Héctor Arce Zaconeta

La nueva base económica de la nación

jueves, 1 de abril de 2021 · 05:09

Sin duda alguna, la mayor conquista del proceso de cambio que vivió Bolivia fue la construcción de una nueva base económica y social sin precedentes en la historia nacional. Esta base económica consistió en generar una visión mucho más estatista de la economía, basada en el hecho histórico de la nacionalización de los hidrocarburos del 1 de mayo de 2006, la recuperación de las empresas estatales y una serie de políticas conexas que permitieron construir una economía fuerte desde el Estado, abandonando el nefasto modelo liberal que se había retomado el año 1985.

La recuperación de los hidrocarburos, la protección de la economía y una visión desarrollista a partir de la inversión pública trajo consigo la tan anhelada posibilidad de generar excedentes económicos, para finalmente poder redistribuirlos entre quienes más los necesitan, consolidándose así la principal característica de un Estado social, un Estado de bienestar, de equilibrio, de racionalidad.

La Nacionalización de los Hidrocarburos trajo consigo la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y, a más de ello, su conversión en una gran corporación, que bajo un esquema inteligente logró la suscripción de importantes contratos con empresas extranjeras en condiciones favorables para la nación.  Todo esto sumado al desarrollo y expansión de otros rubros por parte del Estado generaron una etapa de crecimiento única en la historia nacional y nos colocó en los primeros lugares de crecimiento sostenido por varios años durante la década pasada, lo cual marcó un nuevo corte a cuchillo en la historia de la nación, esta vez en el ámbito económico.           

La grandeza económica que se construyó en Bolivia, y cuyo principal artífice fue Luis Arce Catacora, trajo consigo el mayor crecimiento social de la historia.  El año 2005, más del 38% de la población boliviana vivía en extrema pobreza, es decir, sin los requerimientos mínimos para poder alimentarse adecuadamente; a finales del 2018, la extrema pobreza en Bolivia apenas sí marcaba algo más del 16%. 22 puntos porcentuales de la población boliviana salió de la extrema pobreza, casi dos millones y medios de la población boliviana, casi un cuarto de su totalidad ya tenía los requerimientos para alimentarse adecuadamente, vestirse y vivir con un mínimo de dignidad.  

Este crecimiento y desarrollo no fue a costa del empobrecimiento de nadie, los demás sectores sociales también crecieron y se aliaron después de 2009 a un gobierno inteligente que les abrió las puertas e integró a todos los sectores sociales de la nación. Leyes fundamentales e inequívocas, como la nueva Ley de Pensiones y la nueva Ley de Bancos que desarrollaron la constitución económico social, profundizaron este tipo de políticas, que al final del día tenía satisfechos a todos los sectores de la nación, creándose así el “óptimo social” al que se refería  René Zabaleta Mercado. 

Evidentemente, el gobierno no avanzó hacía otras políticas que en su momento eran reclamadas por diferentes sectores, lo que  a criterio de muchos dejó un sabor a poco; empero, lo cierto es que por primera vez en la nación boliviana se construyó un Estado social, como no se lo hizo ni con la Revolución Nacional de 1952. 

Quizá el análisis autocrítico debería pasar más por cómo se hizo y no sobre qué se hizo. Ahí quizá faltó consolidar una de las lógicas más importantes que hacen a este tipo de Estado y es la planificación.  Si bien se creó desde 2006 el Ministerio de Planificación del Desarrollo, cuyo artífice y mentor fue Carlos Villegas Quiroga, aún falta desarrollar y consolidar en Bolivia una correcta y efectiva política de planificación, incorporando las áreas sociales de salud, educación y justicia; esta última la menos atendida y la más carente de recursos.

Durante casi 14 años muchas veces las determinaciones sobre la inversión pública y el desarrollo del país fueron tomadas  directamente por el Presidente y el Vicepresidente, por sugerencias de algunos dirigentes o sectores, por inclinación con alguna zona geográfica o por inclinación a algún evento internacional de magnitud; lo que no es la mejor práctica para el manejo del Estado que se había logrado construir a partir del año 2006.  Aparentemente, esta situación ha cambiado y ahora tenemos un gobierno que prioriza la inversión pública para quienes más lo necesitan y que maneja la economía desde una  visión de ahorro y austeridad.  

A más de ello, al final del día, lo cierto y evidente es que la nación boliviana construyó una economía sólida y políticas de redistribución que fueron únicas en el continente y que sobrevivirán a cualquier costa las siguientes décadas, ya que son parte de la medula espinal de la nueva sociedad boliviana más justa, inclusiva y redistributiva.


Héctor Arce Zaconeta fue ministro de Justicia y Procurador del Estado.
 

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