Rolando Morales Anaya

Posverdades, falacias y galimatías

domingo, 4 de abril de 2021 · 05:08

En el debate fraude versus golpe abundan los sofismas, entre ellos  está la disyuntiva entre golpe y fraude, categorías que no son excluyentes, pues pudieron ocurrir las dos. La intención de generar confusión tiene que ver con la voluntad de relanzar el debate: unos quieren demostrar que hubo golpe y los otros que hubo fraude, sin que se encuentre nada que haga pensar que pudieron ocurrir ambos, ni tampoco cuál será el paso siguiente una vez concluido el debate.

Las dudas sobre si hubo golpe de Estado emergen del derrocamiento de Evo Morales en tres tiempos: se inició con grandes manifestaciones callejeras de los jóvenes, posteriormente llamados pititas, que reclamaban por lo que aparentemente era un fraude, sin la intención de derrocar al gobierno. En un segundo tiempo, las cúpulas militares y policías hicieron presión sobre el gobierno para que renunciara acuciados presuntamente por el Comité Cívico de Santa Cruz. En un tercer tiempo se creó un vacío de poder que hizo posible la intervención de políticos, curas y diplomáticos para conformar un nuevo gobierno, habiendo elegido a la señora Añez para presidirlo.

Todos parecen narrar los hechos parcialmente. Los que dicen que este proceso no se llama golpe de Estado tienen como asidero la rebelión de los jóvenes en el primer tiempo que no buscaba derrocar al gobierno; mientras que los que afirman que hubo golpe se basan en la intervención de policías y militares en el segundo tiempo que “sugirieron” al Presidente abandonar el poder. El tercer tiempo da pábulo a los que sostienen la tesis de la sucesión constitucional, discutible desde el punto de vista legal, pero aceptada de facto teniendo en cuenta el vacío de poder. Aquí se inscriben los que participaron en la reunión de la UCB, pero no solamente ellos.

Sobre el uso extensivo de la palabra fraude habría también que precisar que pudo haber fraude en la administración del voto ciudadano, pero que no concluyó en la formación de un gobierno fraudulento, es decir, en un gobierno que fuera resultado de ese fraude pues el gobierno anuló las elecciones y prometió comenzar de cero. Fue en ese momento que Evo fue presionado para irse. Decir que el gobierno se fue de buena voluntad y de puro gusto es absurdo pues las presiones y amenazas que lo obligaron a hacerlo fueron fuertes.

La pregunta que inquieta es saber qué es lo que quieren los unos y los otros al volver a poner en el debate eventos ocurridos hace más de un año. Los que sostienen la tesis del golpe, posiblemente buscan penalizar a sus autores, ¿a cuáles?, ¿a los pititas, a los policías y militares, a políticos, curas y embajadores? Tendrán que hacer una selección que puede ser discriminatoria y criticada por la opinión pública. Como ejemplo de la discriminación, se puede mencionar la detención de Jeanine Añez cuando posiblemente hay actores más importantes en los hechos en los que se le imputa. Pero, la pregunta importante es ¿qué ganan los que relanzan el debate sobre el golpe de Estado? Un periodista un poco destornillado hizo correr la falacia de que con eso alguna gente del MAS busca derrocar al Presidente Arce para facilitar el regreso al poder de Evo Morales, algo que es inverosímil.

A su vez, ¿que buscan los que insisten en que hubo fraude? Ya se anuló el proceso eleccionario presuntamente fraudulento, hubo un gobierno de “transición”, se volvió a votar y se eligió sin fraude un nuevo gobierno. ¿Buscan retroceder al pasado?,  ¿con qué objetivo? Bueno, alguien me dijo que era sólo para aclarar un hecho histórico, si es así, habría que dejar de echar leña al fuego.

Están también los que insisten en que la designación de la señora Añez estuvo acorde con la sucesión presidencial prevista por la CPE. ¿Para qué relanzar esta cuestión?, que haya sido así o no, qué importancia tiene pues los hechos están consumados. En el caso en que se demuestre que fue una violación a las leyes, ¿se podría anular todos sus actos como Presidente, incluyendo la convocatoria a elecciones 2020? No lo creo.

En suma, no tiene sentido volver a referirse al golpe y al fraude, sobre todo en términos que hieren la lógica y siembran temor sobre los pasos siguientes de los que relanzan el debate. 

Por el contrario, hay otros eventos que ameritan atención. A los pocos días del cambio de gobierno, ocurrieron las masacres de Senkata, Sacaba y Huayllani. Estos hechos violentos y sangrientos requieren ser investigados y se debe juzgar a los culpables. Hay gente, sin embargo, que por inocencia, por ignorancia o mala fe, sostiene que los alteños querían poner dinamita a la planta de Senkata y que los manifestantes se mataron entre ellos. Se debe investigar también los actos de violencia vandálica ocurridos en el sur de la ciudad de La Paz.

 

Rolando Morales Anaya es economista.

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