Alias Aghata

Ilusiones diluidas

viernes, 13 de agosto de 2021 · 08:33

“La Coordinadora Nacional de Defensa de Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia -Contiocap- manifestamos que, a 12 años, 6 meses y  2 días de la promulgación de la Constitución Política del Estado Plurinacional, (…) lo único que tenemos a la fecha son ilusiones diluidas, sueños que se convirtieron en pesadilla; porque el Estado Plurinacional se ha convertido en un discurso político del partido gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) ”.

Así inicia el manifiesto del Contiocap, publicado este 9 de agosto en su cuenta de Twitter, a propósito del Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En este, advierten que en la última década y media, los gobiernos de Bolivia se han caracterizado por una política “anti indígena” y “anti naturaleza”. Señalan al de Evo Morales, al de Jeanine Añez y al actual, de Luis Arce.

Por la valentía de los autores y la relevancia de cada uno de los puntos escritos, el manifiesto amerita la lectura completa y detenida del mismo. Sin embargo, en este artículo, quisiera hacer énfasis en tres elementos fundamentales, que explican las “ilusiones diluidas” de los pueblos indígenas y la alarmante situación que atraviesan en Bolivia.

En primer lugar, “la Interculturalidad (…) ha sido reducida a un instrumento de sometimiento y esclavitud político partidario para el grupo de personas que lo representan” denuncia el manifiesto.

Este cuestionamiento al partido de Evo Morales no es nuevo. Sin embargo, no ha tenido el mismo espacio mediático que la farsa discursiva que promueve el ex presidente boliviano y su cúpula, particularmente en el extranjero. Aún se cree que el líder del MAS es un legítimo defensor de los pueblos indígenas, cuando sus acciones gubernamentales  y su condena a los indígenas, que no se han sometido a su voz autoritaria, indican lo contrario.

Cabe recordar uno de los ejemplos más importantes al respecto: la represión a indígenas de tierras bajas, en 2011, durante una marcha pacífica, que buscaba defender al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Ha pasado casi una década desde ese ataque, sin tener claros los responsables. Pero Chaparina no se olvida.

Precisamente, en relación al tema territorial, está el segundo punto a resaltar del manifiesto: “los territorios indígenas, áreas protegidas y recursos naturales se han convertido en moneda de cambio del clientelismo/ prebendalismo de votos”.

Este punto también revela otra engañosa práctica discursiva del Movimiento Al Socialismo: la supuesta defensa de la Madre Tierra. Mientras reparten palabras al respecto, en reuniones internacionales y en redes sociales, aplican políticas extractivistas y  depredadoras de nuestra “Pachamama”.

Como cita el mismo manifiesto, el accionar vinculado con el Tipnis; la aplicación de la Ley de Minería y Metalurgia 535; así como las leyes y normas que han influido en la deforestación y quema de bosques  son algunos ejemplos de la contradictoria política masista. Sin embargo, poco se lee en los titulares internacionales al respecto, cuando se habla de Evo. Aún se asocia este nombre con las profundas causas indígenas de Bolivia y América Latina.

Quizás, porque además de haber instrumentalizado lo que esas representan, ha cooptado a muchos de sus líderes bajo su yugo político. Este es el tercer punto que considero importante resaltar del manifiesto:

“La autodeterminación de los Pueblos Indígenas ha sido obstruida por la cooptación  político partidaria de las organizaciones representativas de nuestros pueblos”. Lo que implica una de las agresiones más perversas, pues supone la división de estos pueblos, con la bandera azul de por medio.

“Todo para solventar las pretensiones de perpetuar en el poder al partido gobernante (MAS-IPSP), convirtiéndose en una amenaza que provocaría la extinción de los verdaderos pueblos y naciones indígenas que representan la plurinacionalidad del Estado”, advierte el manifiesto.

Así, se revela que aquellos que habían sido vulnerados, despojados y maltratados, durante tantos siglos, aún no tienen las condiciones de respeto, bienestar y autonomía, que se les había prometido con un gobierno que parecía representar el cambio. No solo el posesionado en 2006, sino el recientemente inaugurado.

Se van acumulando las ilusiones diluidas, pero aún hay voces para recuperar la utopía.

 

Guadalupe Peres–Cajías es docente e investigadora en comunicación

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