Luis F. Sánchez Guzmán

No son sólo palabritas

miércoles, 28 de abril de 2021 · 05:10

Muy interesantes y acertados los criterios del politólogo Diego Ayo -persona que aprecio por su talento y admiro por su coraje- en un artículo publicado en Página Siete, referente al supuesto “golpe” contra el gobierno de Morales. El evento, endilgado con evidente descaro e injusticia a la institución castrense, es motivo del razonamiento de Ayo, quien, en pura lógica, acaba preguntándose: “¿Por qué no lo dicen los propios militares? ¿Por qué dejan que se los humille?”

Preguntas candentes como brasas son esas. Y merecen respuesta, así sea escarbando sucintamente entre rescoldos.

El artículo 18º de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas (LOFA) es taxativo al imponer que éstas: “… No deliberan y están sujetas a la CPE, leyes y reglamentos militares…”. He aquí la primera palabrita: “deliberar”, que supone debate de opiniones en una entidad con miras a tomar decisiones mediante el voto. Obvio que los deliberantes deben estar legalmente habilitados.

Deliberan los diputados para tratar una ley; deliberan los concejales municipales; los directorios de empresas y hasta los miembros de la directiva de un club social. No formando parte de ninguna instancia deliberante en el aparato del Estado, no pueden pues las Fuerzas Armadas, por simple razonamiento silogístico, deliberar ... 

¿A qué se refiere entonces lo expresado en el Art. 18?... Pues, a su ámbito interno. En las reuniones militares en que se analiza y debate soluciones a los problemas no hay voto. No existe mayoría mandante. El comandante puede aceptar o no las ponencias, por masivas que sean. Es su facultad en aras de la jerarquía y disciplina. “El comandante es el único responsable de lo que haga o deje de hacer su unidad”, es el axioma básico de un Estado Mayor, aquí y en Cochinchina.

Queda claro, entonces, que deliberar externamente no pueden, por simple ubicación organizacional; como tampoco internamente por verticalidad disciplinaria. Dicho de otra forma: no existen decisiones votadas, colegiadas ni grupales, entre los uniformados. Pero… ¿opinar?... Eso sí, pueden. ¿Cómo así?...  ¿No es, acaso, que les está prohibido a sus miembros opinar públicamente sobre asuntos políticos?... Cierto, la LOFA lo prohíbe a todos… menos a uno: el Comandante en Jefe, en su Art. 40: “El Comandante en Jefe tiene las siguientes atribuciones y responsabilidades: (…) b. Ser portavoz de las decisiones y recomendaciones de las Fuerzas Armadas. Surge así otra palabra para análisis: “portavoz” (representante de un grupo para transmitir ponencias) aunada a la responsabilidad neta de un comandante para velar por los intereses e integridad moral de la institución a su mando. Es obligatorio, no voluntario, evitar maltratos y humillaciones a sus subordinados, así le cueste el cargo.

El general Kaliman, conforme opina el articulista, “estuvo respaldado por la LOFA al pedir la renuncia del presidente Morales”. No fue así en realidad. Independientemente de su afán a disfrazarse con ponchitos rojos, lluch’us y guirnaldas de coca (como varios antes, para congraciarse con el mandamás), Kaliman no “pidió” ni solicitó tal renuncia, la recomendó o sugirió en reunión de análisis formal. Otra vez acudiré a la LOFA (Art. 20) en referencia a sus responsabilidades fundamentales: “b. Analizar las situaciones conflictivas internas y externas, para sugerir ante quien corresponda las soluciones apropiadas. “Trátase otra vez de palabritas, dejando claro que “recomendar” o “sugerir” en el marco de la coordinación metódica institucional son términos diferentes a “pedir” o “solicitar”.

Algunos ejemplos. En noviembre de 2002 se recomendó “tomar previsiones ante el probable estallido de un violento motín policial a inicios de 2003”, el gobierno dejó de lado la sugerencia y sobrevino el “Febrero Negro”. Meses después, ante consulta del mismo gobierno, las Fuerzas Armadas recomendaron “no considerar la exportación de gas por puertos chilenos (…) posible estallido de violencia incontrolable”. Otra vez vana la recomendación hasta octubre de 2003, cuando ya con decenas de muertos, el Comando en Jefe solicitó a Sánchez de Lozada “pacificar el país mediante decisiones políticas, toda vez que la institución no estaba dispuesta a continuar con las acciones violentas”. Resultado: renuncia y fuga el mismo día; pero sin que a nadie se le ocurra acusar de “golpe” a las Fuerzas Armadas.

En noviembre de 2019, la sola sugerencia militar de renuncia provocó el escape de Morales, muy diferente a octubre de 2003 en que sí hubo solicitud (implícita) de renuncia. En ambas situaciones, si hubo golpe de Estado éste no fue hecho por (o para) los militares, sino por otros actores.

Palabras más, o menos, ¡cuán importante es, a veces, entenderlas con precisión!

 

Luis F. Sánchez Guzmán es general de la República en servicio pasivo.
 

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