Luis Revilla Herrero

El añorado liderazgo de La Paz

jueves, 15 de julio de 2021 · 05:11

La celebración de la revolución libertadora en La Paz trae a colación el sentimiento cada vez más extendido de la perdida de liderazgo de nuestro Departamento y nuestra ciudad; sirve de palestra para encender los discursos emulando a Murillo y reclamar lo hecho y no hecho para recuperar el liderazgo perdido.

Pero la verdad es que el mayor crecimiento de otras regiones sumado a mejores oportunidades no tiene que ver precisamente con La Paz o sus habitantes. El desarrollo de la agroindustria cruceña y la consiguiente acumulación y captación de significativos capitales internos y externos, la mayor disponibilidad de recursos públicos provenientes de los impuestos a una población creciente pero también a las grandes empresas con sede oriental, sumada, ciertamente, a la escasa conflictividad, han generado un espacio propicio para un crecimiento sostenido de la economía cruceña (6% de crecimiento promedio entre 2011 a 2019 y 30% de aporte al PIB nacional).

En contraposición, La Paz tiene basada hoy su economía en la administración pública que representa el 25% de participación en el PIB, sumado al comercio, servicios y transporte (32%) y que son sectores bastante ligados a lo público. El estancamiento poblacional, particularmente en la sede de Gobierno incide en la reducción de los ingresos per cápita y en las recaudaciones locales. Y claro, ni el crecimiento poblacional de El Alto (casi 30% entre los censos de 2001 y 2012) –en una ciudad con altos índices de pobreza (36%) y desigualdad- ni el esfuerzo del sector privado industrial y comercial paceño y alteño, alcanzan para impulsar un crecimiento mayor, pues el circulo vicioso de menos recursos, mayores demandas, menos oportunidades y mayor conflictividad social y política nos tiene entrampados ya por varias décadas.      

Mientras el Estado siga apostando sólo a lo público para generar empleo e ingresos, los privados, cada vez más y con mayor rapidez migran al oriente ante la competencia estatal y la conflictividad social y política que desalienta la inversión, la formalización de empresas y por ende, disminuye las oportunidades, los empleos formales y los ansiados mayores ingresos para las familias.

La historia ha corroborado ya la obviedad de que el Estado no puede generar empleo para la totalidad de sus ciudadanos; tampoco el sector privado puede prescindir del Estado para el desarrollo de sus actividades. De hecho, no ocurre ni en la Cuba socialista -donde la industria hotelera privada y sus derivados- significan importantes dividendos para el Estado, ni en la China comunista, donde el sector privado juega un rol trascendental en la economía impulsada en buena parte por las empresas mixtas y privadas.

La recuperación del liderazgo paceño no pasará por los discursos regionalistas, ni tampoco por la censura a los empresarios que buscan oportunidades donde se les presenten. La recuperación económica, que es lo que en realidad está en juego, pasará por una decisión de Estado como la asumida a mediados del siglo pasado con la marcha al Oriente pero esta vez para construir y desarrollar alianzas público privadas, que disminuyan la conflictividad social reinante pero también para fijar reglas claras entre trabajadores y empleadores, garantizar gestión por resultados sin intervenciones partidarias y mucho menos, manejos ineficientes.  

¿No es así como se han hecho los acuerdos en Bolivia con las grandes transnacionales petroleras? ¿Garantizando sus millonarias inversiones y al mismo tiempo decisivos ingresos para el Estado? Ese modelo de acuerdos a gran escala puede ser replicado a mediana y pequeña para apuntalar a nuestras empresas y a nuestros emprendedores. 

Las ciudades se están moviendo hoy bajo lógicas de cooperación y complementariedad, no bajo lógicas de confrontación y rivalidad. Dejemos de quejarnos y atrevámonos a imaginar formulas creativas, no para recuperar liderazgos supuestamente perdidos, sino para crecer económicamente y dotarles a nuestros ciudadanos de una mejor vida basada en oportunidades y empleos dignos.

 

Luis Revilla Herrero es abogado y fue alcalde de La Paz.

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