Juan Francisco María Bedregal Villanueva

Sucesión prelación y orden en los juicios del fraude electoral-golpe de Estado

sábado, 3 de abril de 2021 · 05:07

Quienes somos peatones de la política, no contamos con poderosos partidos políticos ni sindicatos ni pretendemos entrar en contienda por no ser precisamente la política la más edificante actividad, en estos tiempos de pandemia, el término mismo de la política se ha convertido más allá de las nobles expresiones del Diccionario de Lengua Española en sinónimo comprobado de corrupción, discrecionalidad, ventajismo, nepotismo, ignorancia, oportunismo, soborno, podredumbre espiritual y moral, pedofilia machismo y demás equivalencias.

Habiendo otras oportunidades de existir sin deterioro de la cosa pública ni del espíritu personal, arriesgamos lo que tenemos y vivimos de nuestro trabajo, nos resulta del todo sorprendente lo que ahora estamos viviendo, y no podemos callar, la vigencia de las más bajas pasiones, el rencor, la vendetta y el odio, la construcción de un racismo basado en un discurso que no cuadra con los hechos facticos, como apresar y torturar psicológicamente a la expresidente, a todas luces, primero por ser mujer, misoginia; segundo por irreverente, cobardía, y, en tercer lugar, por haber cumplido con su responsabilidad histórica, envidia.

Ojalá utilizáramos la misma vara para todos quienes han ocupado altos cargos en el Estado y no han cumplido, incurriendo precisamente en contrariar el espíritu de las leyes y las tradiciones de prelación en la sucesión, haciendo escarnio con el rol que les encargamos. Tipifican como delito el haber asumido la Presidencia cuando no había quién lo hiciera, un sinsentido ¿No es acaso peor delito y responsabilidad constitucional  rechazar la sucesión establecida? ¿No es acaso la misión del Vicepresidente hacerse cargo y suplir al Presidente cuando éste, por circunstancias personales de salud física o moral, se ve imposibilitado de seguir al frente?

Entonces nos preguntamos ¿seguirá siendo legítimo tener un Vicepresidente si a la hora de la hora no contamos con él? Imaginemos qué habría pasado si cuando Goni fugó del país, igual que Evo Morales, el señor Carlos de Mesa no hubiera asumido la responsabilidad histórica que le tocó.

Antes de iniciar un juicio contra la señora Añez, debería iniciarse juicio a las exautoridades, a saber: al señor García Linera, a la señora Salvatierra, presidente del Senado, y al señor Borda, presidente de la Cámara de Diputados, ¡Y no lo hicieron! Porque si la señora Añez tomó el mando de la nave del Estado lo hizo por la negligencia de quienes tenían obligación en la prelación de la condición y, por tanto, mayor responsabilidad para conducir el país en un momento de crisis dramática a raíz del levantamiento popular en rechazo, primero, a un referéndum vinculante y luego a un fraude electoral de proporciones inocultables. Ambos hechos también prefiguran otro juicio de responsabilidades.

Honores y deshonores están en directa proporción, la prelación en la sucesión presidencial es primero al Vicepresidente, y la deshonra o juicio de responsabilidades también le toca en esa misma relación de prioridad, le seguirá a la presidencia del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados, sólo la primera vicepresidencia de la Cámara de Senadores está libre de ese pecado, el romper este esquema y enjuiciarla, saltándonos del resto es simplemente revancha inaceptable, obsecuencia partidista.

La continuidad institucional es un imperativo, es como el corazón de un organismo vivo, no puede dejar de funcionar, ni quedar acéfalo; negarse a cumplirlo tiene connotaciones jurídicas que no han sido todavía discutidas, y la gravedad consiste en que al señor García Linera lo tuvimos por 14 años para eso, se le llenó de honores, de tanta distinción, ha vivido en un palacio de máxima arquitectura, y ha sido remunerado con los recursos de los contribuyentes y no habiendo cumplido con el mandato, mínimamente debería devolver esos salarios, además de las consecuencias constitucionales, que pueden ser aún más graves, por lo que amerita un juicio. Porque además, al señor García Linera nadie le sugirió que renunciara,  tal vez el jefe de su partido, lo que quiere decir que en lugar de seguir las leyes del Estado, siguió pies juntillas el mandato de su partido ¡Decepcionante!

La lógica de la ley y de la Constitución debería primar en las grandes decisiones de los hombres que se atreven a tan delicada misión, esta manifiesta resistencia al mandato constitucional raya en lo ilegal, y es imputable no sólo al segundo hombre de la sucesión constitucional, sino que la señora Salvatierra, presidente del Senado, que estaba llamada a dar una lección de hombría al señor Linera, pero siguió el mismo libreto irresponsable y sumisión estalinista, porque a ella tampoco nadie le dijo que se fuera. Imaginémonos que la señora Lidia Gueiler Tejada hubiera dejado al país en vilo, actuando con la misma cobardía ante un país que, al igual que en octubre, supo derrotar al inquilino fugaz del Palacio Quemado, en noviembre del 79, el señor Natuch Busch. Sin duda,  la lista de juicios es antes de Janine Añez.

Y no otra cosa le debería esperar al señor Borda, expresidente de la Cámara de Diputados, pues el ejemplo de la señora Lidia Gueiler Tejada también le cae como guante, ya que aquella asumió su rol a la cabeza del Estado siendo como fue, presidente de la Cámara de Diputados, pero esos eran otros tiempos, donde el jefe era sólo eso. La diferencia entre ser militante y ser un secuaz es la hidalguía y el libre albedrío, la responsabilidad y la valentía, que son desconocidos y castigados en ese medio en donde el único mérito es el  denigrante “llunquerío”. Borda también precede a la señora Añez en juicio de responsabilidades.

Pero ¿qué pedagogía destilan en estos grandes mandatarios del Estado, con estas bravatas contra la ley de sucesión? que el Estado y su ley no existe, lo que existe es el partido. Lo que cuenta no es el soberano ante quien se jura solemnemente, sino el caudillo; son sólo fichas, que están ahí sin ningún mérito reconocido socialmente, y, por tanto, están obligados a cumplir los mandatos a ciegas, como lo dice sin ambages el también autoritario presidente mexicano, al referirse al único mérito que deben tener sus ministros. “confianza ciega…” y que la minoría no tiene ningún derecho, la ley no es para ellos, sólo los dos tercios son bolivianos.

Por eso los pensantes no quieren hacer política, porque no están dispuestos a empeñar su opinión por un plato de lentejas, pero eso no significa que nos van a meter los dedos a la boca, ni nos vamos a quedar al margen; ni nos van a convencer de que hubo un golpe de Estado, porque lo vimos, nadie nos contó, nadie nos instruyó a levantar la mano; la verdad no es una palabra hueca, no es simplemente una cuestión semántica. La mentira, en cambio, no tiene pies, sino patas cortas, y aquí todo es posible. Las leyes no existen, las hacen en la marcha por mayoría y al calor del odio y la venganza.

Juan Francisco María Bedregal Villanueva es arquitecto.

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