Carlos Derpic

La justicia, según algunos masistas

viernes, 16 de abril de 2021 · 05:10

“(…) y en Bolivia hay que hacerlo, no puede haber impunidad hacia los golpistas en el marco del respeto del debido proceso, de los derechos humanos, por supuesto, de las garantías constitucionales, pues tiene que haber justicia”, el exvicepresidente fugado en entrevista a un diario español.

“No puede ser que alguien que instruya apretar el gatillo a los militares ahora quiera desentenderse de la situación”, el que tiene, sin ejercerlo, el título de presidente, en referencia a los procesos armados para establecer responsabilidades por lo ocurrido en noviembre de 2019. 

“Quizá lo mejor era cobrarse por Senkata, Sacaba y otras masacres, pero eso se hace en dictadura, (…)  no en democracia, donde uno busca justicia, pero la justicia es lenta, tarda, pero llega”, un columnista de un diario cochabambino. 

Tres ejemplos clarísmos de lo que algunos masistas entienden por justicia.

Para ellos, este importantísimo valor, el más relevante del Derecho, sin lugar a dudas, es solamente un instrumento de venganza y revancha, para castigar a quienes no piensan como ellos, a quienes osaron reemplazar a los irremplazables. Para infligir el castigo, inventan un supuesto golpe de Estado, atribuyen a algunos de los detenidos el delito de terrorismo y arman casos, como lo reconoció el carnicero de la justicia.

Olvidan que la justicia, definida hace muchísimos años por el poeta Simónides como “dar a cada quien lo suyo”, es una aspiración de la humanidad y ha sido objeto de reflexión por parte de muchos filósofos como Aristóteles, teólogos como Santo Tomás de Aquino, filósofos del Derecho como Rafael Preciado Hernández y muchísimos otros más.

No se detienen a reflexionar en qué consiste lo suyo de cada quien. Les vale un comino que ese suyo de cada quien se entienda como “lo que se le debe al otro, conforme a las exigencias ontológicas de su naturaleza, en orden a su subsistencia y a su perfeccionamiento individual y social” (Rafael Preciado). No les preocupa que Jesús Antonio de la Torre Rangel haya propuesto historizar el planteamiento de Preciado, apelando a Paulo Freire y su afirmación de que el hombre y la mujer deben ser sujeto de su historia y no objeto de la historia de los que tienen circunstancialmente el poder.

Ignoran que el gran jurista argentino Arturo Enrique Sampay dijo que la justicia consiste en que “cada uno debe dar a la sociedad cuanto puede conforme al grado de desarrollo de sus aptitudes productivas, y recibir –según la cantidad y calidad de lo aportado y según sus necesidades- cuanto la sociedad puede darle conforme al grado de desarrollo de sus fuerzas productivas”. 

Les tiene sin cuidado que el teólogo de la liberación Jon Sobrino hable de la justicia recreativa, fundándola en la praxis del Jesús histórico, el Cristo, recogiendo la tradición de los profetas y la idea de que justicia y liberación son sinónimos y diga: “Visto desde el final del proceso, el fin que se pretende es el de la reconciliación universal (…) Pero la reconciliación es por esencia en oposición a la realidad existente. Hacer la reconciliación es entonces hacer la justicia”.

No, ellos han convertido en realidad lo que Marx dijo de la justicia: que es una ilusión, un engaño, un mito. Pero, no al estilo de Marx, que atribuía al Derecho un carácter de clase, sino al estilo de las dictaduras del socialismo del siglo XXI, para las cuales el que disiente, el que no se les somete, debe ser triturado a nombre de la “justicia”. 

 

Carlos Derpic es abogado.
 

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