítetos) encerrados, restringidos y enmascarados tenemos que enfrentar una (epíteto) plaga amenazante que viene con unos (epítetos) variantes cuyo poder todavía no conocemos, pero que sí ensombrecen el horizonte.

¡Qué época de (epíteto)!  Mi sangre hierve al pensar que de los pocos años que me restan, esta (epíteto) (epíteto) plaga me ha quitado libertad de acción y pensamiento desde hacen incontables meses e interminables días.  ¡Hoy, hasta antojarse de algo especial resulta ser casi pecaminoso!  

Hay momentos en que quiero reclamar a mi abuelo José y a mis padres por haberme dado una educación tan buena y firme que simplemente no puedo decir cosas que nos eran prohibidas por ser “malas palabras” y no soy la única. Un día pregunté a Gary Prado Salmón, mi querido primo hermano y general de Ejército, cómo pudo haber sido militar y comandar a sus soldados si tenía el mismo problema psicológico que yo con las benditas palabrotas.  “Pues no las digo”, respondió llanamente, con una sonrisa.  “Grito, y pongo cara de furia, y les digo cosas como “insensatos”, “sinvergüenzas”, “tarambanas” y “necios”, que creen que son insultos terribles y reaccionan mejor y más asustados que ante los gritos comunes”.

Pues entonces amigos, ustedes, para ser auténticamente sinceros, si están más libres que yo (y Gary), es porque pudieron insertar en estas líneas –y a su gusto- sus propias“ malas palabras” de las buenas, de las malas y hasta pésimas.  Ahora, mediante este sistema, y estando furiosa con esas nuestras autoridades (epítetos con salsa) que no pueden, o no quieren solucionar las urgencias y emergencias cívicas y de salud en nuestras vidas citadinas, me desahogaré junto con ustedes.

En preparación, abramos las ventanas, respiremos hondo y luego gritemos a los cuatro vientos ¡¡¡(épiteto), (épiteto), (épiteto)!!!  No se solucionarán los problemas, ni se terminarán los conflictos, pero les aseguro que nos sentiremos mejor, liberados, alivianados.  Y las autoridades, si escuchan un enorme coro de gritos, quizás se pondrán en movimiento.  Y si no se arreglan las cosas, entonces gritemos para que todos los causantes de estos líos se vayan al mismísimo (épiteto)... ese que ustedes conocen bien y que rima con “ajo”.

  

Lupe Andrade Salmón es periodista.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

59
3

Otras Noticias