Carlos Valverde

El país: entre el triunvirato y los imaginarios destructores del fraude

domingo, 13 de junio de 2021 · 05:09

La verdad es que no interesa si cuando Jorge Richter dijo que el poder en Bolivia estaba dividido en tres partes perfectamente iguales no haya mencionado la palabra “triunvirato”, porque no hubo necesidad de que lo haga; lo que de verdad interesa es que la figura se ajusta a la definición y, sobre todo, importa el “ninguneo” que hizo del Presidente al ensayar una hipótesis totalmente sin sentido.

Suponer que hoy en Bolivia hay “tres ejes” de un mismo poder dividido en 33% y depositado en cada uno de los citados es una figura absurda, además de forzada a partir de una muy particular mirada de la realidad. 

Para el portavoz, la huida después del fraude (él la llama golpe) habría reacomodado “la estructura del poder popular” (de Richter), sin considerar que Morales ha dejado de ser precisamente un importante representante del ese poder popular para convertirse en el marginal “propietario” de un partido al que no ya sólo no dirige como antes, es decir imponiendo a partir de la verticalidad llamada “consenso”, sino que en los hechos, el mismo Morales se ve circunscrito a un espacio muy chico, concretamente al estudio de Radio Kawsachun Coca, en el Trópico cochabambino, desde donde intenta mantener presencia activa, aunque el programa sólo va los domingos y tiene poca audiencia fuera de su entorno y se difunde también en Facebook y probablemente por algunas otras redes sociales. 

Lo he escrito antes y lo voy a repetir porque creo en ello: la elección del 20 de octubre del 2020, que llevaba desde la anterior elección (la del fraude 2019) esa especie de consigna “fuera Evo” encontró en Arce a la persona para reemplazar a Evo Morales. El votante no confió en las opciones centristas o derechistas; el votante no vio en el montón de opositores a alguien en quién depositar su voto,  por eso le dio en un 55% su voto a Arce. Probablemente su imagen de “buen ministro” (es harto discutible) convencía más que los otros candidatos; o la eterna división del “otro lado” los dejaba sin alternativa confiable y, consecuentemente, tras de él se fue el voto. Al menos representaba un bloque. Para mi es un hecho: la gente entendió el fuera Evo, y no hay que ser ningún genio para entenderlo y ver lo que es tan evidente : Evo Morales ya no “pesa” como lo hacía; las elecciones municipales dan fe de ello, y la marginalidad en la que se desenvuelve les evidente. Evidentemente, Arce lo tolera porque es mejor no darle razones para generar movimientos internos, pero no lo escucha (recordemos la reunión con los empresarios cruceños en Chapare, no logró nada).

De Choquehuanca no hay mucho que decir; nadie sabe qué hace o piensa, aunque tiene un “bloque a su nombre en el MAS. ¿Arce? es una incógnita, aún no parece enterarse que es Presidente; nos daremos cuenta de ello cuando decida qué va a hacer con el ocurrente “portavoz”; si no hace nada y el sujeto permanece en el cargo, sin duda demostrará que una cosa es haber sido elegido y, otra diferente, es ser Presidente.
Lo otro: fue grotesco ver al Ministro de Gobierno mostrar unas cajas acomodadas frente a la mesa directiva de diputados y apuntar a ellas mientras desafiaba a que le demuestren que en ellas había fraude (eran actas electorales).

Del Castillo no parece haberse enterado que el fraude fue demostrado en el Análisis de Integridad Electoral realizado por la OEA ha pedido del Gobierno del inquilino dominical de Radio Kawsachun Coca, el 10 de noviembre del 2019.

El acuerdo para hacer el estudio data del 30 de octubre del mismo 2019, cuando la Secretaría General de la OEA y el Gobierno nacional firmaron los acuerdos referidos al citado Análisis de integridad electoral de las elecciones del 20 de octubre. En la parte final del Informe “Hallazgos Preliminares” del 10 de noviembre se lee: “el equipo auditor no puede validar los resultados de la presente elección, por lo que se recomienda otro proceso electoral. Cualquier futuro proceso deberá contar con nuevas autoridades electorales para poder llevar a cabo comicios confiables”.

“El Informe Final” del mismo día 10 de noviembre es más amplio y lapidario, y para contrastarlo no es suficiente el grito de barricada del ministro o que apunte con el dedo las actas y para decir que si no le muestran un acta se defenestra el trabajo de la OEA. Pasan ya siete meses (sin contar el tiempo de la transición) y nadie del MAS ha ido donde debe, es decir, a la OEA, para objetar el informe en un alegato contradictorio; parece que no hay ni coraje ni capacidad; mejor es gritar por acá nomás.

Esa es la realidad, todo lo demás es un griterío sin sentido; se demuestra que no hubo fraude atreviéndose a refutar técnicamente ante quienes encontraron las pruebas del fraude. Ojalá lo hagan, allá no tienen “mayoría de gritones sin argumentos”. Allá es otra cosa... 

Mientras se enteran de lo que se trata seguramente seguiremos viendo “triunviratos” y escuchando alegatos como se puede escuchar un perro ladrando a la luna, aunque, a decir verdad, si esa es la idea, me quedo con el perro de Pink Floyd en el concierto en Pompeya

Carlos Valverde es periodista,  analista político y escritor.

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