Evelyn Callapino Guarachi

Mejor muerta que libre, así nos prefieren los feminicidas

miércoles, 5 de mayo de 2021 · 05:12

Es bastante común escuchar decir con melancolía a mucha gente “los matrimonios de antes eran mejores y duraban más” o “ahora se han perdido los valores”. Muchos añoran con nostalgia ese pasado, al ver que ahora son cada vez menos las parejas que llegan a los 50 años de matrimonio. Esa melancolía también lo sentía Roberto Carlos Roque, el feminicida de Yessie. Él deseaba un mundo en el que ella se entregara completa a él y cuando dijo que no, la prefirió muerta que libre. 

Roberto dejó una carta sabiendo que ésta se amplificaría. Su contenido tiene muchos matices para analizar pero sólo me concentraré en dos enunciados: “Debemos volver a la era pasada, ahí todo estaba bien”; “las mujeres deben obedecer a los hombres, así seguirán tranquilas”.

Esta carta está dirigida a una parte de la sociedad que siente esa melancolía del  pasado y a las feministas, quienes transgreden esos patrones patriarcales. Su mensaje es “disciplinador” y Roberto lo hace, seguro de tener la razón, tratando de justificar su crimen. Lo grave de esto es que ese pensamiento permanece en la consciencia social. 

En esa “era pasada” - a la que él se refiere - debemos comprender, los cuerpos y comportamientos de las mujeres estaban moldeados y controlados por patrones culturales en los cuales primaba una subordinación bajo una visión androcéntrica. Es decir, las mujeres en cuerpo y esencia eran arrebatadas enteramente de sí mismas para cumplir con los únicos roles permitidos ligados al hogar y a la maternidad. Los espacios, como el laboral, político, científico, etcétera, estaban reservados principalmente para los hombres. 

Esta forma de convivencia social se ha transmitido de una generación a otra, dejando cimientos de un sistema patriarcal que nos llama a reflexionar las bases de las prácticas sociales. La subalternidad de las mujeres está todavía presente en los códigos de conductas y cuando se empieza a alterar y cuestionar, la penalidad es la violencia.

La tranquilidad para Roberto es la sumisión de las mujeres, el seguir con los mandatos patriarcales. El decir ¡basta! a esos mandatos implica recibir insultos, golpes, ofensas. El rostro de este feminicida representa al rostro de la sociedad conservadora boliviana, la que en medio de su melancolía se siente incómoda con la libertad de las mujeres. 

Esta libertad tiene que ver con rehusarse a cumplir con lo establecido, soportando todo a pesar de no quererlo así. Tiene que ver con decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, tiene que ver con inmiscuirnos en los espacios que deseemos sin ser juzgadas ni violentadas, tiene que ver con la libertad.

Las mujeres apuntan a un proyecto de vida propio, no es homogéneo, pero la libertad es transversal a todas las mujeres. La visión androcéntrica cada vez se debilita y es por eso que en la desesperación de perder el control existen mensajes disciplinadores que pretenden ordenar la sociedad bajo la idea de la “moralidad”, que tiene como centro al sistema patriarcal. Por ello, pensar que antes era mejor es un error, porque si antes duraban más los matrimonios era principalmente por la subordinación de las mujeres. 

El remover estructuras implica hacer un ruido incómodo que molesta a quienes quieren volver a los tiempos de antes. Es necesario cuestionar estas visiones  para quebrar los cimientos patriarcales que continúan como parte de la cotidianidad boliviana.

 
Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata.
 

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