Javier Torres Goitia T.

Elecciones, demagogia y autocracia

sábado, 10 de abril de 2021 · 05:11

 Para los que defendemos la salud colectiva y para los médicos en general, quienes desde la elección de su profesión muestran una identificación con lo más preciado de la vida humana, como es la salud, todo lo que desde la sociedad contribuya al bienestar favorece la actividad médica. La democracia con libertad, justicia y equidad le son tan indispensables como la perjudican la tiranía y la opresión.

 Nuestro país está muy lejos de ser una expresión democrática; por un lado, por la elevada proporción de personas que viven marginadas de los derechos civiles, políticos y sociales y son víctima de la demagogia que los convierte en “masa” sumisa de votantes, y, por otro, por los abusos de poder, violación de derechos y de las propia Constitución Política del Estado, que es invocada o estropeada a capricho de los mandatarios, sin el menor respeto por la ley. Sin embargo, paradójicamente, estamos entre los primeros en la realización de justas electorales, con un derroche de recursos, cuya ineficiencia es escandalosa.

 Según la empresa Xinhua, dedicada al estudio de estos aspectos, entre 2005 y 2015, en los primeros 10 años de gestión del Movimiento al Socialismo, hubo 10 procesos electorales. Uno por año como promedio, con un costo de 140 millones de dólares, equivalentes a casi mil millones de bolivianos (calculando a siete bolivianos por dólar serían exactamente 980 millones). 

En esos 10 años se realizaron tres elecciones generales (2005, 2009 y 2014), una elección de prefectos (2005) y dos elecciones subnacionales (alcalde y gobernadores 2010 y 2015), tres referendos de carácter autonómico (2006, 2009 y 2015), un referendo de revocatoria de mandato popular (2008), un referendo para aprobar la Constitución (2009) , una elección judicial trucha, pero cuyo costo no disminuye por haber sido una ridícula pantomima (2011) y el histórico referendo de 21 de febrero de 2016, realizado a pedido de la presidencia para habilitar a Evo Morales y Álvaro García Linera a vulnerar la Constitución repostulándose como candidatos en 2019. 

El pueblo dijo No, pero igual ambos mandatarios omnipotentes dijeron Sí, indujeron al Poder Judicial a pronunciarse a su favor con cualquier argumento rebuscado y se postularon. El costo del referéndum presupuestado tuvo que ser pagado por todos los contribuyentes del país y el efecto de su abusivo desconocimiento sigue desangrándonos física y económicamente.

 En las elecciones de octubre del 2019, un fraude descarado, descubierto por ingenieros bolivianos y ratificado por la OEA, desencadenó el levantamiento popular que hizo huir cobardemente a Evo Morales, quien apenas recuperó su seguridad personal en tierra ajena, ordenó el inicio de un plan destructor del país, que se tradujo en incendios de casas de intelectuales democráticos, bloqueos de carreteras y asfixia de las grandes ciudades, sembrando pánico general y provocando enfrentamientos estériles, pero en los cuales sacrificaron sus vidas inocentes jóvenes engañados por 14 años de demagogia, promesas incumplidas y ofertas mentirosas. 

El propio Morales, tratando de mostrar arrepentimiento, anuló esas elecciones que - según Xinhua - tuvieron un presupuesto de 240 millones de bolivianos, más el costo adicional de 27 millones gastados en unas elecciones primarias que sólo sirvieron para justificar la ilegal postulación del binomio oficial.

 En 2020 se repitieron las elecciones en plena pandemia con un costo 12% menor pese al indispensable gasto extraordinario para evitar la difusión de la Covid 19. Una increíble atomización de las fuerzas democráticas cabo su tumba y el MAS volvió al poder, calificó de golpe de Estado la insurrección popular más transparente de nuestra historia y, amparado en esa mentira, ha retomado el abuso  y el despotismo que debemos soportar hasta las nuevas elecciones. Mientras tanto, ha tenido un fiasco en las subnacionales, perdiendo casi todas las alcaldías de las diez grandes ciudades.

Del balotaje de mañana depende que surja una esperanza para recuperar la paz social, tan indispensable para la salud y el trabajo productivo, o que caigamos en el despeñadero, con los desaciertos y el totalitarismo deshumanizado con el que está llevando Maduro a Venezuela. Los egocentrismos son patológicos y destructivos, mientras la democracia significa el respeto por los demás y abre el camino a la solidaridad y al esfuerzo compartido para superar la pobreza y sus secuelas.


Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud de Bolivia.
 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

20
1

Otras Noticias