Lupe Andrade Salmón 

Las protestas del Planeta Tierra

miércoles, 21 de julio de 2021 · 05:11

Al mismo tiempo que un par de empresarios privados norteamericanos se dan el lujo de saltar al espacio y volver ilesos, o planificar turismo espacial a un cuarto de millón de dólares por pasajero, el Planeta Tierra, en el cual los demás vivimos y del cual no podemos salir si no es por la puerta de la eternidad, está en plena protesta crítica contra los abusos de la humanidad.

Hemos construido donde no debíamos... y los edificios en Florida están cayéndose con decenas de personas adentro.  Hemos hecho uso y abuso del agua, y ríos o  represas  ya han reventado en varios países, llevándose casas, personas, animales, automóviles y vidas.  Hemos contaminado el ambiente y provocado cambios climáticos terribles, y ahora en Europa y Estados Unidos las inundaciones “flash” están haciendo de las suyas con construcciones y vidas humanas, en una reacción enfurecida ante las depredaciones.

El ciudadano común, en Rusia, China, Estados Unidos o México, no es individualmente culpable de lo que sucede, pero sí es culpable, por lo menos en parte, de su propia ignorancia y ceguera al respecto de la violación de la naturaleza.  Somos culpables, sin excepción, porque nuestra forma de vida es depredadora, y lo ha sido desde los albores de la humanidad, cuando empezamos a construir/destruir, a crear/destrozar, y a creernos dueños del planeta.

Los grandes intereses ganaderos y madereros –incluyendo a Bolivia- han sacrificado enormes extensiones de tierra virgen para producir carne y pollos en criaderos y haciendas donde los animales no tienen otra opción que comer, engordar y morir, sin espacio para moverse.  Estamos caminando hacia una humanidad de obesos amarrados a computadoras, también sin moverse hasta que llega el final de sus vidas.   Las grandes petroleras, las empresas madereras, los soyeros y cañeros que destruyen bosques primigenios para producir ganancias con productos que no hacen bien a la humanidad, no son culpables, quizás, de todas estas destrucciones, pero sí son culpables de ceguera empresarial y colectiva con respecto a sus efectos.

No se enojen conmigo, amigos.  No hagan un gesto de desprecio al negarse a seguir leyendo.  Lo que digo es cierto en el mundo desarrollado, y en forma inicial, aquí también.  Allí, el humano va a escuelas donde pasa horas sentado, hace sus deberes sentado ante una pantalla, y luego pasa miles de horas de su vida adulta frente a  más pantallas, para ganar el derecho a comer mirando televisión y trabajar más horas, para retornar al ciclo deshumanizante de saciedad sin hambre y sueño sin cansancio físico.

Y el planeta se está enojando.  Alemania –país civilizado- está sufriendo de terribles inundaciones.  Miami, el paraíso turístico para latinos que visitan Estados Unidos, está amenazado por la destrucción de su propio suelo, con posibilidad de múltiples edificios cayendo sin aparente razón, sólo por la sobrepoblación, la sobrecarga de construcciones y el enojo de la Madre Tierra.  

Aquí mismo, si seguimos el ciclo maderero de cortes sin plantación de árboles, el ciclo cañero (o arrocero) de quemas, siembras, abono a granel, cosechas mecanizadas, Ingenios con producción contaminante y más quemas (el humo llega hasta Yungas, lo juro), estamos entrando a largos ciclos depredadores, con riesgo de quedarnos sin suelos, sin cosechas, sin azúcar, sin arroz y a la larga, sin consumidores.

La Madre Tierra, maltratada, agujereada, sucia y desgastada, está protestando.  Está volcándose contra quienes la abusan; quienes la depredan; quienes como lemures, van ciegamente hacia su propia destrucción.  Escuchemos su voz y hagamos nuestra parte, para protegerla, y para que quienes vengan detrás de nosotros hagan lo propio.  Quizás se pueda salvar; quizás podamos retrasar su final.  Piénsenlo, amigos, piénsenlo bien a la boliviana, con pies en la tierra, una cervecita en la mano y amigos de verdad, de carne y hueso, con nosotros.   Somos subdesarrollados y privilegiados.  Todavía tenemos una tierra bella para salvar.

 

Lupe Andrade Salmón   es periodista.

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