Sonia Montaño Virreira

Siempre es viernes de soltero

domingo, 11 de abril de 2021 · 05:10

“Ahora mismo hay una boda
Porque hoy es sábado
Hay un divorcio y una violación
Porque hoy es sábado
Hay un hombre rico que se suicida
Porque hoy es sábado
Hay un incesto y una regata
Porque hoy es sábado…”
   

  Vinicius de Moraes
      de Día de la creación

Cuando comenzó a ser demasiado?

¿Vivieron nuestras madres mejor? ¿Las mataron menos? ¿Nos matan hoy por insumisas? ¿Fue siempre así o nos acostumbramos poco a poco? Desde “a la mujer ni con el pétalo de una rosa”, pasando por “la mató porque la amaba” hasta “la  maté porque era mía” han transcurrido décadas en las que el amor eterno parece haber cedido su lugar a la violencia continua y simultánea: doméstica, psicológica, sexual,  trata, simbólica frente a la cual las políticas se reducen a lo políticamente correcto y el lenguaje de  “todos y todas” suena a vituperio. La fallida protección se reduce a un  ”imposible poner un policía  para cada mujer”, mejor encerrarlos a todos los presuntos  asesinos y con el perdón de Dios darles la pena de muerte, no vaya a ser que el fiscal los libere para evitar hacinamiento.

El periodista dice: La mataron con diez puñaladas y su colega corrige, fueron hachazos! Y yo tengo hoy algo peor:  La mataron con treinta puñaladas. Las noticias  se centran en el ensañamiento a veces morboso y éste siempre puede ser mayor.  ¿Murió a la primera puñalada o la remataron de muerta? ¿ Vieron los  hijos? ¿La filmaron? Pues, a hacerla viral antes de que algún “consorcio”  borre las huellas y los policías, fiscales y jueces que sabían que esto podría ocurrir, puedan dormir tranquilos.

Ya no basta un número, una estadística en la que  ocupamos el vergonzoso primer lugar, y de la que  no habla el Presidente porque no es “todólogo”. Tampoco actúa aquel  ministro que con entusiasmo proclamaba la última tendencia  para reformar la justicia y ahora la utiliza para perseguir a sus adversarios políticos,  mientras da entrevistas a sus amigas que no le recuerdan que hace poco nomás iba a impulsar una ley para que Vilma o las demás  muertas opten  por seguir conviviendo bajo el maltrato para que no las maten.

“Imposible escapar de esta dura realidad”, diría el poeta cuando imaginaba que las cosas son como son y no hay nada como el tiempo para que se olviden. En Bolivia los tiempos son cortos para el olvido y veloces para la venganza. Hemos olvidado a las víctimas de las dictaduras, a las de Chaparina y tantas más mientras  el gobierno se dedica con pasión a  perseguir sin  investigar  a quienes piensan diferente. Es más, inventa enemigos para acabar con ellos. ¿De las mujeres asesinadas? Ni pío. En Bolivia, no esperamos al sábado, siempre es viernes de soltero y no hay Domingo de Resurrección para las mujeres.

 El tiempo no es lineal,  es simultáneo. Mientras en algún lugar están acuchillando a una mujer, en otro la están violando. A la misma hora las viejas esperan una vacuna haciendo cola con la misma resignación que esperan justicia para sus hijas, nietas y amigas que ya no están. A la misma hora un pinche es despedido por difundir un afiche machista, mientras al otro lado de la mampara, el jefazo - los jefazos-  cometen adulterio, compran sexo, cargan ilegalmente aeronaves y fingen demencia.

 Mientras tanto, uno que funge de presidente se ensaña con los ricos y recibe el aplauso de una pobres mujeres, “perdónalas, porque no saben lo que hacen”.

Para las víctimas todos los días son iguales, aunque siempre puede empeorar. Los victimarios padecen de la misma voracidad que los gobernantes que se dedican a exaltar el odio incubado durante años y no les cuesta mucho inventar armas de tortura antes, durante y después de sus crímenes.

Antes se hablaba de no cruzar ríos de sangre para no pactar con los dictadores. Hoy se cruzan  ríos y riachuelos fuera y dentro de casa, ríos legales e ilegales. Se pacta entre dictadores y aficionados, entre narcovinculados y aspirantes, quieren que el pacto entre mujeres y hombres sea de obediencia y en todos los espacios se cruzan fronteras para mantener lo que hoy es el principal sustento del autoritarismo: el patriarcado convertido en sentido común.


Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.
 

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