Hugo del Granado Cosio

Las petroleras y el cambio climático

sábado, 12 de junio de 2021 · 05:09

En el mundo está sucediendo un cambio profundo en la industria petrolera, los primeros impactos están afectando a las grandes empresas privadas petroleras. El cambio climático y los acuerdos de París para la reducción de emisiones a cero están ejerciendo una presión inimaginable a todas las actividades contaminantes, especialmente la petrolera. Las críticas más severas contra las privadas han surgido en el seno mismo de sus inversores, de sus accionistas y de sus propios directorios. 

Las empresas que no percibieron los cambios continuaron con sus tradicionales planes de incrementar sus reservas, nuevos proyectos para elevar la producción y ampliar sus mercados, desoyendo las alertas de incorporar metas de reducción de emisiones. Esta situación se tradujo en la pérdida de confianza de los  accionistas en los liderazgos de las empresas por no proteger el valor de sus particiones en la transición energética.  

En Inglaterra se aprobó una ley el año 2019 para rebajar las emisiones en 55% hasta el 2030. La Ley fue rechazada en las cortes debido a presiones de los activistas que consideraban insuficiente la reducción, y el mes pasado se determinó que la ley será revisada.

Varias compañías petroleras europeas, como BP, Shell, ENI, Equinor o Total, tienen compromisos para alcanzar la meta de neutralizar las emisiones de CO2 hasta el año 2050, con lo que el panorama petrolero mundial sería muy diferente del actual. Shell planteó reducir sus emisiones en 20% en una década y fue rechazado por una corte holandesa también por insuficiente y ordenó, la última semana de mayo, la reducción en 45% hasta el 2030. Uno de los argumentos de la Corte fue que la empresa estaba violando los derechos humanos al contribuir al calentamiento global.

BP ha emprendido un agresivo programa de compra de empresas productoras de energía renovable en Europa y en Estados Unidos por varios cientos de millones de dólares pretendiendo alcanzar una capacidad de generación de 20 GW hasta el 2025 y de 50 GW el 2030.

La diferencia de las petroleras estadunidenses con las europeas se acrecentó en los últimos años, al mostrarse las primeras reacias a aceptar la reducción perentoria de sus emisiones. Es más, el año pasado se filtró un plan de siete años de Exxon de 200 billones de dólares, en el cual se constataba que las emisiones producidas en el plan se incrementarían en 17% hasta el año 2025. 

Desde entonces se va produciendo un cambio notable en la empresa por presión de organizaciones pro medioambiente, que tienen el respaldo de por lo menos tres poderosos fondos de pensiones, de grandes grupos de inversores y de sus propios accionistas que respaldan la iniciativa de emisiones cero hasta el 2050. Además, como efecto de la pandemia, la economía de la empresa muestra debilidades, su deuda creció en 40% y tendrá que reducir sus inversiones entre 20 y 25 billones de dólares hasta el 2025. Todos estos grupos de presión lograron la incorporación al directorio de tres miembros afines y podrían sumar otro más (el directorio tiene 12 miembros), lo que induciría a que la empresa adopte metas en dos direcciones aparentemente contradictorias: Reducción severa de emisiones y mejores resultados económicos, vía nuevas tecnologías y compra de empresas de energías renovables para financiar sus operaciones.

Cero emisiones netas de CO2 a la atmósfera (Net-Zero CO2 Emissions) hasta el 2050, significa que todas las emisiones de gas invernadero (compuesto mayormente por CO2 y CH4), emitidas por la acción humana sean neutralizadas mediante programas de disminución y de remoción. Esto no quiere decir que no habrá emisiones después de 2050, sino que además de preservar las fuentes naturales de supresión (por ejemplo, los bosques), se deberán poner en práctica proyectos de captura del CO2, que ya se encuentra en la atmósfera para almacenarlo en depósitos subterráneos, de tal manera que el balance sea cero. Esta meta es uno de los acuerdos de París para el cambio climático suscrito por 189 países, entre ellos Bolivia.

Es cierto que la mayor fuente de emisiones a la atmósfera proviene de los combustibles fósiles utilizados en la industria y el transporte y al ser las petroleras privadas muy visibles, porque entre otros aspectos cotizan en las bolsas son objeto de escrutinio público; la presión de parte de las entidades por el cambio climático se focaliza en ellas. Sin embargo, las mayores fuentes de emisiones de combustibles fósiles provienen de empresas carboneras y de empresas petroleras estatales de Rusia, China, el Medio Oriente, etcétera. 

Sólo alrededor del 15% del petróleo mundial es producido por las petroleras privadas. Las políticas y las presiones deberían dirigirse prioritariamente a combatir las emisiones de las grandes empresas estatales del petróleo y del carbón (SaudiAramco, Petrochina, Rosneft y otras Big Oil y Big Carbon.)

 

Hugo del Granado Cosio es experto en hidrocarburos.
 

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