Jhanisse Vaca Daza

De lo que nadie habla: narcotráfico y medioambiente

miércoles, 12 de mayo de 2021 · 05:12

El aumento constante del narcotráfico en la zona de la Chiquitania es innegable. El riesgo que corre quien se atreva a denunciarlo también lo es. A medida que la época de incendios se acerca de nuevo (inicia en julio), guardaparques y grupos ambientalistas vemos con preocupación los pocos cambios a nivel legal y operativo que el Gobierno ha hecho para prevenirlos. 

Pese al riesgo que implica, también se debe exigir mayor acción respecto al narcotráfico, ya que su impacto en nuestras áreas protegidas y rol en los incendios pasados es un tabú apenas discutido. En la medida que el narcotráfico siga siendo un tema silenciado por temor en el debate medioambiental, no será posible siquiera soñar soluciones integrales a la pérdida de biodiversidad en Bolivia. No podemos hablar de defensa de nuestros bosques y pueblos indígenas ignorando que el narcotráfico es un factor económico, político y operativo importante en su destrucción.

Esta semana se encontraron dos megalaboratorios de droga que producían hasta media tonelada de cocaína por día en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, área natural declarada Patrimonio de la Humanidad. Reportes indican que han habido hasta cuatro vuelos ilícitos saliendo de la zona en un solo día, y pobladores indican el constante flujo de avionetas en dirección a Brasil. 

Al mismo tiempo, el control de vuelos es nulo debido al mismo factor que contribuye al poco control de los incendios: la falta de presencia, coordinación y control del Estado en zonas rurales. La débil institucionalidad del país se traduce no sólo en sistemas de salud, control medioambiental y gestión municipal débil. Esta ausencia de instituciones en conjunto con nuestro profundamente débil Estado de derecho también es una invitación al narcotráfico a operar en nuestras desprotegidas reservas ambientales. 

Dado el amplio poder del narcotráfico en áreas naturales, el Gobierno debería redoblar el apoyo a los guardaparques, pero la realidad es totalmente opuesta. En enero de este año, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas realizó un despido masivo de jefes de funcionarios medioambientales, incluyendo a 17 de 22 jefes de áreas protegidas y numerosos guardaparques. 

Este pasado 26 de abril, la Asociación Boliviana de Guardaparques y Agentes de Conservación (Abolac) se declaró en emergencia dada la falta de ítems, presupuesto y sueldos por parte del gobierno central. En el documento los guardaparques indicaron que dada la ausencia de respuestas apropiadas del Estado, peligran no sólo sus vidas sino la de sus familias ante la “desprotección total” de las áreas protegidas.

La mejor forma de solucionar los incendios masivos en nuestro país es prevenirlos. Tal prevención será efectiva sólo con instituciones fuertes y la coordinación de los distintos niveles del Estado. Debe haber una coordinación fluida entre el gobierno central, la gobernación y los gobiernos locales. Sin embargo, muchos funcionarios a nivel local están hoy amenazados por grupos narcotraficantes, como han contado a la prensa. En el caso de la Chiquitania, distintas autoridades han admitido a periodistas tener temor a los carteles colombianos que operan en la zona y, por lo tanto, prefieren guardar silencio, por su seguridad y la de sus familias. 

Quienes fuimos voluntarios en las zonas de incendios conocemos las historias de narcotraficantes amenazando a bomberos e impidiendo su trabajo en lugares donde, asumimos, tenían fábricas de droga. El hallazgo de fábricas en el Parque Noel Kempff Mercado, zona donde llegaron los incendios el 2020, confirma estas historias. 

Si hay una verdadera voluntad de frenar el fuego este año, tanto el Gobierno central como las gobernaciones deben tomar acción contundente respecto al narcotráfico. De igual forma, los grupos ambientalistas debemos asumir nuestro rol exigiendo acción frente a este tema. El cambio que exigimos tiene que hacerse en base a análisis completos, incluyendo los temas que nadie desea tocar. La valentía es necesaria para crear cambios reales.


Jhanisse Vaca Daza es activista de derechos humanos y noviolencia, cofundadora de Ríos de Pie.
 

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