Diego Ayo

Bolsonarce o Arcenaro, el (auto)genocidio en marcha

miércoles, 16 de junio de 2021 · 05:10

Los periódicos llenan sus páginas con titulares haciendo alusión a la condición de izquierda de Lula o Evo y a la condición de derecha de Jeanine o Bolsonaro. Por tanto, la realidad es de izquierda o de derecha. Me pregunto si esa brecha puede preservarse hoy en día de cara al coronavirus. 

Precisamente el líder de la izquierda brasileña y magnánima figura progresista del continente, Lula Da Silva, se regodeaba azuzando sus balas contra el actual mandatario Jair Bolsonaro: “Lula da Silva, calificó las más de 300.000 muertes causadas por la Covid-19 en Brasil como el mayor genocidio en la historia del país”. Escúchese bien lo que dice el señor Da Silva: “genocidio”. ¿Tiene razón? La tiene. Claro que la tiene. Bolsonaro es un genocida.   

Conviene hacer cálculos: 300.000 brasileños muertos de una población de poco más de 200 millones de brasileños,  son el 0,15% de la población brasileña. ¿Se entiende? A ver: el 10% de la población brasileña son 20 millones de habitantes, el 1% son 2 millones de habitantes, el 0,1% son 200 mil brasileños. Por tanto, los 300 mil muertos suponen el 0,15% de la población total brasileña. 

¿Cómo vamos por Bolivia? A ver: somos poco más de 10 millones de bolivianos. El 10% de los bolivianos es 1 millón, el 1% de compatriotas son 100 mil habitantes y el 0,1 son 10 mil. Eso significa que los 15 muertos (con una lista que no para de crecer) en el país por culpa del coronavirus dan un porcentaje ¡idéntico! al país del genocida: el 0,15% de la población boliviana.

¿Qué dice la prensa brasileña? La fantástica columnista de izquierda Eliane Brum comentaba: “Cuando Brasil llegó a los 100.000 (contagiados), la población sabía que llegaría a los 200.000. Cuando llegó a los 200.000 estaba segura de que llegaría a los 300.000 (…) entonces los brasileños esperarán a que lleguen los 400.000. Es como si hubiera un marcador cuyos números no paran de aumentar ante los ojos de un pueblo paralizado: la mayoría por impotencia, una minoría por fanatismo. Jair Bolsonaro controla ese marcador. Rechazó vacunas cuando se las ofrecieron y sigue condenando el uso de mascarilla y ordenando a la población que salga a la calle a trabajar. Uno de sus hijos, diputado federal, dijo recientemente que la gente “se metiera la mascarilla por el culo”.

Bestial. Sin dudas, bestial la actitud de Bolsonaro, el genocida. ¿Cómo estamos por casa? Recordemos las palabras de Luis Arce: “La administración central envió vacunas contra el Covid-19 para el pueblo, no para las familias de los ricos, no para la oligarquía tarijeña”. No podemos negar que la respuesta es menos corporal que la del Bolsonaro-junior, pero no menos virulenta. Pero la cosa no se queda ahí. Sigamos con la periodista Brum: “Si Brasil sigue así, superaremos el medio millón. Y las muertes continuarán. Si este exterminio no es suficiente para mover a quienes tienen la obligación constitucional de promover o apoyar un juicio político contra Bolsonaro, es importante que abramos los ojos ante una gran probabilidad. Bolsonaro es una bestia. Acorralado y aislado, es casi seguro que se vuelva más peligroso. Es urgente detenerlo antes de que se produzca un horror aún mayor que cientos de miles de muertes”. 

¿Queda claro? Sí queda claro y ya que las similitudes numéricas son tan obvias, invito al lector a cambiar el nombre donde corresponda: Tesis 1: las muertes continuarán. Tesis 2: se requiere un juicio político contra Bolsonaro. Tesis 3. Se pondrá peor, el tipo es una “bestia” (en este caso, sólo hay que poner la oración en plural). Tesis 4: superaremos los 500 mil muertos (cuyo equivalente son 25 mil bolivianos muertos). Tesis 5: acorralado y aislado, se volverá más peligroso (no hay duda que sí: basta recordar al Ministro de Gobierno durante la interpelación parlamentaria que terminó como sesión pugilística). Tesis 6: “hay que detenerlo antes de que se produzca un horror aún mayor” (difícil. Sólo hay que rezar para que lleguen las vacunas suficientes y no nos quedemos en el dato del presente: un 5% tiene las dos vacunas y un 10% al menos una vacuna. O sea, hay un 85% de bolivianos que no la tienen).

Concluyamos: ¿se sentía usted un revolucionario de izquierda? Ya ve: se equivocó. La lucha no es de la izquierda contra la derecha. La lucha es hoy entre aquellos que quieren aprovechar el virus para crecer políticamente y aquellos que quieren salvar a Bolivia del (auto)genocidio en curso.

Diego Ayo es politólogo.
 

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