Carlos Armando Cardozo Lozada

Resetear la economía boliviana

miércoles, 18 de agosto de 2021 · 05:08

El concepto resetear es familiar para todos, una acción que permite depurar errores en el funcionamiento de un sistema, un computador, por ejemplo, que permita recuperar la funcionalidad, capacidades y óptimo desempeño.

La economía no es ajena a este concepto. Errores en la formulación de políticas públicas que se tornan obsoletas van constituyéndose como lastres para retomar la senda del desarrollo. Cualquier nueva acción no tarda en fracasar por el conflicto sistémico de la economía en su conjunto, dejando de lado las buenas intenciones de sus promotores.

El gobierno boliviano arrastra políticas públicas de la misma forma que sus gobernantes arrastran pecados y cuentas pendientes con el país. Es decir, no podemos hablar de un modelo económico claro puesto que se sostiene en los mismos fracasos de los anteriores.

Para empezar, la política tributaria es un ejemplo de normas apiladas incoherentes que han generado a lo largo de este tiempo (Ley N° 1983 de 1986) la informalidad dominante que secuestra a 7 de cada 10 bolivianos (Fundación Milenio). Se optimizó las formas de recaudación tributaria bajo un enfoque medieval, una verdadera cacería de brujas y la persecución criminal de los pocos contribuyentes en pie. El uso de mecanismos de tortura como la UFV para la aplicación de multas (cotización bajo tuición del Banco Central) o la actualización de deudas con el Sistema de Impuestos Nacionales (SIN) a través de intereses que engordan la cuenta del ciudadano, la usura queda corta para definir la mente retorcidas en función de gobierno.

La subvención a los carburantes, es una pesada cargada que se contempla aminorar en el futuro próximo. Ayudar a la agroindustria bajándole los costos de manera artificial para luego impedirle exportar sus grandes volúmenes de producción a los mercados extranjeros, es más que una cosa de locos, es una muestra de la arrogancia de la fatal ignorancia en Bolivia.

Lo cierto es que la perdida acelerada de divisas obliga a medidas urgentes ¿Son o no son gastos prescindibles? ¿Cuáles son los “pros” y “contras” de seguir aguantando la respiración? ¿Convulsión social, pérdida de popularidad política, inflación, nivelación de sueldos y salarios? Pregunten a Morales que dio media vuelta en su intento de “gasolinazo”.

Curioso que nos llenemos la boca hablando del litio y el potencial de los autos eléctricos al mismo tiempo que defendemos la subvención a los carburantes que alimentan los vehículos convencionales. Somos mucha cosa.

La legislación laboral y la burocratización de la economía formal es una cadena que nos sume en la oscuridad de la improductividad. Tal parece que nadie entiende el daño de las disque conquistas sociales de entes fantasmales como la Central Obrera Boliviana (COB). Salario Mínimo con Escala Móvil, “boom” desempleo; obstaculización del cierre de empresas y traspaso a los trabajadores, “boom” desincentivo al libre emprendimiento; doble aguinaldo, “boom” impuesto a las utilidades versión 2.0.

Existe una relación parasitaria del Gobierno respecto a la Economía, la primera filtra recursos para aumentar sus atribuciones, contratar trabajadores, desatar su creatividad para armar un verdadero laberinto de trámites, regulaciones y fiscalizaciones. Se preguntan porque el empresario privado no importa, innova, crea, se actualiza, aquí la razón: no tienen con que, su razón de ser es sobrevivir y seguir contribuyendo. Reinversiones, por favor el Gobierno no corre riesgos, siempre juega a lo seguro.

Finalmente, el pecado original, aquel que pario el Estado Fallido, la involución de la participación política. Elección tras elección somos testigos del desplome de la calidad de líderes políticos y la desaparición de los partidos políticos como espacios de debate y la construcción de líneas de pensamiento profundo. Ambos derecha e izquierda, fueron coautores de este panorama desolador, sin futuro y dirigidos al colapso inminente.

A título de inclusión se paga a analfabetos para supuestamente elaborar proyectos de ley, fiscalizar y deliberar con sus pares como demostración de la vigencia de la democracia. Sin embargo, vemos con resignación que los “padres de la patria” se pierden en la superficialidad de las plumas, ponchos y ojotas para reclamar silbatinas y rabietas de sus rivales para así congraciarse con los dueños del partido.

“Compañero me estoy recomendando con los jefes, estas pititas no se saldrán con la suya” o por el otro lado “Mire jefe le dimos la espalda al presidente en su discurso, para que vea que somos bien valientes le hicimos pasar bochornos”

El país nunca podrá resetearse a tiempo si dependemos de peores y peores versiones de la política boliviana, apostamos porque la diosa fortuna, los elementos, la Pachamama o cualquier entidad superior que nuestra plurinacionalidad viva considere relevante de reconocer, ilumine un día a todas sus mayorías y consigan ver claramente los males estructurales del país.

Hasta entonces habrá que hacer algún sacrificio para despertar la benevolencia de nuestras raíces y que libren al país de sus verdugos. Irónicamente, los verdugos de este país son la llave para romper el estatus quo, mentes frágiles con la grandeza suficiente para renunciar a sus privilegios en pos de algo más que la mayoría, el futuro de todo un país.

Queda preguntarse si los políticos serán capaces de resetearse a sí mismos, depurar su soberbia y pensar por sí mismos.

 

Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático y Presidente de Fundación Lozanía.

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