Diego Ayo

Los militares en el golpe de Estado en Bolivia

miércoles, 21 de abril de 2021 · 05:10

Para que haya un golpe de Estado debemos tener una camada de militares dispuestos a poner en marcha una (nueva) era autoritaria. ¿Hemos tenido a ese grupo anti-democrático en las fuerzas armadas dispuesto a emprender este “robo constitucional” y dar el susodicho golpe de Estado? El gobierno de Luis Arce ha dicho que sí. El profesor Franz Barrios Suvelza, en una entrevista que le realicé, niega esta posibilidad dando a conocer un conjunto de razones:

Uno, se afirmó que los militares exigieron la renuncia del presidente Morales como prueba de su delito. “Por favor, renuncie”, le pidieron con una educación que solo escondía el disimulo al emprender esta determinación profundamente antidemocrática. ¿Es cierto? Claro que no: antes de que los militares se pronunciaran pidiendo la renuncia de Morales, el mismo dirigente máximo de la COB, Huarachi, ya lo había hecho. Los militares “solicitaron” la renuncia al día siguiente de esta proclamación popular. 

Dos, el presidente de entonces, Evo Morales, ni siquiera menciona al Comandante de la Fuerzas Armadas, el señor Kaliman, en su carta de renuncia. ¿No es gracioso? Si alguien te asalta en la calle, es obvio que lo primero que vas a intentar hacer es conseguir el nombre del asaltante. Si algún militar te da un golpe de Estado, no hay duda que la reacción más inmediata y obvia que debió tener Morales hubiese sido señalar al señor Kaliman como el golpista. Jamás lo hizo. Meses después, Morales tampoco menciona al jefe máximo de las Fuerzas Armadas, en su libro Volveremos y seremos millones, como culpable del boicot anticonstitucional para darle el mentado golpe de Estado. ¿Qué tal? Has contraído matrimonio y no sabes ni siquiera cómo se llama la novia.

Tres, ningún militar tomó siquiera un puesto en el gobierno de Jeanine. Como usualmente decimos, ¡no agarraron ni una sola pega! Los golpistas habrían dado el golpe ¡sin exigir nada! ¿No sería sensato que las fuerzas armadas coparan ministerios, direcciones departamentales y, sobre todo, embajadas yéndose con sus familias a destinos elegidos por el Estado Plurinacional, Roma, Tokio, Buenos Aires? ¡Claro que sería sensato!: tomas el Estado no para regalarlo. Imagínense ustedes dar un asalto al Banco Mercantil para darle toda la plata robada a los policías que custodian el banco. Opa, ¿no? ¡Nadie lo haría!: si robas, es seguro que lo haces para ti.

Para colmo, la presidenta Áñez relevó al Comando General “golpista” después de tener éxito “golpeando”. ¿Quéee? Sí señor, los despidió pidiendo que se vayan a sus casas sin hacer lío. ¿Qué tal esos golpistas? Se mandan semejante desmán antidemocrático ¡para irse calladitos al retiro!

Cuatro, no se menciona jamás que Kaliman estuvo respaldado por la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas al pedir la renuncia del presidente Morales. Franz Barrios Suvelza me dejó en claro que la solicitud de la renuncia es una facultad legal de los militares. No exigen la renuncia. Tan solo protegen al país de la hecatombe a la que pudimos descender. Téngase en cuenta que Morales no quería saber de irse. ¿Pudo haber ordenado el asesinato de bolivianos? Claro, tal como sucedió en Nicaragua o Venezuela. El verdadero golpe estuvo en la cabeza (y las ganas) de Evo Morales. No pudo por la conducta honrosa de los militares.

Cinco, no se dice el dato histórico más preciado: durante 39 años los militares no intervinieron en la política boliviana. Este dato es sensacional. Imagínense ustedes: los militares hace 39 años se fueron de la política nacional. Se retiraron por una cuestión de disciplina altamente ponderable. He ahí el nombre y recuerdo del presidente Guido Vildoso, enseñando a sus camaradas la senda correcta de la historia: aquella pavimentada por la democracia. ¿Por qué pues lo habrían hecho ahora?

Se miente de forma vulgar, poniendo en entredicho a este actor que, más allá de las debilidades y errores históricos cometidos a lo largo de casi cuatro décadas desde la recuperación de la democracia, mantuvo una actitud de innegable compromiso democrático. ¿Por qué no lo dicen los propios militares? ¿Por qué dejan que se los humille? No lo sé, pero cabe poner sobre el tapete la injusticia.

 

Diego Ayo es politólogo.
 

 

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