Max Murillo Mendoza

Tinku en el Congreso

lunes, 14 de junio de 2021 · 05:10

Presenciamos, creo que en todo el país, por los medios de comunicación, un encuentro ritual, o tinku, entre dos oponentes parlamentarios. En principio me pareció productivo que por fin haya novedades en ese Parlamento. Consideré interesante que hayan llegado a definir de esa manera, quizás más civilizada y sincera, que sus palabras vacías e impostoras de ambos lados. Porque el tinku en esencia es un encuentro entre dos posturas distintas, para después consensuar y resolver las diferencias. Estoy seguro que así los parlamentarios serían más productivos frente al país.  

 El Parlamento ha sido desvirtuado desde hace un tiempo con posturas triviales por un lado, donde ven fantasmas del imperio por todos lados, repitiendo un vocabulario florido totalmente deslegitimado de tanto desprestigiarlo: discriminación, racismo, antipatria, etcétera. Palabras que ya no significan nada, vaciadas en sus contenidos y totalmente instrumentalizadas políticamente. 

Pero por otro lado, la llamada oposición, sin libreto alguno ni creatividad básica, perdida en el espacio y tiempo, sin liderazgos ni figuras prometedoras al menos a mediano plazo. Así, en ese escenario de corral, por supuesto que un tinku es una novedad  interesante.  

 Es verdad que otra cosa es con guitarra; no quiero ni deseo dar recetas de comportamientos políticos, porque no las hay. Sólo tengo una humilde opinión de ciudadano que ve con bronca cómo utilizan los votos del pueblo en ese escenario de la burocracia inútil, donde el enfrentamiento político es simplemente insultante, cuando las necesidades del pueblo son urgentes y absolutamente más importantes que huevadas ideológicas, o políticas de trinchera escolar. 

Pero siento también que esta bronca contenida se acumula, que espera otra vez la oportunidad para hablar en serio: en la calle. Y estoy seguro que eso sucederá en cuanto amaine la pandemia. Porque todo tiene límite.  

La mediocridad de los políticos es de terror, que novedad no es a lo largo de nuestra democracia. Es más bien lo normal. Sin embargo, al menos teníamos cierto decoro con algunos personajes, hace un tiempo, con sus conocimientos profundos en la legalidad y la normativa de los espacios de debate, como el Congreso.  Hoy se ha colectivizado al extremo que la individualidad política ya no existe, en sentido de aporte, en sentido de discurso, en sentido de aproximación a las necesidades del pueblo. 

En esto cómo no recordar los discursos de un Marcelo Quiroga Santa Cruz, entre otros brillantes exponentes y oradores. Y pues, no hay discursos en quechua ni en aymara. En suma, paradójicamente cuanto más tiempo y supuesta experiencia hay en el proceso democrático, más mediocres e inútiles son los políticos.  

 Realmente sería interesante que tengamos tinkus en directo, todos los fines de mes, como resultados al menos culturales de los consensos políticos. Porque la ausencia de aportes, la ausencia de oradores, como parte de las buenas tradiciones en oratoria, la ausencia de creatividad en el manejo de la política es tal que mejor tener encuentros culturales de tinku, donde vemos con claridad quién es quién, y sin tontos discursos viendo fantasmas imperiales o el  de no entender qué es oposición política. Al menos en el tinku se muestran otras habilidades que quizás sean más rentables que toda la inutilidad de los políticos actualmente del parlamento.  

 También es cierto que la democracia formal tiene sus normativas estrictas, que pues personas con poca información de esas normativas, no pueden fácilmente manejarse como diputados o senadores. En estos años el deterioro del manejo de esos protocolos de la diplomacia ha caído en picado por el descuido pedagógico de esas instancias. Hemos saltado de espacios elitistas y desconocidos para las mayorías, a la vulgarización y circo romano a nombre de lo popular. Ningún extremo es bueno, como lo estamos viendo.  

 La pandemia exige, suponemos por sentido común, acuerdos y consensos urgentes como cotidianos para enfrentar a la muerte, al deterioro de la economía, de la salud y la educación. Y lo que vemos todos los días en el Parlamento es el juego sucio, bajo y politiquero de todos los bandos, sin que les importe nada de lo que sucede al pueblo. La muerte es cotidiana, como la tragedia económica por los altos costos de los tratamientos contra el Covid, pero, al parecer, no hay la mínima consciencia en los que están coyunturalmente sentados en el parlamento.  

No vemos políticos con calidad de pueblo. Sólo discursos de ocasión para culpar a los fantasmas del imperio, o replicar a las tontas notas que emergen como traumas de coyuntura de alguna oficina donde están los especialistas en buscar fantasmas imperiales. Realmente no hay políticos de cepa y calidad en sus compromisos. El olor pestilente de la burocracia y el costumbrismo de la comodidad, son los mantos que se tragan incluso a los más revolucionarios. Todo esto lo estamos presenciando en la experiencia de estos últimos 30 años de democracia boliviana, democratizada hasta en la mediocridad más didáctica. 

Max Murillo Mendoza    es ciudadano boliviano.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

22
183

Otras Noticias