Juan Pablo Guzmán

Inventaron la hamburguesa y también el “golpe”

lunes, 2 de agosto de 2021 · 05:11

Posiblemente muchos masistas no sigan a Netflix, pero si por casualidad acabaran viendo una de sus últimas series documentales, titulada “Cómo se convirtieron en tiranos”, sufrirían emociones encontradas: por un lado la desazón de saber que los tiranos tienen un fin trágico, y por otro, el descorazonador hallazgo de que todo lo que sus jefes les contaron como “novedad” ya estaba escrito en los manuales de  antiquísimos déspotas.

Para los no masistas, la interpretación de la serie sería diferente, ya que en ella encontrarían evidencias de que personajes tan siniestros como Hitler, Stalin y Mao tienen mucho en común con sus “herederos” modernos, dictadores y proyectos de tiranos, enemigos todos, y hasta el tuétano, de la libertad y la democracia.

La serie documental, bien fundamentada y de tono narrativo sarcástico y didáctico,  identifica seis fórmulas para que incluso personajes de poca monta se conviertan en tiranos: conquistar el poder, acabar con los rivales, gobernar mediante el miedo, controlar la verdad, crear una sociedad “nueva”, y gobernar para siempre. ¿No suenan esas recetas “familiares” con lo que vivimos durante casi 14 años de poder evista, recientemente restaurado? 

Y es que  el masismo repitió las viejas fórmulas del populismo y hasta algunas inescrupulosas recetas de los tiranos. ¿Recuerdan la frase de Álvaro García Linera cuando advertía que “el sol se va a esconder, la luna se va a escapar” si la gente abandonaba a Evo Morales? ¿Frase original? Para nada. La serie documental recuerda que los tiranos siempre aspiran a crear un aura de divinidad sobre ellos mismos, y pone como ejemplo la leyenda norcoreana sobre el dictador Kin Jong Il, de quien se decía que cuando nació “una nueva estrella iluminó el cielo; un arcoíris doble apareció y el invierno se convirtió en primavera”.

Pero aparte de los presagios idílicos, quizás la más perversa de las seis fórmulas para instaurar una tiranía sea la de suplantar la verdad, es decir la acción deliberada de transformar hechos históricos para presentarlos a gusto de los autócratas. El dictador chino Mao Tse-Tung, por ejemplo, hizo escribir en todos los libros de historia que ningún ciudadano sufrió por sus “reformas”, cuando en realidad más de 45 millones de chinos murieron de hambre gracias a esas políticas.

“La verdad es un problema para un autoritario o un hombre ‘fuerte’ porque la verdad incita al debate, la verdad sugiere que podemos cuestionarnos las historias que nos están contando”, dice en la serie documental Asha Rangappa, profesora titular del  Instituto Jackson de Asuntos Globales.

La “verdad” que interesa a la tiranía hace siempre alarde de una gran imaginación para embaucar a la gente. Maestros de ese “arte” son los políticos norcoreanos, quienes escribieron episodios extravagantes sobre “su” dictador Kin Jong Il, de quien decían, recuerda la serie documental de Netflix, que aprendió a caminar cuando tenía 3 semanas y a hablar a las 8; que podía controlar el clima, que llegó a escribir 1.500 libros; que era un espécimen tan perfecto que no producía ninguna clase de desechos humanos, por lo que no necesitaba un baño; e incluso ¡que inventó la hamburguesa!

Cuánto parecido con la narrativa del “golpe de Estado” en Bolivia y con la teoría de que no existió fraude en las elecciones de octubre de 2019. Al parecer, los escribanos de la teoría del “golpe” y los “académicos” de la Universidad de Salamanca vieron la serie documental de Nexflix una y otra vez e, inspirados en George Orwell, hicieron fe de una de sus célebres frases: “Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado”. 

Pero como en Bolivia los autócratas aún no lograron colonizar las mente de miles de personas que creen en la libertad, sus “verdades” se derriten ante el mínimo sentido común. Y así, esas legiones de bolivianos, cuando saborean una hamburguesa saben que no se alimentan con un invento de Kin Jong Il, y con igual convicción rechazan tragarse el cuento del “golpe” y el de las “diáfanas” elecciones de octubre de 2019. La verdad acaba siempre por imponerse.

 

Juan Pablo Guzmán es periodista.
 

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