Juan Pablo Guzmán

La nostalgia por el teletipo

lunes, 10 de mayo de 2021 · 05:10

Como si fuera una partícula de memoria congelada en todos los relojes del tiempo, aún recuerdo con frescura el momento en el que germinó la decisión de dedicarme al periodismo: la visita  a un lugar fantástico, ante el cual, para mis sensaciones infantiles, Disney Word o cualquiera de las maravillas del mundo parecerían lugares desportillados, grises y abúlicos.

Tenía menos de 10 años de edad cuando mi padre, periodista, me llevó por primera vez a conocer el lugar donde trabajaba, la mítica Radio Nueva América (RNA). Nunca sabré si lo hizo con la intención de deslumbrarme con los artilugios y las herramientas de su profesión o por el dulce gesto de tenerme cerca. O quizás por ambas cosas. Pero cualquiera haya sido la génesis de su decisión, el resultado fundó mi futuro.

Con el mismo destellante asombro con el que  Aureliano Buendía conoció el hielo, guidado también por su padre, en mi visita a RNA hicimos una primera escala en la sala de redacción, donde  el tecleo de las máquinas de escribir que fabricaban noticias llenaba el ambiente de burbujas rítmicas y sonoras. 

Pero ese concierto informativo palideció en ritmo cuando ingresamos a un pequeñísimo cuarto en el que una máquina alucinante escribía sobre un rollo de papel infinito, sin acción humana. Era el teletipo, en ese entonces la tecnología más avanzada, que con un sonido enloquecedor imprimía  las noticias del mundo de alguna agencia informativa, e incluso activaba una campanilla todavía más sonora al llegar una novedad “urgente”.

La siguiente escala de nuestra visita fue el corazón de la radio: su cabina de locución. Allí un operador manejaba cintas, discos de vinilo, botones y la luz roja de “Al aire” con la elegancia de un mago y la precisión de un cirujano. Y frente a él, tras un cristal invisible, dos personajes deslumbrantes: locutores que contaban las noticias con  voz y espíritu impecables, sin par.

Hoy, décadas después, justo cuando en este 10 de mayo recordamos el Día del Periodista Boliviano, la atmósfera del periodismo ha cambiado significativamente hasta casi evaporar esa indescifrable mezcla de  magia, entrega, pasión y profesionalismo que caracterizaba a las figuras más altas de nuestro periodismo, pero también a muchos de sus obreros.

Las nuevas tecnologías y las computadoras han reemplazado para bien el centellante ruido de los teletipos y el frío y mecánico ruido de las grabadoras de cinta,  pero también parecen haber adormecido, en muchísimos casos, el encanto y la misión que deben inspirar a la  profesión.

No se trata de, abrazados de la  melancolía, ver el pasado con el gesto del abuelo que de tiempo en tiempo revisa las fotografías de su baúl de recuerdos para concluir que toda era pasada fue mejor. No. La claridad de los sentidos y un afán de permanente reflexión conducen siempre a observar con más certeza lo evidente, y , en este caso, a constatar que en el presente buena parte del periodismo abraza la frivolidad con frenesí, sobre todo en la televisión, relegando al olvido la pulcritud del trabajo, el rigor en el manejo de géneros y la exigencia de calidad; tal como se guardaron o desecharon las viejas máquinas de escribir.

Y lo que es peor: en muchos casos el periodismo  ha perdido su irreverencia al poder, sin la cual el periodista deja de ser tal y se convierte en un relacionista público que ofende a los principios éticos la profesión, aquellos que la convierten quizás en el servicio más importante de una sociedad. 

Nadie puede hacer más daño al periodismo que aquellos “periodistas” que prefieren disfrazar la verdad antes que manifestarla, rifar su conciencia al mejor postor,  alquilar su palabra al poder de turno y trivializar la profesión hasta el ridículo.

Pero, también, nadie podrá enaltecer mejor ese trabajo que otros periodistas, aquellos que alejados hoy del romántico ruido del teletipo y armados con nuevas herramientas, un celular, una tableta y una cámara digital, cuentan historias con la misma fidelidad de nuestros viejos maestros, aquellos que nos enseñaron a amar los valores del periodismo. Felicidades a todos ellos en su día.

 

Juan Pablo Guzmán es periodista.
 

 

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