Juan Cristóbal Soruco 

El Parlamento no es un ring, pero…

lunes, 14 de junio de 2021 · 05:12

La Cámara de Diputados ha sido escenario, la semana pasada, de un pugilato entre dos asambleístas, uno del oficialismo y otro de la oposición, y de arteros intercambios de agresiones entre otros, hombres y mujeres, que se aprovecharon del enfrentamiento principal.

No es la primera vez que esta Cámara se convierte en un ring. Desde que comenzamos a crear el sistema democrático que ahora está muy dañado hubo algunos intercambios de golpes. Recuerdo, por ejemplo, el que se dio entre los diputados Jaime Tapia Alípaz de ADN cuando agredió a Marcos Domic, de la UDP, cuando éste desarrollaba sus teorías sobre el fascismo en las que involucraba a Hugo Banzer y sus colaboradores durante la dictadura que presidió. O el sonoro sopapo que la diputada María Teresa Paz le propinó al diputado tarijeño Leopoldo López. Pero, se trataba de excepciones, porque se imponía el duelo verbal y los hubo de primera categoría.

Sin embargo, la vida democrática es ingrata. A medida que el sistema democrático se consolidaba,  la cobertura de las sesiones parlamentaria decayó y sólo se reactivaba cuando se trataba de conflictos (en esto los periodistas ayudamos mucho a que avance el proceso de deslegitimación del sistema político, aunque, hay que aclarar, sus operadores nos daban el material necesario para hacerlo).

Con la impronta del MAS en el Parlamento cambiaron muchas cosas. De hecho, sus senadores y diputados, de ambos sexos, llegaron con una actitud de copamiento, no de debate. No fueron pocas las veces en que, sobre todo las mujeres parlamentarias, tomaban con violencia la testera obligando a suspender las sesiones cuando su desarrollo no era de su agrado, y nos fueron acostumbrando a ello…

La situación se agravó cuando el MAS obtuvo los dos tercios de los curules (gracias, Tuto). Los asambleístas de la oposición hicieron filigranas para hacer escuchar su voz y lo hacían con comprensible temor. Pero, la política es dura y como no había opositores al frente a quienes agredir, trascendió que las peleas se daban entre los propios asambleístas del MAS, especialmente con actos de hostigamiento a sus colegas mujeres. 

La situación cambió cuando como resultado de las pasadas elecciones generales de octubre de 2020, el MAS perdió los dos tercios, lo que hizo salir a sus operadores de sus cabales, precisamente por su falta de cultura y educación democrática. Ejemplo de ello es el acto interpelatorio al Ministro de Gobierno, motivo de esta columna. 

Se trataba, si la memoria no me falla, de la primera interpelación en el nuevo escenario político que pudo ser aprovechado por el MAS como una muestra de respeto al sistema democrático. Por un lado, era una oportunidad para que el vicepresidente David Choquehuanca haga realidad lo que dice en sus discursos sobre reconciliación, más aún si no había posibilidad de censura. Por el otro, para que el Órgano Ejecutivo respete la separación de Poderes y acuda a la Asamblea Legislativa para defender su gestión de las críticas opositoras.

Pero, el Vicepresidente invisible decidió no presidir la sesión, lo mismo que el presidente del Senado, una primera muestra de su irrespeto por las prácticas democráticas parlamentarias. Segundo, el ministro de Gobierno comenzó su intervención, cual pandillero de barrio, insultando soezmente a los opositores. Y cuando se acercó a la testera un asambleísta opositor para reclamar por el mal manejo de la sesión, otro, del MAS, lo comenzó a golpear y empujar; luego de un momento de ofuscación, el agredido respondió con los puños y se armó un barullo que fue aprovechado, como muestran los vídeos de la sesión, para que algunos asambleístas del MAS agredan arteramente a sus colegas.

Como todo matón, el asambleísta del MAS no tuvo empacho en mentir a la hora de explicar su actitud y declarar que fue objeto de una agresión racial por defender a sus hermanos indígena campesinos… 

Si bien no sabemos cómo terminará esta historia, con el paso del tiempo se transformará en una anécdota. Sin embargo, en las actuales circunstancias es una muestra más de la poca adhesión democrática del MAS, y, sobre todo, una advertencia a sus operadores: ahora saben que su violencia puede ser respondida… 

Al margen, conociendo la actuación pública de dos ministros de Estado, el de Justicia, que es todo un mago, y el de Gobierno, todo un pandillero, me imagino que las sesiones de gabinete deben ser turbulentas, razón por la que el Presidente prefiere no convocarlas regularmente.

Juan Cristóbal Soruco  es periodista.

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