Editorial

Irresponsabilidad frente a la segunda dosis

viernes, 23 de julio de 2021 · 05:15

El incumplimiento de Rusia está dejando a 1,2 millones de ciudadanos bolivianos en “modo espera” para acceder a la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. Frente a los constantes retrasos en el envío del inoculante, tanto el Gobierno boliviano como la embajada rusa en La Paz amplían más y más el tiempo de su aplicación sin mostrar estudios científicos que avalen los nuevos plazos.

En enero de este año, el Gobierno fijó como plazo para la recepción de la segunda dosis 21 días, de hecho, así quedó anotado en los carnets de vacunación de quienes recibieron este inoculante. Sin embargo, en abril anunció la ampliación del plazo para su aplicación a 90 días, es decir, tres meses. Entonces, las autoridades argumentaron que mientras más tiempo se espera para la segunda dosis, la vacuna ofrece mayor inmunidad.

Pues bien, ya estamos a punto de cumplir los tres meses y no llegan las vacunas, salvo 35.000, un número insignificante frente a lo requerido. Para resolver el apuro, la Cancillería –nótese que un funcionario diplomático y no uno de salud- anuncia que el tiempo de espera para la segunda dosis puede ser de 180 días, es decir, seis meses. Pero, al mismo tiempo las autoridades aseguran que el retraso en la llegada de la  segundas dosis esta vez solo será de 10 días. El caso es que toda credibilidad en esta materia ha sido perdida y vaya a saber cuándo llegan las vacunas.

Pero, no solo eso, sino que ahora el vicecanciller Benjamín Blanco se da el lujo de comparar la Sputnik con las vacunas unidosis porque, según dice, los grados de protección son altos. Y, para apoyar esa versión, el embajador ruso en Bolivia, Mikhail Ledenev, dijo: “Es posible que cuanto más sea el periodo entre la primera y segunda, mayor fuerza gana”. ¿Qué significan estas declaraciones? Tal parece que el Gobierno empieza a preparar a la población para la mala noticia de que no habrá segunda dosis, o que la espera será mayor a 10 días, o tal vez que no arribará la cantidad necesaria.

Lo cierto es que Rusia está sufriendo el azote de la variante delta del coronavirus y, como es lógico, está destinando sus vacunas para su población, dejando a países como Bolivia sin la protección necesaria de las dos dosis.

De hecho, el embajador ruso reconoció “ciertas dificultades” en ese sentido. “Cuando fui a Moscú, al entrar al aeropuerto vi un descuido generalizado. Las cifras eran buenas, pero la gente se relajó y (...) apareció este rebrote, la nueva variante del virus. Enfrentamos la necesidad de llevar adelante una vacunación más enérgica”, señaló.

Esa es la única verdad, por eso causa molestia que el Gobierno quiera hacer creer a la población que la postergación es para fortalecer el esquema de vacunación alargando los plazos, tal como dijo Blanco al anunciar la mala noticia. Decir tal cosa es subestimar la inteligencia y la capacidad informativa de la población. 

Tan falso como Blanco es el embajador ruso, que ayer dijo que la prioridad es Bolivia y que, incluso, puede darse el caso de que, en vez de enviar vacunas a alguna región de Rusia, prefieran enviarlas a nuestro país.

Ya basta de mentiras, señores del Gobierno boliviano y del Gobierno ruso. Es tiempo de que asuman su responsabilidad, que se sinceren ante la ciudadanía, que digan que no tienen capacidad para completar el esquema de vacunación y que se busque otras soluciones en el marco de estudios científicos serios y no en la voz de dos funcionarios diplomáticos, cuya palabra ha perdido valor.

El Gobierno boliviano que suele ser tan duro con los imperios, tratándose de Rusia baja la cabeza y acepta con resignación los constantes retrasos. Es más, decide creer que las postergaciones son para proteger a los bolivianos. En otras circunstancias ya estaría persiguiendo a los culpables, capturándolos sin orden de aprehensión, trasladándolos a La Paz sin que sus familiares se enteren, ejecutando boletas de garantía, rompiendo contratos, protestando, denunciando una conspiración internacional contra la salud del pueblo boliviano y acusado a los poderosos de discriminación con los indígenas. Con Rusia todo bien.
 

 

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