Marianela Diaz

Maternidad en plural

sábado, 29 de mayo de 2021 · 05:09

Es relevante establecer una agenda capaz de analizar la pluralidad de formas de llegar a ser madre, y las diversas posibilidades y/o decisiones de ejercer la maternidad. Además, existe una necesidad socio-cultural, intelectual y jurídica de romper con la noción tradicional de una feminidad asociada a la maternidad, el derecho a no querer serlo. Muchas mujeres, especialmente quienes acceden a la educación superior, eligen libremente no ser madres. Asumen un proyecto de autonomía respecto a la asociación mujer – madre, como elemento constituyente de su feminidad. Esto poniendo en el centro la posibilidad de desmarcarse del mandato de procreación como determinante de su “llegar a ser mujer”.

Las maternidades no deseadas pueden ser resultado de mecanismos de violencias cotidianas y estructurales. Por ejemplo, niñas obligadas a ser madres o la maternidad por violación. Estas son parte de una serie de mandatos morales que recaen en los cuerpos y las vidas de niñas y adolescentes que, siendo aún sujetas de cuidado, se vuelven cuidadoras obligadas. Marcando un hito de ruptura en sus proyectos posibles de vida.

En otros casos, la maternidad es consecuencia de una serie de tabúes del sistema educativo y familiar. Sucede al no tener información respecto a métodos anticonceptivos, a pesar de los avances normativos. En este caso, los vínculos o relaciones de pareja no cuentan con sentidos de co-responsabilidad sexual y emocional respecto a los derechos sexuales y reproductivos. Por otro lado, aún existe, entre quienes cuentan con la información, la negación de utilizar dichos métodos, por decisión y/o formas de control corporal en diversos contextos de nuestro país.

En contrapunto, la maternidad elegida no es única. Se relaciona con mujeres que buscan serlo, dentro y fuera de las expectativas sociales y tradicionales. Las segundas acuden, por ejemplo, al campo médico, a través de mecanismos de reproducción asistida, teniendo o no pareja. Es así como la autonomía procreacional establece un inicio diferente respecto a los vínculos socialmente esperados en la constitución de las familias.

Por otro lado, está la maternidad por adopción, que se desmarca por completo de la relación biológica. Establece el vínculo socio-afectivo y jurídico con mayor complejidad, acudiendo a una serie de trámites y requisitos para ejercerla. Existe una relación ineludible entre la llamada “madre biológica” y la “madre adoptiva”. Muchas veces ambas señaladas por la culpa, la primera del “abandono”, que omite la responsabilidad masculina, la segunda por la “culpa” de la infertilidad.

En el caso de la maternidad de mujeres con discapacidad, se trata de maternidades mediadas en ciertos casos por violencias o en otros, por un constante tutelaje que cuestiona su capacidad de decidir sobre su sexualidad y el deseo de maternidad. Esto en medio de un escenario excluyente en campos diversos para ellas.

Otra arista problemática es la jerarquía construida entre madres. Este punto nos invita a interpelar la categoría de “madre soltera”, siendo que la sujeción marital no determina las identidades maternas, ni las constituye. La idea de “madre desnaturalizada” como castigo social, asume la falsa idea de que “por naturaleza” las mujeres deben ser madres, desean serlo, lo eligieron libremente y que existe una sola forma de ejercer la maternidad.

En síntesis, la maternidad no es destino, ni es parte constituyente de la feminidad. Existen mujeres que deciden no ser madres, esto no las hace más o menos mujeres; las que lo buscan y no pueden serlo por motivos diversos; las que llegan a serlo por violencias y omisiones; las que acuden a vías de los campos médicos, trámites jurídicos para poder serlo. La maternidad deseada, de libre elección, sostenida en afectos y redes de cuidado es horizonte ideal, pero no es la única forma de maternidad. Es así que madre no hay una sola, sino varias formas de llegar a serlo y de ejercerlo. (Esta columna integra ciertas reflexiones y diálogos realizados con Pilar Cruz, Karla Calderón, Cecilia Johnson y otros intercambios en aula).

Marianela Diaz es investigadora y docente universitaria.

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