Lupe Andrade

In Memoriam (para a los que no pudimos decir adiós)

miércoles, 23 de junio de 2021 · 05:11

Si hace 20 años alguien hubiera planteado la posibilidad de una pandemia como la de hoy, hubiéramos creído que era un tema de una mala novela de ciencia ficción.  Este azote, una plaga sin origen definido, sin tratamiento conocido, sin cura certera, sin vacuna infalible, misteriosamente transmitida por aire, contacto y respiración; sin bacterias o parásitos tratables; este enemigo invisible, agazapado y traicionero que ataca silenciosamente sin dejar rastro, nos tiene a todos de rehenes.  

Este es un enemigo que hace unos años hubiera sido imposible de concebir, y mucho menos en una dimensión global donde no se libra ni el más fuerte, o más rico, o más veloz, inteligente o hermoso.  El dinero no protege, y menos aún la pobreza.  Mueren el anciano, el joven, el deportista y el desvalido.  Nadie puede dormir tranquilo creyendo que está libre del peligro. Esa certeza no existe.

Cada día alguien conocido, querido y apreciado se nos va. Y, peor aún, no podemos ni siquiera decir adiós.  Aunque la enfermedad sea otra, las restricciones del momento impiden que estemos allí.  No podemos acompañar al ser querido en sus últimas horas de conciencia, no podemos decirle cuánto lo necesitamos, no podemos abrazarlo, tomarle la mano y besarla en dulce despedida.  Si pudiésemos estar cerca, sería sólo para ver cómo se ahoga en un mar cruel de paredes blancas y aparatos que alargan la agonía.

Hemos perdido a muchos. Yo he perdido compañeros de curso y de universidad, amigos de fiesta y baile; esposas e hijas amadas, colegas y amigos, sin haberlos visto de cerca siquiera porque habiendo estado tan separados y alejados por las restricciones de la pandemia, nuestras vidas se hicieron cada vez más pequeñas, más intrascendentes y más vacías. 

Hoy, porque no pude decirles adiós, envío estas palabras al infinito, hacia Fernando Illanes, Marcelo de la Quintana, Andrea Braverman y su cuñada, Miriam Suárez, Kurt Koenigsfest, Armin Franulic, Alberto Salamanca, Javier Torres Goitia, Christian Schilling, Martina Agreda, Richard Sandoval y tantos otros más que no están aquí nombrados, pero que han dejado heridas con su partida.  Todos eran personas a quienes hubiésemos deseado decir “gracias por ser mi amiga”, o “te quiero mucho”, además de adiós.

 En el caso de algunos fallecidos muy jóvenes, el dolor es peor, porque aquí se  trastocan los papeles, ya que debieron ser ellos los que nos  acompañen en el adiós postrero, no nosotros los que con bronca y dolor tengamos que lamentar su partida. 

Este enemigo invisible y horroroso, no es predecible, filtrándose por oscuras rendijas, obligándonos a buscar eremita y soledad por encima de solidaridad, trabajo, amor o deseo.  Estamos cada vez más solos en cuerpo y alma, y ya vamos un largo tiempo en este viaje oscuro… sin garantías ni seguridad.  No es mi intención sembrar temor o desesperanza, pero escribo con letras adoloridas lo que todos vemos, sentimos y sabemos.

In memoriam de cada uno que se fue, sin un último abrazo, sin un beso de despedida, sin escuchar un último sollozo de dolor por su partida.  Cada uno muere solo: esa es la eterna y trágica realidad, pero vivimos juntos, y deberíamos encarar estos momentos juntos también, en homenaje a quienes lucharon por vivir, pero tuvieron que enfrentar en virtual soledad la noche negra de la muerte. 

A cada uno, le digo adiós.  Por cada uno elevo su nombre en oración.  No es justo para ellos, y menos para nosotros, que esa partida tenga que ser tanto más triste por ser solitaria.  Y cuando estén bajo tierra, sabremos que lágrimas o palabras sobran, porque no pudieron sentir nuestra tristeza,o el calor del amor o amistad truncada por el virus maldito.  Invito a cada lector de esta columna a añadir los nombres de sus propios seres queridos y desaparecidos a esta corta lista, para que no se pierda su memoria, para que sus nombres perduren; para que todos juntos no olvidemos, de modo que así quienes se fueron en silencio, tengan larga voz, clara imagen y agradecida existencia en nuestros corazones. 

Lupe Andrade es periodista.
 

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