Marianela Díaz Carrasco

Contra-pedagogía de la violencia

sábado, 3 de abril de 2021 · 05:10

La pedagogía de la violencia y sus discursos de odio se han mimetizado en nuestra sociedad. Pareciera que se quiere minimizar al máximo la autonomía de pensamiento. Los espacios de opinión y análisis tienen vigilantes múltiples que operan bajo la amenaza explícita o tácita: “están conmigo o contra mí”. Las redes sociales que, también, probabilizan espacios de deliberación y ciudadanía digital como parte de las ciberdemocracias (en plural) están siendo permeadas por discursos alineados, disciplinados y disciplinadores.

Los mecanismos de disciplinamiento social se dejan ver de forma muy clara en los intercambios “espontáneos” o deliberados de las redes sociales, campo de abierta impunidad. En este se cristaliza el éxito de la narrativa de polarización que pretende afianzar dicotomías infranqueables, negadoras de toda historicidad y proceso de complejidad sociocultural, política y/o de clase. La narrativa que por repetición recrea “realidad”, afianza ideas dogmáticas sobre hechos sociales, invisibiliza lo escrito, debatido e investigado sobre esta sociedad en la que se superponen diversas formas organizativas sociales, económicas y políticas. En las dicotomías, se remarca y enmarca una división desde la superficie de la historia reciente entre disciplinados partidarios e indisciplinados, disminuyéndolo todo a las etiquetas simplificadoras “masista” o “pitita”.

A partir de dichas etiquetas, que operan como significantes vacíos, van afianzando un antagonismo con base en castigos, prejuicios y estereotipos, manifestaciones que evocan el deseo de eliminación de las y los “otros”. La narrativa dominante pretende orillar las adherencias, los discursos de forma arbitraria a una u otra etiqueta, cualquier desviación fuera de la “norma de polarización” se constituye sospechosa. Las búsquedas de conciliación, la visibilización de tensiones, luces y sombras de los actores y sus trayectorias políticas contradictorias, además de sus antecedentes de vinculación al ejercicio de violencia estatal u otro tipo de violencias; es decir, un mínimo ejercicio de memoria informada será leído a la luz de estos “bandos” inexistentes en su estado puro, pero exitosamente recreados en las redes sociales (y en otros ámbitos).

Si bien, tradicionalmente en la política partidaria opera la lógica amigo/enemigo, esta enemistad se reproduce por muchos cibernautas que asocian con el “enemigo” a toda persona que pretenda encontrar un cauce de acercamiento. Es así como la despolitización y el profundo vaciamiento del horizonte de los proyectos políticos es creciente. La pedagogía de la violencia es hoy constitutiva de la pedagogía social, entendida como los discursos y praxis cotidianas que reproducen los niños y niñas, jóvenes, adultos, las familias, los medios masivos, los ciberespacios estables y los creados explícita y coyunturalmente para ahondar diferencias.

Es fundamental salvaguardar los debates y las demandas pendientes de las etiquetas estratégicamente alimentadas para la profundización de las divisiones sociales, que fragmentan y cooptan. La dicotomía “masista/pitita” nos distrae de los procesos de avasallamiento territorial y las prácticas neoextractivas, de los casos de niños, niñas y mujeres violentadas y violadas, la contaminación ambiental y el biocidio, impunidades en niveles diversos, corrupción afianzada en el Órgano Judicial, el derecho a la salud y sus precariedades estructurales, entre otros temas. Es imprescindible disputar y visibilizar otras agendas que conforman una contrapedagogía de la violencia. La recuperación de trayectorias de lucha y construcción colectiva deben reinsertarse en la pedagogía social y sus espacios posibles: las calles, las plazas, las familias, las organizaciones sociales, las escuelas y universidades públicas y privadas, especialmente estas últimas pueden y deben ser campos emancipatorios de pensamiento autónomo que logren desvincularse de las etiquetas fáciles y reduccionistas.

Marianela Díaz Carrasco es investigadora y docente universitaria.

 

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