Iván Finot

Estancamiento económico de Bolivia y la experiencia internacional

jueves, 17 de junio de 2021 · 05:10

La rapidez con que el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos investigó y denunció el caso de lavado de dinero del exministro Arturo Murillo, y lo hizo apresar; y las actuales negociaciones con el detenido proponiéndole delación premiada (con reducción de pena) a fin de obtener más información, como hicieron con Marcelo Odebrecht, nos muestran cómo un Estado puede estar al servicio del interés público. En este caso, luchar efectivamente contra el terrorismo, el narcotráfico y el lavado de dinero. 

Qué diferencia con Bolivia, donde la justicia, el sistema de salud y el Estado en general funcionan mal. ¿Por qué? Porque aquí el Estado no está al servicio del interés público sino del partido político que se encuentra en el gobierno. Y esto, que con el Movimiento Al Socialismo está llegando a extremos, no ha sucedido sólo con este partido sino ha tendido a ocurrir… ¡desde la Colonia!

¿Cómo se puede esperar que el Estado sea eficiente si el principal objetivo de la administración pública no es servir a los ciudadanos sino proveer de una renta, así sea temporal, y beneficios adicionales, a militantes del partido en el gobierno? Ello explica que el Estado sea el principal proveedor de empleo formal, un verdadero privilegio si se considera que más del 70% de la población vive en la informalidad.

El Movimiento Al Socialismo se define como anticolonialista, pero en la práctica su gestión ha sido un retorno a instituciones coloniales, tales como la prebenda -beneficios a individuos- y el corporativismo -favores a gremios privilegiados-. El Estado no funciona primordialmente en función del interés común, como debiera ser, sino de una minoría: de quienes logran ventajas para sí en perjuicio de las mayorías.  

Y con la vigencia de estas instituciones no sólo se atenta ahora contra el bien común sino -lo que es peor- se nos mantiene en el atraso indefinidamente: en Bolivia la mejor manera de progresar no es el trabajo y la innovación sino acceder al poder político.

Actualmente nuestro futuro se encuentra aún más comprometido porque, además, a título de transición al socialismo, se ha recaído en el estatismo: el principal inversionista en actividades productivas es el Estado controlado por el MAS, ¡inversiones que están generando enormes pérdidas! Hemos recaído en la misma enfermedad: entre 1952 y 1978 se aplicó este modelo y la consecuencia fue la crisis económica de los ochenta. Ahora se está siguiendo el mismo camino y los efectos serán similares.

Qué diferencia con China donde, después de intentar acceder al socialismo -con un altísimo costo social, es cierto- aprendieron de su propia experiencia (y de aquella de la fracasada Unión Soviética) que no se puede alcanzar el socialismo sin desarrollarse primero con capitalismo, tarea a la que se encuentran dedicados desde 1978 con resultados muy satisfactorios: en mayo de este año (2021) el presidente Xi pudo anunciar que en China ya no hay pobres. Muy posible ya que, según el Banco Mundial, la pobreza bajó de 49,8% en el 2000 a 0,6% en 2019.

En el siglo pasado se afirmaba que en los países atrasados no era posible el desarrollo capitalista porque un nuevo imperialismo, esta vez norteamericano, lo impedía. Pero Corea del Sur y otros países asiáticos demostraron que eso no es cierto, que desarrollarse no depende de factores externos sino, fundamentalmente, de la voluntad política de cada país.

Tenemos que aprender de nuestro pasado y de la experiencia mundial, y encontrar nuestro propio camino en democracia. Eliminar las instituciones coloniales, que el Estado esté efectivamente al servicio del bien general.

Dejar de fundar nuestro progreso en la extracción de recursos naturales e incentivar que empresas privadas nacionales provean de software y hardware (por ejemplo, semiconductores, cuya demanda es creciente) al mercado mundial, desarrollando tecnología.

Y dedicar la renta que generen los recursos naturales no renovables a lograr educación de máximo nivel mundial: condición fundamental para lograr que el desarrollo sea sostenible.

 

Iván Finot es MSc en Economía, especializado en desarrollo y descentralización.
 

 

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