Héctor Arce Zaconeta

El Estado Plurinacional

jueves, 4 de marzo de 2021 · 05:09

El 6 de agosto de 2006, día que en la ciudad de Sucre se instaló la Asamblea Constituyente, hubo un hecho sin precedentes en la vida nacional: los 36 pueblos indígenas que existían registrados, y a los cuales el 62% de la población boliviana se autoadscribía - de acuerdo al último Censo Nacional para ese entonces, el del año 2002 - salían de las sombras de la marginalidad y la indiferencia, ante la luz radiante de esa extraordinaria mañana de agosto, en un histórico desfile ante la Casa de la Libertad, lo que quedará grabado en la mente positiva de los sectores sanos de la nacionalidad boliviana que durante toda una vida soñamos con un país de justicia, igualdad e inclusión. 

La oposición política, de ese entonces en la Asamblea Constituye - más de un tercio y menos de la mitad - no podía proponer nada y jamás se conoció una propuesta de Constitución alternativa; ellos no tenían una propuesta para el país, tampoco defendían la Constitución de 1967 vigente en ese entonces; lo único que hacían era torpedear y tratar de hacer fracasar el proceso constituyente por cualquier vía. 

La aprobación del Reglamento de debates, el Estado Plurinacional, los símbolos patrios fueron, entre muchas otras, las excusas que, una y otra vez, buscaron los opositores para sus fines obscuros, mezquinos y sectarios.

 Al final del camino, una vez más, el pueblo se impuso y tuvimos una nueva Constitución, aprobada por la voluntad de una nación digna y soberana, que decidió su destino en el referéndum del 25 de enero de 2009.

El reconocimiento de Bolivia como un Estado Plurinacional - entendiendo lo plurinacional en el sentido sociológico del término - no sólo importó el reconocimiento de los pueblos indígenas y las naciones originarias como sujetos titulares de la ancestral historia boliviana, sino que importó la creación de determinadas instituciones que fueron, o cuando menos debían ser, las encargadas de desarrollar esta nueva característica central del Estado. 

La Asamblea Legislativa Plurinacional, El Tribunal Constitucional Plurinacional, El Órgano Electoral Plurinacional, entre otras, no tienen ese apellido por razones casuales; son ellas las que, a diferencia de los otros órganos de gobierno, tienen adicionalmente a sus funciones, la labor de construir lo plurinacional en Bolivia. 

La búsqueda de la igualdad entre los seres humanos ha sido por mucho la historia de la humanidad, más allá de los condicionamientos económicos que hacen a la base de toda sociedad; el hecho de que jurídicamente - y sobre todo objetiva y realmente - se diera esa igualdad, como ocurrió en otras naciones como Estados Unidos y Sudáfrica, es sin duda el mayor aporte irreversible del inédito proceso constituyente boliviano. Hay una Bolivia antes y una Bolivia después de la nueva Constitución.

Sin embargo, y con el fin de ser autocríticos y constructivos, no podemos dejar de mencionar que algunos dirigentes indígenas, campesinos e interculturales no estuvieron ni están a la altura del reto que hoy la historia nos presenta. Si bien las bases entendieron, lucharon y hasta pusieron su sangre y la vida misma por los grandes  cambios y transformaciones que vivió Bolivia, algunos dirigentes están reprisando los viejos males de la oligarquía que en el pasado gobernó la nación bajo las lógicas de las prebendas, la repartija de cargos, la imposición y el atropello.

El Estado Plurinacional aún en proceso de construcción y consolidación como modelo único en el mundo importa que las dirigencias acompañen el sacrificio de las bases que una y otra vez defendieron en las calles y con su voto la construcción de un nuevo país para las futuras generaciones. 

Al final, la historia larga juzgara y dirá si los liderazgos estuvieron o no a la altura de lo que a principios del siglo se decía: “la reserva moral de nuestra patria”. Así mismo, la historia juzgará si esos grandes valores de complementariedad, reciprocidad y armonía, de los cuales se precian nuestros pueblos indígenas, fueron aplicados para bien de la nación en una etapa fundamental de la historia boliviana.

 
Héctor Arce Zaconeta fue ministro de Justicia y Procurador del Estado.

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