Hernán Cabrera M.

Convertirnos en “animales políticos” en el Estado Plurinacional

sábado, 3 de julio de 2021 · 05:10

Es que ahora y en Bolivia, la política es demasiado importante para dejarla solamente en manos de los políticos. Somos una sociedad en permanente contradicciones, donde confluyen una serie de conflictos protagonizados por una diversidad de movimientos sindicales, sociales, empresariales, cívicos, vecinales, indígenas, campesinos, mineros, colonizadores, transportistas, gremiales, feministas, y muchos otros. La pandemia activó otras energías que teníamos.

La emergencia de los otros -que fueron invisibilizados durante mucho tiempo- más que nunca ha reclamado y conquistado sus espacios de poder, lo que por justicia histórica les corresponde, porque el acceso al Palacio de Justicia, al Parlamento, a la Alcaldía, gobernación ya ha dejado de ser privativa de los culitos blancos o para aquel que compra un curul. Vemos ahora rostros de pueblo, de campesinos, indígenas, trabajadores, clase media como los nuevos actores políticos.

Esta es una invitación a asumirnos como animales políticos porque nos importa a todos el bienestar y la felicidad de cada uno de nosotros, de la familia, los amigos, los conocidos, hasta de los enemigos;  porque nos debemos involucrar en las decisiones de nuestra comunidad, y no que otros o unos cuantos decidan por el conjunto de los hombres y mujeres que son parte de una sociedad; porque tenemos razón, capacidad, entusiasmo y voluntad para transitar otros terrenos que no son solo los de la cotidianidad y la rutina: ir al trabajo, marcar la tarjeta, sentarnos por largas horas en el escritorio, esperar que pasen los minutos, conversar con los colegas, hacer chiste y preparar la salida de fin de semana, o abrir tu negocio, limpiar los productos, hacer cuentas, aguardar a que lleguen los clientes, cerrar el negocio, conversar con los hijos, hacer el amor con tu pareja o darse algunas escapaditas, o internarse en el mundo virtual, o irse de paseo por la ciudad, sabiendo que tiene recursos económicos suficientes, por alguna herencia, ciertos ahorros que ha hecho, o porque robó algunos dólares al Estado, pero igual no hace nada, y la vida es un canto a la bohemia, La vida es un carnaval cantaba la cubana Celia Cruz.

La vida es para gastarla por los demás, decía el sacerdote Luis Espinal, y luego la dictadura lo partió en miles de pedazos.

Porque los seres humanos nos preocupan y nos interesan de sobremanera como para dejar para otros días la lucha por nuestros derechos y del medio ambiente donde uno vive, porque estamos en la obligación de dejar como herencia a nuestros hijos y nietos mejores condiciones de vida, de trabajo, de relaciones, de sobrevivencia para ellos; porque el ser ciudadano de la democracia no es una carta blanca para largarnos a gusto y aplaudir desde el balcón, o pasarnos la vida de fiesta en fiesta, de jarana en jarana; porque hay que esforzarnos para que nuestra juventud recupere esa rebeldía histórica y espontánea, y no se pierda en bares, en cantinas, en jolgorios en la superficialidad, porque hay que salir de nuestras cuevas y dejar huellas en el camino, o ¿acaso queremos seguir así o  marcaremos otros rumbos en nuestras vidas pesadas, aburridas y darle cierta agitación y un sentido?

Y ojo, que no siempre debemos apuntar o esperar que del Estado nos llueva todo, sino, así como dice John Dewey, en 1940, que el campo de batalla está en cada uno: “La amenaza más seria para nuestra democracia no es la existencia de los estados totalitarios extranjeros.

 Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones, de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y han estructurado la disciplina, la uniformidad y confianza en el líder, Por lo tanto, el campo de batalla está también aquí, en nosotros mismos y en nuestras instituciones”.

 

Hernán Cabrera M. es periodista y licenciado en filosofía.

 

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