Ricardo Aguilar

De cómo Héctor Arce escupió una sarta de mentiras en mi contra

lunes, 17 de mayo de 2021 · 05:11

El nuevo embajador de Bolivia en la OEA, Héctor Arce, dijo en una entrevista a La Razón alegrarse de aclarar el tema del juicio por espionaje y revelación de secretos de Estado que interpuso en mi contra por mi artículo titulado: “De cómo en la demanda marítima triunfó la idea de los actos unilaterales”.

Dos cosas quedaron claras: que esputó una maraña de mentiras y la función diáfana de la entrevista; que La Razón, por quién sabe qué, necesitaba justificarse, dar palestra, de aquí en adelante, a su fallido agresor.

En ese producto comunicacional, Arce celebró con desfachatez que lo que él llama una “incomprensión” haya sido superada, como si pudiese haber malentendido en su pedido de que se me obligue a revelar mis fuentes en off y, luego, se me aplique el mayor castigo del sistema judicial: 30 años de cárcel, sin derecho a indulto.

No hay satisfacción mínima. Al contrario, Arce reiteró que en mi acto de periodismo hubo un delito: (el juicio) “era para evitar que, en el futuro, o en el trámite de esta demanda (la marítima) o las demandas que el Estado intente, se cometiera este tipo de tema, (…) esta situación de comentarios que pueden afectar los objetivos estratégicos supremos de un Estado”. Arce jamás probó que mi escrito haya sido nocivo, mientras que su persecución judicial sí socavó la demanda en el escenario mediático y político: en Chile batían palmas.

Luego, tuvo la cobardía de decir que el proceso ( de extorsión judicial para que revele mis fuentes) lo instruyó el Ejecutivo, FALSO. La verdad es que el exprocurador entró en pánico creyendo que sus colegas lo señalarían como “infidente”. Por ello, decidió curarse en sano y “calentó” el oído al expresidente Morales, un insaciable-lector-de-periódicos. La razón de sus miedos era que, en ese número de Animal Político, mi compañero, I. Bustillos, publicó una entrevista a dos páginas del hoy embajador.

Arce afirmó que la Procuraduría accedió a que el proceso pase a Imprenta por el pedido de la defensa y de Carlos Mesa, que no lo obligó ningún juez: FALSO. Benavente dijo que ese tránsito se debió a la labor de los abogados que contrató la empresa: impreciso.

Si esquivamos la decidida guadaña de Arce mediante una orden judicial fue por la acción política coordinada de la Asociación Nacional de Prensa y su cabeza, el entrañable Juan León Cornejo. Se combinó la movilización en las calles de las capitales y las voluntades individuales (incluso de miembros de la élite del MAS) de líderes de opinión que desgastaban el acto totalitario de Arce.

Mientras simulaba respeto a los periodistas y señalaba que “no sabía” que el juicio había quedado en un peligroso limbo, Arce se atrevió a decir: “Eso muestra la ineficacia de la Ley de Imprenta”.

Luego hizo una pantomima con la que expresaba su respeto hacia mí, mientras fingía no recordar mi nombre. Estimo que, tras leer este texto, lo ignorará; como ignorará su deber de hacer una satisfacción pública por haber mellado mi nombre expresando mi inocencia por los delitos inventados.

Tampoco pedirá disculpas por haber puesto en riesgo mi vida, en un momento en que el clima antichileno era tal, que cualquier persona que no haya leído mi inofensivo artículo podría haberme agredido.

Pueden dar fe de mi compromiso obsesivo por la reintegración marítima todos los excancilleres, expresidentes y diplomáticos que conocen mi trabajo.

Podría mostrar al abogado de la empresa pirata chilena Quiborax ¿dije abogado de Quiborax?, disculpe el lector mi error, Arce no fue abogado de los falsarios. Decía, puedo hacer conocer a Arce todo el daño que me hizo compartiéndole las amenazas que me hacían personas alentadas por su calumnia y  la amplificación que hicieron ministros y asambleístas masistas de entonces, quienes repetían las palabras: “espía prochileno”, para referirse a mí.

Que La Razón haya pasado por alto estas cuestiones y haya abierto la puerta a quien quiso ser su verdugo es lamentable.

 

Ricardo Aguilar es ensayista.

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