Rolando Morales Anaya

Informalidad laboral, su relación con el desarrollo

miércoles, 14 de julio de 2021 · 05:10

La informalidad laboral y empresarial ha existido siempre en la historia de la humanidad, pero cabe preguntar si siempre fue la misma. El problema teórico es que hay múltiples definiciones de la informalidad.

Desde la publicación del libro “El otro sendero” de Hernán de Soto en los años setenta, se postula con frecuencia que el sector informal existe debido a la dificultad de muchos agentes económicos de cumplir con las normas que rigen su actividad, especialmente, registros e impuestos. Los informales son los que no cumplen esas normas. A este propósito caben algunas observaciones: 1) En los países con instituciones débiles, pocos son los agentes económicos que cumplen con todas las normas, luego la informalidad estaría afectando a casi todos los trabajadores y a todas las empresas; sería, en consecuencia, el estado “normal” de sus economías. 2) Algunos autores, por ejemplo, Colin C. Williams (William, 2015) afirman que no existe evidencia empírica suficiente que muestre que la disminución de requisitos legales para la formalización lleve a disminuir la informalidad. Luego, es posible preguntar si las características señaladas del sector informal son las causas de la informalidad o solo la forma de distinguirlo de los otros sectores.

Una corriente de pensamiento que proporciona un panorama más amplio para comprender las diferentes teorías sobre la informalidad es la llamada estructuralista. Una de sus líneas se basa en la observación que en todas las economías existen trabajadores y empresarios que teniendo escasa habilidad y capacitación laboral no logran puestos en el sector formal porque no pueden cumplir con sus exigencias de rendimiento. Al no poder acceder al sector formal, buscan refugio en actividades de bajo rendimiento, acordes con sus habilidades, las cuales conforman el universo de la informalidad. Pero además de captar a los trabajadores con bajos rendimientos, el sector informal cobija a los que, teniendo algún emprendimiento en vista, no tienen acceso al capital o que son discriminados por su cultura o por el color de la piel. 

La explicación estructural se divide en dos corrientes, una que señala que lo que ofrece el trabajador informal responde a una demanda existente (demand-driven) y otra, que postula que los informales inducen a la demanda de sus productos a partir de políticas de oferta (supply-driven). 

La demand-driven postula la existencia de mercados segmentados de bienes y servicios: unos conformados por consumidores de ingresos medianos o altos y otros conformados por consumidores cuyos bajos ingresos les permiten acceder sólo a productos de calidad menor. Los trabajadores informales son capaces de satisfacer esta última demanda. La hipótesis de demand-driven es adecuada en situaciones de inequidad en la distribución de ingresos (factor demanda de bienes y servicios) y de oportunidades (factor oferta: capacitación laboral). Esta observación otorga al sector informal el importante rol de satisfacer las necesidades de la gente con menores ingresos, es decir, se inscribe en una estrategia de alivio de la pobreza (William, 2015).

La hipótesis de supply-driven implica un componente de innovación. En Bolivia y otros países de América Latina, se observa la aparición creativa de nuevos circuitos de comercialización, de innovaciones gastronómicas, de nuevos servicios, además de la producción no mercantil para satisfacer necesidades domésticas.

En Bolivia y la región andina, los informales son personas aparentadas a la población de origen indígena a la cual, históricamente se ha ofrecido pocas oportunidades de formación y que, en el presente, es muchas veces discriminada para optar un puesto de trabajo en el sector formal. 

En general, las empresas informales no pueden beneficiarse de economías de escala ni acceder a mercados externos, pero lo que constituye una debilidad para el crecimiento, resulta ser fortaleza para resistir a las crisis económicas, pues su pequeño tamaño les permite ajustar su producción y costos a la coyuntura e incluso reinventarse en otra actividad y su ausencia de los mercados externos las protege de las crisis internacionales.

La informalidad laboral y empresarial es una etapa del desarrollo; no es posible saltarla o ignorarla soñando en tener trabajadores con uniforme como en las fábricas alemanas o con corbata como en los bancos suizos. Se le debe apoyar desde las políticas públicas para acelerar el desarrollo de Bolivia.

Rolando Morales Anaya  es economista.

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