Sonia Montaño

Malos y malditos

domingo, 6 de junio de 2021 · 05:10

“Malos y malditos” son dos formas diferentes de resultar culpables, dice el filósofo Fernando Savater. Lo hace para ayudar a interpretar historias ficticias de la literatura. Los verdaderos malos son así porque eligen serlo,  porque quieren; mientras que los malditos lo son porque aunque quisieron ser buenos fallaron recibiendo la “ayuda” de los demás. Más que malos, los malditos “son buenos con mala suerte”. La historia y la literatura están llenas de malos de todo tipo, entre los que figuran algunos célebres como  Hitler, Stalin o Calígula, Frankestein, Drácula y varias brujas presentes en los cuentos infantiles. En nuestra historia también hay malos de todo tipo y, sin duda, muchos buenos  haciendo maldades sin querer.

Hoy voy a proponer  una lista corta de “malos y malditos” caras conocidas,  sobre los que en su mayoría no hay pruebas, como las que pidió el ministro de Justicia, Iván Lima, en su reciente interpelación. Quede pues claro que quienes aparecen son inocentes hasta que se pruebe lo contrario. En Bolivia muchos, demasiados malos, no reciben condena y están presos más de un malo tonto que no querían ser malos. Éstos, como dice el jurista Zaffaroni, amigo de los fraudulentos, están presos por la tontería de hacerse pillar. 

El ministro Lima me parece que cabe entre los “malditos” -en el sentido de  Savater - que intentó parecer bueno promoviendo la reforma de la justicia y muy pronto descubrió que es más rentable políticamente hacer de malo (y también ridículo) aprendiendo de memoria el cuento del golpe de Estado. Tiene muchos que lo ayudan.  El que creo que es malo, malo, es el exvicepresidente que escogió, sin que nadie lo obligue,  abusar, denigrar a sus adversarios, mentir sin medida ni clemencia, jurar en vano y llorar de  mentiritas, mirando al  satélite que nunca despegó, entre otras pillerías. 

Malo es también el militar y  sociólogo de las hormonas amazónicas que escogió ser villano pudiendo ir por el buen camino. Odiosos, rencorosos, inteligentes, feos, morbosos, inadaptados, peligrosos, así  son  los malos. Malos de verdad. Por estos días, el más malo de todos es un tal Edwin Blanco, quien siendo  fiscal encarceló injusta e ilegalmente al médico Jhery Fernández que pasó  cuatro largos años en la cárcel y  fue sentenciado sin pruebas a 20 años. El responsable de la fechoría acaba de ser designado juez por el Consejo de la Magistratura.  Omar Michel, nada menos que presidente de la Magistratura, justificó la designación porque “acá no se miran las caras ni los nombres” dijo. Quizás no miraron la cara de Blanco porque es posible que al hacerlo hubieran sentido un dolor en el estómago y sudores fríos correr por su espalda, ya que las maldades públicas  no se pueden ocultar. Este hombre  tiene la doble condición de malo por elección y maldito gracias a la ayuda del Consejo de la Magistratura.

Entre los “malditos” ayudados por otros está el expresidente que hizo maldades de varios tipos gracias a la veneración y condescendencia de propios y extraños. Su ropaje  de indígena fue  la maldición que lo llevó muy rápido a ganar elecciones para luego  abusar  del poder. Formado en las malas lides sindicales y  cocaleras,  lo maldijeron convirtiéndolo en jefazo, complaciendo sus caprichos, aceptando rodillazos, limpiando sus zapatos para no  mencionar el coro celestial de  europeos culposos que vieron en él un Mandela y hasta  un Luther King. Del presidente  argentino y del mexicano que lo ayudan no tengo antecedentes, pero me late que son malos por elección. Quizás el ex  quería ser bueno  pero la maldad  fue más fuerte y más acorde con el país en que vivimos.

Malo por vocación me parece el recientemente detenido Arturo Murillo, quien era malo a primera vista y ni qué decir de Sánchez Berzaín, conocido como el Chulupi, que ocupó el mismo ministerio años atrás. El nuevo gobernador de Santa Cruz  es otro personaje esforzándose por ser malo, hay que darle tiempo. Y mala es la persona que congeló las cuentas de la Alcaldía y la imaginó riendo ante el pánico que ocasionó entre la paceñidad.

Hay unos malditos transformados que pasaron parte de su vida defendiendo derechos y en nombre de ese pasado se convirtieron en torturadores y asesinos de sus compañeros durante las dictaduras. La lista es larga.

Entre los dictadores, algunos fueron malos y otros malditos y es sabido que hay malos inteligentes que no dan la cara, operan en la sombra y sobreviven gracias a su capacidad de mostrar rostros enmascarados. Vivimos una diablada permanente donde el  Lucifer de turno es adorado mientras baila, pero sabemos que  luego será enterrado por su propia comparsa. En la vida real, los malos tienen que  arriesgarse a ser juzgados lejos de casa porque aquí no hay justicia que valga; los jueces y fiscales han dado muchas pruebas de haber escogido el lado de los “malos y malditos”.

 

Sonia Montaño es  socióloga feminista.
 

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