Erick Larrazábal Antezana

Tercera ola del Covid-19 en Bolivia

miércoles, 26 de mayo de 2021 · 05:08

En una anterior columna sobre el tema (22 de abril de 2021) había ilustrado con la ayuda de una gráfica el comportamiento del Covid- 19 en Bolivia. Con información de casos contagiados acumulados al 18 de abril se observaba con claridad que el país había ingresado a una segunda ola de contagio el 23 de diciembre de 2020. Desde entonces el comportamiento de los contagios acumulados ha seguido en continuo ascenso con una corta desaceleración entre el 16 de febrero y el 31 de marzo de 2021. Bastante menor por cierto que la observada el pasado año, entre el 25 de septiembre y el 23 de diciembre de 2020, que configuró una verdadera meseta en la curva de contagios acumulados.

Un mes después con información al 19 de mayo se corrobora el peor de los escenarios que había anticipado el Colegio Médico de Bolivia, subiendo los contagios a una tasa exponencial,  verificando la tercera ola que enfrenta Bolivia. Recurriendo esta vez a información oficial del comportamiento de contagios diarios, en la gráfica se aprecia que la segunda ola ha sido mayor que la primera registrando  el número más alto de contagios el 28 de enero de 2021 con 2.866 contagios. En la misma gráfica se observa que la tercera ola comenzó el 7 de abril de 2021 en una escalada y virulencia similar a la segunda, con el segundo contagio histórico más alto en lo que va de la pandemia, registrando el 19 de mayo de 2021 una cifra de 2.617 contagios:

La pregunta obvia es ¿cómo es posible que la tercera ola sea similar a la segunda en escalada si la campaña de vacunación pública comenzó en la primera semana de abril? La respuesta sanitaria científica la deberán dar los médicos salubristas; sin embargo, los economistas podemos complementar la respuesta en la gestión pública del gobierno central, de los gobiernos departamentales y de los gobiernos municipales. A nivel de gobierno central no se advierte una línea de acción que responda a una política pública de salud nacional que oriente los protocolos a seguir en las olas venideras. Al no existir esa política pública nacional los gobiernos departamentales y municipales tampoco se han preocupado en elaborar o continuar en algunos casos protocolos existentes.

La transición de autoridades departamentales y municipales podría disculpar a éstas en alguna medida, pero lo real y objetivo es que Bolivia es una nación que no sigue políticas de Estado y opta por improvisar porque no existe la voluntad política entre sus actores políticos de construir democracia a partir de la cultura organizacional y la institucionalización que permita educar a los ciudadanos sobre los riesgos que implica no usar barbijos, no mantener distancia social y no lavarse las manos en la peor pandemia global de los últimos 100 años y, más grave aún, de no abstenerse de fiestas y ferias, en las que tampoco hay abstinencia en el consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Se prefiere la incertidumbre a la certidumbre.

Erick Larrazábal Antezana es M.A. en economía y docente universitario.

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