Lupe Andrade Salmón

El sol sobre las cumbres

miércoles, 26 de mayo de 2021 · 05:11

Anteayer, lunes, había escrito una columna nublada como el día.  Oscurecida con aprehensión; sermoneadora y temerosa de la tormenta que se veía venir desde un altiplano implacable, instaba a mis lectores, como párroco a sus fieles, a no dejarse vencer y a luchar para que todos obedezcan las normas de salud, ayudando a la sobrevivencia de los seres humanos y del país.  Verdades, aunque trilladas.  Todos, hasta los más inconscientes en actitud, sabemos que estamos en la punta del fulcro, y que debemos hacer todo lo posible para que retornemos a una nueva normalidad que nos permita libertad, amor, felicidad, y sueños hacia el futuro.

Pero ayer, martes por la mañana, el día amaneció glorioso.  El sol brillaba sobre las cumbres,  las gaviotas revoloteaban sobre el agobiado Choqueyapu, las palomas, como viejas chismosas, arrullaban en grupos sermoneadores; un halcón sobrevolaba escogiendo su alimento del día y ellas, en vez de ocultarse bajo los aleros, se acurrucaban en grupos apretados, murmurando: aminoplis, aminoplis, aminoplis!

La Paz bajo el sol y con cielo azul deslumbrante, no permite el total pesimismo.  Como paceños, aceptamos la realidad, lamentamos nuestras pérdidas, extrañamos a quienes se fueron, lloramos su ausencia, pero nos levantamos al alba para caminar en nuestras empinadas y elevadas calles (más altas que muchas montañas) acometer el trabajo diario y emprender la lucha diaria de sobrevivir.  Una simple mirada hacia ese coraje y fortitud desplegados en El Alto, el Altiplano, las llanuras del Beni o los cañaverales de Santa Cruz, nos debería levantar el alma, porque quienes en Bolivia trabajan (y no hablo de los escritorios de los burócratas), lo hacen de verdad.  

Esto pasará.  Con dolor y más pérdidas, con llanto y almas desgarradas, pasará, porque somos fuertes, casi invencibles en la lucha diaria por nuestras familias.  Somos admirables, los bolivianos.  Con frecuencia y justeza nos quejamos de la burocracia, del descuido de gobernantes, del mal estado de calles y caminos, de la lentitud de los procesos, etc., etc., etc.  Sí, todo cierto, todo mejorable, corregible, posible y muchas veces con poco esfuerzo.  

Sin embargo, somos valientes.  Eso lo sabemos desde los tiempos en que las huestes de los Incas, desalentadas por la resistencia Kolla, dieron la vuelta alrededor del duro y firme reino Aymara, para invadir los valles menos resistentes.  Somos trabajadores.  Eso lo sabe el zapatero que se levanta a las 5 a.m. para llegar a su puesto; la frutera que hace lo mismo cargando naranjas y plátanos; la carnicera que a veces pasa mitad de la noche preparando su mercancía para la venta del día.

Somos todo eso y más, porque nuestros Jachamallkus de la Cordillera muestran una altivez de piedra y nieve, no de vanidades; porque nuestro Altiplano le dio al mundo la papa y a nosotros, más ingeniosos que los demás, la quinua, las ocas, el isaño, el chuño, la tunta, y otros regalos que el mundo europeo no ha sabido valorar.   Mi padre, hombre sabio, decía que si los escoceses e irlandeses hubieran aprendido apreparar chuño, no hubieran muerto de hambruna por cientos de miles en el siglo diecinueve. 

Así, amigos, demos la bienvenida al sol sobre las cumbres, a la bóveda celeste y deslumbrante, a las montañas nevadas, a nuestro aire altivo y puro,pongamos más esfuerzo y orden en nuestras vidas, dando gracias por ser como somos, bolivianos esperanzados, creadores, generosos y sobre todo, valientes.

 

Lupe Andrade Salmón es  periodista.

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