Gabriela Camacho

Vacunas y propiedad intelectual

jueves, 6 de mayo de 2021 · 05:10

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada cuatro personas en los países ricos ha recibido una vacuna contra la Covid-19, comparado con una de cada quinientas en los países de bajos ingresos. De las 700 millones de dosis que se habían distribuido globalmente a inicios de abril, los países más ricos habrían recibido 87% de éstas. A pesar de los llamados de la OMS por desarrollar una estrategia global de inmunización, los países ricos firmaron acuerdos bilaterales con las farmacéuticas para asegurar millones de dosis antes de que fueran aprobadas, acaparando los primeros lotes de su producción.

En respuesta, se espera que en la reunión del Consejo General de la Organización Mundial del Comercio (OMC) esta semana se presente una propuesta de exención temporal de propiedad intelectual que permita eliminar barreras al acceso oportuno y asequible a productos médicos, en particular las vacunas. La idea es que más fábricas se sumen a la producción global de vacunas, especialmente en países menos desarrollados. 

Si bien existen dudas sobre si levantar las patentes será suficiente para cubrir la demanda global, su fabricación requiere de conocimiento especializado, insumos y tecnología que no todos los países tendrían; la producción de medicinas genéricas ha sido crucial en la lucha contra otras enfermedades. 

A inicios de 2000, sólo una de cada mil personas que vivía con VIH en África tenía acceso a tratamiento médico. Las drogas antirretrovirales, que llevaban ya tiempo en el mercado, eran producidas principalmente por las compañías que controlaban sus patentes y los precios eran impagables en ese continente, entre 10.000 y 15.000 dólares al año por paciente. La movilización de distintos grupos para incrementar la accesibilidad a estas medicinas logró que el precio cayera a alrededor de 100 dólares por paciente en varios países de la región para 2015. Gracias a esto, durante los primeros 10 años de este milenio, la cantidad anual de muertes por Sida se redujo en la mitad.

La principal resistencia en esta ocasión viene de países desarrollados y representantes de grandes farmacéuticas que consideran que la suspensión de reglas de propiedad intelectual sería perjudicial para futuras investigaciones, que no atraerían suficiente capital de inversión. Esto oscurece el hecho de que una gran parte de los adelantos que permitieron la creación de las vacunas contra la Covid-19 fueron financiados por fondos públicos. En el caso de Pfizer y Moderna, dos de los descubrimientos cruciales para su elaboración son producto de investigaciones financiadas públicamente en Estados Unidos, una proteína viral y la modificación de RNA. 

De forma similar, el director ejecutivo de BioNTech declaró que el desarrollo de la tecnología usada en la vacuna fue en parte posible gracias al apoyo de los programas de investigación y desarrollo de la Unión Europea. Y los Estados dieron grandes sumas de dinero a las compañías farmacéuticas para acelerar el desarrollo de las vacunas el año pasado. Moderna recibió casi mil millones de dólares directamente del gobierno norteamericano. Por su parte, un estudio preliminar sobre el desarrollo de la vacuna AstraZeneca identificó que menos del 2% del financiamiento que permitió su creación vino de la empresa privada. 

Los Estados invierten en estos estudios por el bienestar de sus ciudadanos. Las sinergias con las farmacéuticas son importantes, pero no pueden darse a costa de la salud. El propio Estados Unidos tiene cláusulas que le permiten suspender la propiedad intelectual en caso sea necesario para la salud pública o la seguridad. La pregunta es si harán para los ciudadanos del mundo lo que pueden hacer para sus propios ciudadanos. Esperemos que, a diferencia del tratamiento del Sida, no pasen años antes de que la comunidad global se ponga de acuerdo.

 

Gabriela Camacho es politóloga. 
 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

61
53

Otras Noticias