Erick Fajardo Pozo

Tres momentos clave en la elección de Reyes Villa

sábado, 8 de mayo de 2021 · 05:09

En mirada de analistas e intelectuales, el anunció en 2020 de que Manfred Reyes Villa correría por la Alcaldía de Cochabamba era una plegaria en mitad de una tempestad, una aventura con las mismas expectativas de éxito que cruzar el Pacífico en balsa, una batalla sin proporción entre un exiliado repatriado y un Estado omnímodo; era –para usar una analogía de la cultura pop– una pelea en Moscú, a 12 asaltos, entre Balboa y Drago.

Sin embargo, su candidatura sobrevivió a dos inhabilitaciones, la reactivación de 15 juicios y una intensa guerra sucia que, debido a las discrepancias en el MAS, a su pésimo manejo del timing y a haber perdido la iniciativa discursiva, en vez de deteriorar a Reyes Villa terminaron por agotar sus mitos estructurantes. 

Señalarlo como edecán de García Meza, Yakuvende o aliado de Goni, fuera del contexto de la insurrección indígena contra el neoliberalismo salvaje de 2003, fue tan poco efectivo como guijarros contra un muro de concreto. 

Pero ¿qué definió que no sucediera lo predecible y ocurriera lo improbable? Que la campaña de Reyes Villa importó un cambio inédito en el paradigma político-estratégico, incorporando en el arsenal de su cuarto de guerra el método de anticipación-encuadre.

En lo operativo su campaña tuvo dos ejes metodológicos: acceso a información estratégica y estudio del comportamiento electoral del rival durante el quindenio previo. Su mito de gobierno, sus narrativas y su eterna tesis de movilización, la ruptura étnica/clasista/regional, permitieron desarrollar un nuevo encuadre, alterno a la tesis de división y basado en el opuesto binario de la fractura: la reunificación.

Su narrativa: la fórmula MAGA (acrónimo del “Hagamos América Grande Otra Vez” de Ronald Reagan). La evocación del pasado glorioso de una comunidad política, la utopía perfecta: la Cochabamba de los 1990, una ciudad que superó una crisis sin precedentes para abrir una era de gestión pública que se convertiría en el paradigma del municipalismo en Bolivia.

En términos de interpelar al ciudadano, la campaña de Manfred “leyó” mejor el  cuarto, analogía que parangona una campaña con irrumpir en una habitación llena de individuos diversos, interpretar rápidamente sus expectativas y seleccionar los códigos óptimos y el mejor registro lingüístico para interpelarlos.

Tras la compleja crisis política y de salud, Cochabamba era un auditorio poco proclive a abrazar discursos ideológicos reivindicativos de la confrontación. La narrativa de “dos Bolivias” separadas por etnicidad y clase fue sencillamente purgada por una sociedad hastiada de conflicto sin resultados.

Tres fueron los momentos críticos de la campaña, en los que la anticipación y encuadre le devolvieron a Reyes Villa la iniciativa y el control de la narrativa:

Cuando se interceptó un audio en que el MAS instruía a sus dirigentes arremeter contra las caravanas y escarmentar a cualquier vecino de la zona sud que acogiera a Reyes Villa. Esto permitió anticiparnos en dibujar el encuadre de “viene la violencia instruida por el MAS”, lo cual descalificó los ataques que desde el día siguiente el evismo intentó justificar como “reacción popular de una zona sud que no quiere a Manfred”.

Cuando se interceptó el audio del juez Apodaca comprometiéndose con otro magistrado a usar una causa anulada para inhabilitar a Reyes Villa. Esta nos dio oportunidad de anticiparnos al discurso de “la justicia actuó de oficio” encuadrando las acciones de judicialización cual parte de una conspiración entre el Ejecutivo y el Judicial para sacar de carrera a Reyes Villa. 

Cuando a pesar de sostener su inocencia, Reyes Villa se anticipó en el pago del cargo coactivo total que se le adjudicó en el proceso anulado por los vehículos prefecturales. Esto descolocó al Organismo Electoral que forzó una inhabilitación sobre el argumento de que Reyes Villa “no había proveído evidencia de pago a tiempo”, desatando una movilización sin precedentes y a todos los niveles de la sociedad, que obligaría al TSE a habilitar definitivamente a Reyes Villa.  

En 2020 la sola habilitación de Reyes Villa era improbable. Anticipar escenarios y re-encuadrar los eventos, cambió también el desenlace de su historia.

 

Erick Fajardo Pozo es analista, consultor y máster en comunicación política por la GWU.
 

 

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