Carlos Marín Peñaranda

Lo que La Paz pierde, Santa Cruz gana por turismo

jueves, 1 de abril de 2021 · 05:08

En términos turísticos se hace referencia con mayor énfasis al turismo internacional o receptivo, que no es otra cosa que la llegada de turistas del exterior por su efecto en la economía de un determinado país. En el caso nuestro, según estimaciones del INE, el turismo contribuyó al Producto Interno Bruto (PIB) en 2019 con el 5.1%, equivalente a 15.400 millones de bolivianos; también como generador de divisas y su contribución dentro de las exportaciones que, en 2019, también según estimaciones del INE, fueron de 5.846 millones de bolivianos. Sin menospreciar al movimiento del turismo interno en el país, que generó alrededor de 500 millones dólares; unos 3,5 millones de bolivianos, hasta antes de 2020.

Como manifestamos en una anterior columna de opinión, en total de llegadas de turistas del extranjero (también en ingreso por carretera), La Paz mantiene el primer lugar a nivel nacional, con 445.980 visitantes extranjeros en 2019, en base a datos que se recogen del INE; en tanto que Santa Cruz mantiene el segundo lugar con 282.416 visitantes del exterior, también ese mismo año.

Sin embargo, los datos por vía aérea de llegadas del exterior muestran que Santa Cruz, a través del aeropuerto de Viru Viru, lleva la delantera, acaparando alrededor del 65% a nivel nacional. Veamos:

En 2010 esta región recibió a 152.746 y en 2019 a  248.284 visitantes extranjeros. En cambio, también por vía aérea, a La Paz (aeropuerto de El Alto) en 2010 ingresaron 77.842, mientras que en 2019 arribaron 110.270. Las diferencias son marcadas.

La razón de mostrar estas diferencias entre las regiones con más caudal de llegada de turistas extranjeros, sea por vía carretera, aérea u otro, es analizarlas razones del por qué se generan estas situaciones, o es la falta, debilidad y/o ausencia de planes y estrategias para contrarrestar o fortalecer un escenario determinado. En ese sentido, la primera reflexión sería que desde hace 20 a 25 años se dio la migración o salida de La Paz, rumbo a Santa Cruz, de varias líneas aéreas internacionales (la última en 2018), esto atribuido a los altos costos operativos e impositivos y aspectos técnicos provocado por la altura.

Estas determinaciones, más allá de la libertad de las empresas privadas de quedarse o irse, cuando afectan los ingresos económicos de una región, debería ser una alerta para todos, en especial para las instituciones encargadas de velar esos intereses y su desarrollo económico. En este caso particular, sólo algunas instituciones privadas del sector turístico alertaron sobre los perjuicios que generaría en la economía de los paceños esta situación; sin embargo, ninguna institución pública o privada hizo algo para generar condiciones, crear nuevos escenarios con la finalidad de revertir estas determinaciones, y presentarlas ante las instancias correspondientes, más aún cuando La Paz goza de ser sede de gobierno. Santa Cruz generó mejores condiciones para el asentamiento de estas empresas aéreas, apostando a los beneficios que eso conllevaría para su región.

Pero no sólo eso, en cuanto al movimiento del turismo interno en el país por vía aérea, también Santa Cruz se lleva la hegemonía Veamos datos del INE del 2019 de viajeros por vía aérea: La Paz ese año tuvo un movimiento de 72.793, viajeros nacionales, entre tanto, a Santa Cruz, ese mismo año, llegaron 279.043, visitantes nacionales por vía aérea.

También es importante considerar y poner en el tapete, para iniciar un proceso serio de desarrollo y promoción del turismo paceño, que gran parte del caudal de turistas extranjeros que llegan a La Paz desnuda aún la dependencia en términos estadísticos al país vecino del Perú, a esa mala palabra de “rebalse”, y no atribuido a políticas, planes o estrategias de promoción desde el Estado, la gobernación o el municipio. Es hora de tomar en serio lo que queremos para La Paz en términos turísticos, tal vez entre otras acciones urgentes esté la de retomar la idea y trabajar en un gran proyecto, porque ya pasaron 30 años sin hacer nada, y convertir a Ilo en un polo y centro de desarrollo industrial y turístico, puerta de entrada al Pacífico, el mercado más grande del siglo XXI.

Carlos Marín Peñaranda es experto en gestión del turismo e investigador. 

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