Maggye Foster

Salud mental y pandemia

jueves, 17 de junio de 2021 · 05:07

Este es un tiempo en el que parece que el mundo empieza a resquebrajarse y los cambios que miramos pasar a través de las ventanas del aislamiento no ayudan precisamente a mantener la estabilidad.

La humanidad ha sufrido una serie de pandemias a través de su historia, con diferentes grados de severidad y diversos grados de prolongación en el tiempo. Y el hecho de que podamos contarlo es una prueba de que la humanidad ha sobrevivido, pero el costo siempre ha sido elevado no sólo en vidas humanas, sino también en la esfera política, económica y social. 

La enfermedad y la muerte no nos son ajenas, ya que las tenemos presentes cada día. Sin embargo, cuando éstas vienen en grandes números, cuando afectan a familiares y amigos, cuando nuestro círculo social se vuelve muy pequeño o estamos completamente solos o hay cambios significativos en nuestra vida social y cotidiana, nos sentimos extremadamente vulnerables; y eso afecta, no sólo como percibimos el presente sino también el futuro. 

A esto se suma la manipulación de noticias, la falta de exactitud en la información, los sesgos cognitivos, la fragilidad emocional en las relaciones sociales, y la frustración anudada a conductas y comentarios rencorosos fácilmente ampliada por las redes sociales. 

Está serie de factores negativos que se van sumando en un período relativamente corto de tiempo, pueden sobrepasar nuestras defensas, dejando secuelas que dificultan una conducta adaptativa.

 

La salud mental es una crisis que corre paralela a la pandemia, donde los casos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, se han incrementado en todo el mundo.

Y la pregunta que surge es, ¿cómo prevenir esta pandemia paralela?

Desde la psicología social se sabe que el comportamiento de grandes grupos responde a patrones determinados. La sincronización social a nivel emocional y conductual de las masas se puede predecir con bastante precisión, aunque aún es imposible hacer este tipo de predicciones a nivel individual.

Esto nos lleva a pensar, que el deterioro de la salud mental es un problema que se puede prevenir con políticas gubernamentales. 

La forma en que se comunica esta pandemia, debería seguir un estricto control donde la información oficial sea clara, siguiendo informaciones fidedignas. Esta es una forma de que la población confíe en que se está tomando su salud física y mental en serio.

Priorizar las necesidades de la población en esta situación de crisis, evitando en la medida de lo posible, incrementar la inseguridad y el miedo, ya que generar noticias negativas sólo causa mayor incertidumbre sobre el futuro del país. Las crisis económicas y sociales son más fáciles de superar si se refuerza un objetivo común y una identidad social. El espíritu gregario es parte del ser humano, y sentir que se pertenece a algo grande, serio e importante que nos representa, ayuda a superar las dificultades y a tener esperanza en la situación después de la pandemia.

A nivel puntual, contratar asesores eficientes para crear políticas claras de detección temprana de enfermedades mentales y que conduzcan a preparar profesionales para tratamientos cortos y eficaces a través de tele-consultas.

La salud mental de una población implica un serio compromiso con el futuro de un país porque este no es sólo un problema del presente, especialmente si se piensa en las secuelas que este tipo de crisis deja en niños y adolescentes, que son los grupos más vulnerables.

Esta exposición sólo ha pretendido esbozar algunas ideas que quizás puedan ser útiles para paliar algunos de los efectos colaterales de la pandemia. Espero que sean un pequeño paso para que se difundan nuevas ideas que ayuden a implementar políticas sociales que permitan combatir los efectos de esta pandemia en una forma más eficiente.

Maggye Foster es neuropsicóloga boliviana.

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