Javier Torres Goitia T.

Demagogia, traición y esperanza

sábado, 8 de mayo de 2021 · 05:11

 En vísperas del balotaje para definir la situación electoral de las gobernaciones que pasaron a segunda vuelta en las elecciones subnacionales, hacíamos notar en esta misma columna que un triunfo de la oposición podría abrir paso a la posibilidad de lograr un equilibrio de poderes que compense por lo   menos en parte la conducción totalitaria de todo el aparato del Estado por una sola fuerza política sin contrapeso alguno.

 El cómputo final de la segunda vuelta muestra una total derrota del MAS que perdió las cuatro gobernaciones. No decimos que ganó la oposición porque todavía no hay una coordinación entre las diferentes fuerzas que la integran, aunque por sus primeros pasos y declaraciones de los líderes podemos abrigar una esperanza.

 Terminado el proceso electoral de las subnacionales, el MAS ha perdido casi todas las alcaldías de las capitales de departamento más El Alto, pues no ha ganado sino la Alcaldía de Oruro. De las nueve gobernaciones departamentales sólo ha ganado en tres (Cochabamba, Oruro y Potosí) y ha perdido en las seis restantes (La Paz, Santa Cruz, Beni, Tarija, Pando y Chuquisaca). Este resultado, debería hacer reflexionar al gobierno sobre la importante inflexión política en el escaso tiempo de seis meses desde cuando el MAS se impuso con más del 50% en las elecciones generales.

 Una reflexión racional permitiría admitir que el insólito triunfo del MAS en octubre del año pasado fue coyuntural por la serie de circunstancias que complicaron la situación política, bajo el telón de fondo de un Parlamento con inopia mental, pero gran astucia demagógica, y una dispersión de las fuerzas democráticas desperdigadas con antagonismos mezquinos y suicidas que terminaron alfombrando el camino de retorno de los candidatos del MAS. 

Entre esos candidatos no figuraba el nombre de Evo Morales, con lo cual la gente ingenua creyó en un retorno del MAS liberado de ambiciones dictatoriales, venganzas personales, corrupción, culto a la personalidad y otros abusos de poder que mutilaron la esperanza de un cambio con desarrollo social justo y equitativo.

Millones de personas, principalmente del área rural, pero también ilusos de las ciudades, creyeron que el MAS sin Evo podía reconquistar la construcción de ese idílico Estado comunitario-socialista-justiciero y equitativo que es la oferta traicionada que ha costado ya mucha sangre, sudor y lágrimas, pero con la cual se sigue engañando inmisericorde e impunemente a todo un pueblo.

 La cruda realidad mostró que los lobos tienen los mismos colmillos aunque se vistan de ovejas. La persecución política, los juicios (que aunque no terminan quedan como amenazantes espadas de Damocles), la prisión abusiva de la expresidenta del país, doña Jeanine Añez, la privación de libertad de su ministra de salud, la doctora Eidy Roca, la serie de atropellos a la justicia, los derechos humanos y sobre todo la ausencia de honestidad, nos hacen ver lo acertado que estuvo Lord Acton al afirmar que: “Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. 

El abuso y la arbitrariedad sólo pueden ser neutralizadas por otro poder mayor pegado a la justicia a la libertad, la moral y el respeto a los derechos humanos.

Este nuevo poder, que todavía no lo tenemos, puede ser construido desde los gobiernos departamentales y municipales autónomos. Toda la población espera que eso ocurra siquiera en parte. Tal desafío demanda unidad, generosa solidaridad, superación de divisiones adjetivas y consolidación de un esfuerzo nacional por recuperar nuestro país de la agonía a la que la ha llevado el odio racial, la ineficacia, el vicio y los abusos de poder.

El área rural que actualmente vive de un rentismo improductivo, sumido en la pobreza, podría recuperar los beneficios reales de la Ley de Participación  Popular aprobada en 1994 por obra del presidente de entonces Sánchez de Lozada, injusta y deslealmente denigrado. Crea 311 municipios urbano-rurales y les otorga poder político y recursos económicos para el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de sus deberes, con libertad para elegir sus autoridades por decisión propia, sin dedazos ni imposiciones partidarias. 

Prácticamente otorga ciudadanía a los excluidos para que puedan combatir la pobreza creando riqueza y fuentes de empleo, en vez de ahuyentar a los inversores, como ahora. En próxima oportunidad recuperaremos la memoria de sus conquistas sociales y de salud sin par en la historia de Bolivia.

 

Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.
 

 

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