Agustín Zambrana Arze

¡Evo, el Rasputín de la Revolución inconclusa!

lunes, 19 de abril de 2021 · 05:07

A saber, en el mundo han existido varias revoluciones que cambiaron la vida de la humanidad: Estados Unidos, francesa, rusa, mexicana, china, cubana y la boliviana, todas presididas de guerras civiles con miles de muertos, todas en su momento sirvieron para lograr conquistas sociales como la de Francia, en cambio otras generaron escenarios para encumbrar a dictadores, como la cubana, donde los Castro se hicieron del poder durante más de 40 años.

A una gran mayoría de los bolivianos que ya pisamos los 40 en adelante nos enseñaron en la escuela, incluso en la U, sobre los orígenes y resultados de la Revolución del 52, la revolución Independista de Latinoamérica 1809-1829 se la conoció simplemente como la "Guerra por la Independencia".

La crisis política y social de 2003-2005 derivó en la asunción al poder de Morales, quien además no fue la cabeza de la “revolución”, pero sí llegó apropiarse del trabajo de otros, como bien lo señalaba Felipe, El Malku, Quispe en su momento. Es así que a la fuerza de presión forzó sus continuas e ilegales reelecciones violando la Constitución y con la complicidad de la oposición, desde que asumió el poder, hizo creer a una mayoría relativa que su gobierno traería una revolución democrática y cultural, misma que no encaja en ninguno de los tipos de revoluciones establecidas: económica, política, social, científica, educativa y tecnológica.

La revolución democrática que vendió Morales en sus diferentes campañas no la aplicó ni dentro de su mismo partido, puesto que Evo y Álvaro fueron candidatos en las cuatro elecciones a las que se postularon, "la última, no la aguantó nadie"; las conductas demostradas a lo largo de su vida política, incluida los últimos dedazos de las elecciones subnacionales, son prueba de que la mentada revolución democrática nunca llegó ni llegará.

En cuanto a la revolución cultural, que no la entienden ni comprenden ni sus "inventores", puesto que los cinco departamentos preexistentes desde antes de la formación y creación de la República de Bolivia, ya éramos, somos y siempre seremos diferentes, y esa diferencia nos debería permitir estar unidos, tal como reza el dicho en el arco de la Autopista de La Paz "Unidos en la Diversidad", y en esencia eso somos los bolivianos "diversos", incluso en nuestros mismos departamentos, puesto que existen diferencias entre los mismos pueblos originarios; no son iguales "culturalmente" un guaraní que un chiquitano o ayoreo.

El ser diferentes y/o diversos debería ser una fortaleza, sin embargo, fue utilizada como instrumento de confrontación  social y regional,  para fines personales y electorales, rompiendo y fragmentando más aún la unión de los bolivianos, esa unión que emergió entre 1932-1935 y permitió que emerja la Bolivia profunda, con una integración sellada con la sangre de nuestros soldados en la Guerra del Chaco,

¿Cambiamos los bolivianos nuestra cultura? No, los aymaras siguen siendo aymaras, lo mismo sucede con el quechua, guaraní, lecos y otros; lo que debió cambiar eran las condiciones de vida, salud, educación, vivienda, nada de esto sucedió.

En verdad "material" lo único que se puede destacar de ese plan de gobierno "repetitivo" es la cultura de la confrontación, improvisación, persecución y corrupción;  no respetar el 21F terminó cansando a la población que decidió “parar” 21 días y poner un alto a Morales y al MAS, que, gracias a la pésima gestión transitoria, volvieron al poder. Sin embargo, el descontento hacia Morales y al masismo ha sido ratificado en las urnas el pasado 7 de marzo y el 11 de abril.

Ahora bien, existe alguna duda de que el poder detrás del trono es Morales, hay quienes pretenden compararlo con Grigori Yefimovich, dicen que es el "Rasputín" del siglo XXI, que ejerce de consejero del Presidente, por no decir que es quien manda en el país; algunos dirán que es descabellada la comparación, porque a diferencia del “monje loco”, Evo sí estuvo en el poder; sin embargo, tienen cierto parecido por el concepto que se tiene de ambos: se decía que Grigori era un campesino semianalfabeto, insolente y soberbio,  que se aprovechaba sexualmente de gran parte de la nobleza rusa, que sus consejos no eran de los mejores, que contribuyó a la caída de los zares rusos. En fin, Evo no es "Rasputín", ni Lucho Arce es Nicolás II, pero de seguir sus consejos, el Presidente puede terminar igual que los Romanov, ¡pero qué era Nicolás sin Rasputín!

Agustín Zambrana Arze es abogado, activista y periodista.

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