Loreto Correa Vera

Bolivia y sus acusaciones contra Chile: «Ahí le respondo»

jueves, 22 de julio de 2021 · 05:09

La semana pasada, el gobierno de Luis Arce acusó al gobierno de Mauricio Macri de haber enviado material de guerra para reprimir a la población de Bolivia durante los aciagos días de noviembre de 2019. Y ojo, Macri, por meses se negó a reconocer el gobierno de Áñez. Hace algunos días, el gobierno de Bolivia decidió incriminar a Chile en la posibilidad que hubiese incitado o derechamente ayudado al supuesto descalabro del gobierno de Evo Morales. Estos son los hechos, analicemos las implicancias de estos eventos.

En los dos años y 9 meses desde el fallo de La Haya y que desolaron a la política exterior de Bolivia, la capacidad del MAS por colaborar en la relación binacional con Chile ha sido inexistente. Al berrinche de Evo Morales tras enterarse del fallo, y la insistencia en perjudicar al norte chileno tratando de desviar la carga boliviana hacia otros puertos, le siguió su renuncia a la presidencia. 

En casi un año de gobierno transitorio, Chile advirtió un patriótico espíritu de trabajo internacional en el gobierno de Jeanine Añez. Primero porque la presidencia boliviana de Áñez nunca cedió a la tentación de exigir un cambio en el trato, sino más bien insistió en buscar espacios de trabajo conjunto. En un contexto donde la pandemia hizo estragos entre la población boliviana que estaba en situación migratoria en el país, la colaboración y coordinación fueron una constante en un contexto de incertidumbre mundial.

Así, ya fueran migrantes regulares o irregulares, el gobierno chileno  colaboró de manera sistemática y en la medida de sus posibilidades, con las personas, en situación de calle para lograr su retorno a Bolivia. Esto que demoró largos seis meses entre ambos países, de marzo a agosto de 2020, permitió la repatriación de a lo menos 8.935 bolivianos a su país (42,4% del total de retornos). Como resultado de las gestiones en esta materia, habrá que recordar el inédito, pero sin duda, alentador comunicado conjunto el 23 de abril de 2020 de ambas cancillerías a propósito de este tema, que por cierto mantuvo en estado de alerta a ambos gobiernos. 

¿Pero quién puede llegar a pensar que Chile tuvo algo que ver  en  la renuncia de Evo Morales el 2019? Solo quienes tienen en mente un discurso antidemocrático, y siguen viendo en Chile un país que intenta perjudicar a Bolivia.

Pero razonemos un poco, porque más allá del disparate, ¿cuál podría haber sido la ganancia para Chile? En este punto, es donde la acusación se torna retorcida. La política exterior de Chile hacia Bolivia se caracteriza desde hace varios lustros por una apatía constante y en contados casos, por reacciones intermitentes a las salidas de tono de la presidencia boliviana. Sin duda, y habría que haber sido ciego para no verlo, tras el fraude electoral de la presidencia de Morales, las condiciones de gobernabilidad de Bolivia se tradujeron en un avispero imposible de manejar. Las acusaciones de fraude de la elección de 2019, cuestión que le compete solo a Bolivia, dejaron a un país completamente a la deriva y, a su gobierno, en la cuerda floja. Culpar de intervencionismo internacional a la cuestión boliviana, es nuevamente acudir a la reiterada y ya reconocida actitud de victimización.

Ciertamente, un cambio de gobierno en Bolivia era auspicioso. Pero de ahí a acusar a Chile de entrometerse en asuntos de Bolivia hay mucha distancia. En primer lugar, porque Chile no tenía, ni tiene interés alguno en perjudicar a los bolivianos. Pero, en segundo lugar, porque la inestabilidad política de Bolivia solo perjudica a la región sudamericana completa y hunde al país. Nada más lejos de los intereses de Chile. 

Aun así, el relato del MAS, ha vuelto sobre sus pasos. Es así que ahora pretende investigar un supuesto intervencionismo del gobierno de Sebastián Piñera en la materia. Al respecto, valgan dos elementos para estos infortunados propósitos: Chile reconoció el gobierno de transición tras el gobierno de Estados Unidos, Brasil, la Unión Europea, Rusia, Colombia, Guatemala y Reino Unido. A nivel regional 15 de los 34 países que integran la OEA pidieron el 14 de noviembre de 2019 que hubiera una convocatoria de elecciones en Bolivia “lo más pronto posible”. A su vez, la OEA calificó al gobierno de Jeanine Añez como un gobierno transitorio y enmarcado en la sucesión constitucional. 

Visto lo anterior y considerando la sistemática persecución del gobierno de Luis Arce a los integrantes del gobierno transitorio, primero en la persona de la propia presidente Añez, sus ministros y colaboradores, no asombra ni desorienta la acusación reciente. Sin embargo, vaya para este yerro un pronóstico. La semana pasada y en una situación inédita, se asesinó al presidente haitiano. Frente a ello, los pocos senadores que quedaron del gobierno de Jovenel Moïse llevan días clamando por la colaboración internacional frente a la delicada situación en Haití y han sido, nuevamente las Naciones Unidas, la OEA y la Unión Europea, quienes han respaldado un gobierno de consenso en la isla caribeña en la persona de Ariel Henry. Individualmente, ningún país en toda la región, ni siquiera aquellos que participaron en la MINUSTAH, insistieron ni por un instante en querer colaborar con la situación caribeña. También, hemos visto, una actitud contemplativa respecto de los graves hechos en Cuba. 

En consecuencia, y dado el actual contexto de cómo se están dando las cosas en la región, es muy probable que, ante una nueva crisis de gobernabilidad nacional en Bolivia, esta se encuentre sola y aislada. O bien, cercana a los países de su órbita, que sabemos, no tienen elemento alguno para apoyar concretamente a Bolivia, con la excepción de Argentina. Entonces, es de presagiar, que esta vez con certeza contestarán ante un eventual pedido de ayuda, con un decidor silencio o con una popular frase colombiana: “Ahí le respondo”.

 

Loreto Correa Vera es historiadora chilena e integrante del Grupo de  Reflexión Chile-Bolivia.

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