Fernando Patiño Sarcinelli

Terminal Metropolitana Mauricio Aramayo, El Alto

martes, 22 de junio de 2021 · 05:09

Conocí al ingeniero Mauricio Aramayo hace más de seis años por circunstancias especiales de su trabajo. Por esas casualidades del destino, tuvimos una relación comercial poco común que resultó en una relación muy amistosa. No importan más esos detalles de los primeros encuentros, lo que importa es que participé como observador (o algo parecido) en detalles de la obra donde él empeñó los últimos años de su vida y que merece el reconocimiento eterno de todos los bolivianos, principalmente de los alteños.

En poco tiempo, Mauricio me impresionó por su entusiasmo en realizar esa obra como el gran desafío de su carrera profesional a pesar de las dificultades típicas de las obras públicas enredadas en los meandros políticos y tortuosos manejos de las cuentas públicas. Efectivamente, la construcción duró más de seis años, y un par de meses dedicados a la limpieza de un edifico de 425 metros de longitud que pueden ser vistos en toda su extensión desde su interior sin barreras, además de 80.000 metros cuadrados de patio de parqueos y circulación de buses, oficinas y depósitos para más de 80 empresas. Con seguridad, una moderna obra única en América del Sur, más grande que la Terminal Rodoviaria de São Paulo. Debería ser un motivo de orgullo para los alteños.

Es imposible describir con palabras la magnitud de esa obra construida enfrentando todo tipo adversidades. Mauricio comandó un equipo de casi 500 profesionales incluyendo ingenieros, arquitectos, mecánicos, obreros y personal administrativo, sobrellevando baches políticos típicos de las obras públicas, además de los conflictos ocurridos después de las elecciones del 2019 y el martirio de la cuarentena por la pandemia.

El presupuesto de la obra tuvo que ajustarse por la crisis económica de los últimos tiempos. Al contrario de muchas obras públicas que nunca terminan en medio de crisis, el proyecto fue reformulado para bajar el costo y fue concluido con características más eficientes y menor costo que lo que se había previsto en el proyecto original. Una estructura de 36.000 toneladas de hierro visto desde el interior. Es una verdadera ciudadela con instalaciones para todos los servicios: administración del transporte, alojamientos, comercios, plaza de comidas, depósitos, oficinas legales y policiales, e incluso un helipuerto. 

Tuve el privilegio de acompañar a Mauricio en una visita exclusiva pocos días antes de la inauguración por la entonces alcaldesa Soledad Chapetón. La Terminal Metropolitana de El Alto está concluido a la espera de los trámites legales para entraren funcionamiento. 

En este tiempo habíamos labrado una relación personal única donde descubrí que sus palabras y su compromiso con el proyecto iba más allá que el contrato. Necesitaba también a alguien que cuide de su salud, y quiso que yo fuera su médico para un chequeo eventual, pero insistía en llamarme cariñosamente “don Fernando”, nunca olvidaré esas palabras. Creo haberlo ayudado a sobrellevar la tensión, el cansancio y las horas de insomnio que lo acompañaban hasta ver concluida la Terminal. 

Quiso el destino que pudiera esquivar el mal en el primer año de la pandemia, lidiando con cientos de obreros y colaboradores hasta terminar esa obra monumental. Pero, cuando menos se esperaba, hace pocas semanas, fue sorprendido por la Covid-19. Tuvo momentos de mejoría y con optimismo me prometía “vamos a salir de esto”. Esa fue la única promesa que no pudo cumplir. Por un tiempo pudimos cambiar mensajes por WhatsApp en los que me decía que estaba mejorando, pero parece que no logró convencer a los especialistas que insistían en más exámenes que contrariaban al paciente que se sentía cada vez mejor y complicaron su tratamiento. Él me repetía cada día que se sentía mejor, no conozco más detalles, me quedo con la incertidumbre de que la medicina puede ser cruel con el espíritu de un hombre que fue incansable en su trabajo y en la lucha por su vida.

El ingeniero Mauricio Aramayo merece más que nadie tener su nombre grabado por siempre en la Terminal Metropolitana de El Alto.

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.
 

 

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